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El parrillero cordobés más cipoleño del mundo

Jorge Baigorria llegó al Valle hace 43 años buscando un mejor futuro y aquí se quedó para siempre. Dice que fue la mejor decisión de su vida.

Hace 43 años, cuando era un joven de 24, salió de Córdoba en busca de mejores horizontes y el destino lo dejó en Cipolletti. Aquí quedó para siempre, y se convirtió en un especialista en cocinar con fuegos. Asegura que –en ambos casos- fue la mejor decisión que pudo haber tomado en su vida.

“Si naciera de nuevo volvería a ser parrillero y en Cipolletti”, afirma Jorge Baigorria, naturalmente conocido como “el Cordobés”, quien pese a haber dejado la provincia mediterránea hace tanto tiempo, aún arrastra esa tonada característica.

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“Acá encontré lo que buscaba. Vivir dignamente, y lo logré. He vivido muchas cosas lindas acá. Soy feliz con la gente que me rodea y el cariño que me demuestran todos los días”, sostiene mientras atiza las brasas del fogón y acomoda los cortes de carne sobre la parrilla que tiene en su propio local, que luego de varios años de empleado abrió en Mengelle y Perú.

No oculta su emoción cuando recuerda, con la mirada fija en un punto invisible, el día de 1978 en que llegó a la zona con dos amigos coterráneos, Carlos y Francisco, quienes ya fallecieron. Parece que lo atrapa la melancolía, pero los detalles de su relato lo reaniman.

El objetivo era Zapala, donde un hermano suyo había conseguido trabajo en una empresa, y los tentó para que vinieran a probar suerte. Llegaron con lo justo en los bolsillos, y no salió como lo esperaban. No sobraba laburo como les habían asegurado, asique decidieron volver al Alto Valle, donde fluía la prosperidad.

Le hicieron dedo a un camionero, y en la rotonda de las rutas 22 y 151 vieron el cartel que anunciaba el ingreso a Cipolletti y le pidieron bajar. El nombre de la ciudad lo reconocieron inmediatamente con el fútbol. En aquella época el Albinegro brillaba en los campeonatos regionales y en los Nacionales se codeaba con los grandes de AFA.

“Los Tres Mosqueteros”, como evoca, se quedaron en la estación de servicios que ya no existe, donde se pudieron duchar y dormir en las inmediaciones. Algunos choferes los ayudaron con comida, pero los buenos gestos terminaron cuando aparecieron policías y “a las patadas”, los echaron.

Ese día hacía mucho calor, y decidieron ir caminando hasta el balneario de Neuquén. Llegaron cansados, sin ánimo y con hambre, pero se encontraron con un grupo de soldados movilizados por el conflicto con Chile que comían un asado, y muchos de ellos eran de Córdoba. En cuanto notaron la familiaridad de la tonada los incorporaron a la mesa del banquete.

Lo que siguió fue más alentador. Consiguieron trabajo en un galpón de empaque del barrio Pichi Nahuel y les facilitaron una casa. Ahí la cosa empezó a cambiar, para bien. Poco después sus amigos decidieron volver. Pero Baigorria se quedó. Ya lo había decidido. Y arrancaba para él otra parte de la historia.

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“Todo esto que tengo acá fue siempre mi gran sueño”

Su vínculo con la gastronomía viene de joven. En Córdoba era el cocinero de las juntadas con amigos del barrio San Jorge de la capital, porque le gustaba agasajarlos y le encantaba la parrilla. A mediados de los 80, después de haber trabajado en la fruta e incursionado en la construcción, entre otros oficios, lo emplearon de ayudante en un carrito de choripanes que funcionaba frente a donde está la terminal de colectivos. Así empezó. Después estuvo en otro ubicado sobre la ruta 22 cerca del acceso a la Isla Jordán, y a partir de allí deambuló por varias parrillas de Cipolletti y Neuquén, y también en algunas rotiserías.

Hace unos 15 años pudo abrir su propio local en Mengelle y Perú, y fue gracias a un amigo del barrio del Trabajo, donde vive con su esposa, quien le facilitó los trámites para acceder a un préstamo.

Hoy muestra con orgullo su comercio. “Todo esto que ves acá fue mi gran sueño”, señala.

Jorge dentro de poco se muda a un local ubicado a pocos metros. El traslado no lo inmuta más allá del acarreo de artefactos y muebles. Sabe que donde vaya su fiel clientela lo acompañará. Y es otro motivo que le da satisfacción.

“Cuarteto... sí, lo he bailado mucho”

Así como estira cada frase con su acento mediterráneo, el “Cordobés” cipoleño no olvida la música cuartetera que identifica a esa provincia. “Que si he bailado cuarteto... sí, lo he bailado mucho”, admite con gesto de orgullo. Cuenta que, en sus años de juventud allá en Córdoba, seguía al grupo Berna, con el que hizo sus primeras presentaciones la Mona Giménez. Cuando se mudó esa pasión por el estilo musical y la danza no la perdió y dio muestras de sus habilidades en cada reducto que pudo. Recuerda los bailes de los Bomberos, en el Salón Rapigás, y en Tanger, un boliche que estaba en la calle Roca.

Sus gráciles movimientos despertaban admiración en aquel entonces, pues el cuartero no tenía la difusión que tiene hoy y era casi una extravagancia. Los memoriosos aseguran que brindaba espectáculos. También remarcan su simpatía y cordialidad en el trato que dispensaba con todo el que se acercara. Hombres grandes hoy, lo pueden atestiguar.

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