El hospital brinda techo a las familias de pacientes
El área de Cardiología Infantil del Hospital Pedro Moguillansky recibió la llave de la Casa de Salud, que brindará alojamiento a pacientes y familias de localidades alejadas mientras reciben tratamientos en Cipolletti. El sector atiende alrededor de 200 personas por mes y la mitad proviene de otros pueblos o ciudades de la provincia. El alojamiento resulta siempre una preocupación para los familiares de los niños.
La iniciativa surgió en el 2010, por la fuerte necesidad de asistir a las personas de bajos recursos que llegaban a la ciudad gracias al Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas. Por varios años, el hospital local concentró la demanda de toda la provincia, hasta que se sumaron Bariloche y Roca.
“Todos los pacientes concluían acá, a veces por una cirugía o para realizarse estudios, y resultaba muy engorroso conseguir alojamiento para los familiares o para los mismos pacientes, muchas veces teníamos que internarlos porque no sabíamos dónde ubicarlos”, contó el cardiólogo infantil Carlos Labaroni, uno de los impulsores de la iniciativa.
La Casa de Salud se encuentra en el barrio San Pablo. Es un departamento que por muchos años estuvo habitado por un empleado provincial que no reunía los requisitos para continuar en la propiedad. Después de la gestión de la dirección del hospital, lograron recuperar el inmueble.
“Sabíamos que había una casa en la que estaba alguien al que no le correspondía tenerla. La dirección hizo mucha fuerza para poder conseguirla y la cooperadora, con la gente de mantenimiento, empezó a hacer tareas para reconstruirla prácticamente, porque estaba en un estado pésimo”, contó Labaroni, uno de los referentes del programa nacional dedicado a detectar cardiopatías en niños y adolescentes y desarrollar los procesos médicos necesarios para evitar que desarrollen enfermedades graves.
“La gran mayoría de la gente que atendemos en el hospital no puede costear un hospedaje y casi no tienen familiares en el valle. Vienen de lugares muy alejados y la posibilidad de darles una solución fue lo que nos movilizó”, indicó el especialista en cardiología infantil.
La cooperadora fue fundamental para lograr el objetivo. “Al grupo le pareció que era una buena causa y la tomó como propia”, señaló Laboroni. Fue más de un año de trabajo, en el que llevaron adelante diferentes eventos para financiar los arreglos de la propiedad. “El objetivo era organizarle un lugar donde dormir, donde poder bañarse, descansar o tomarse unos mates, lo que sea”, añadió el cardiólogo.
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