El Flaco, dueño de la única fábrica artesanal de resortes de la Patagonia

José Luis Ramos es inquieto y persistente. Así convirtió un hobby en una solución para muchos vecinos necesitados de repuestos.

José Luis “el Flaco” Ramos nació hace 68 años en Cipolletti. Es jubilado, está casado, tiene dos hijos y viene de una numerosa familia que llegó al Alto Valle allá por 1909. Si bien dedicó parte de su vida al área de contaduría de una reconocida planta de empaque junto a su padre, es mejor conocido por ser el propietario del único negocio dedicado a la fabricación artesanal de resortes de la Patagonia.

Apasionado por la mecánica y los deportes, el cipoleño logró demostrarse a sí mismo y al mundo entero que todo es posible y que cuando se ama lo que se hace, ni el cielo es el límite.

Te puede interesar...

Cuando habla de su historia la describe bajo dos conceptos que, dependiendo de quien los mire, son muy diferentes o bastante parecidos: normal y loca. La primera es porque siempre sintió que tenía que hacer lo que le llenaba el corazón, sin tapujos ni presiones, y porque permitió que la vida fluyera con tranquilidad y a su propio ritmo a pesar de las adversidades. La segunda es porque todas las veces que miró hacia atrás en el tiempo, se dio cuenta de que luchó como nadie para cumplir sus metas más preciadas y que, a fin de cuentas, dio sus frutos.

A los 14 recibió su primer diploma por un curso de mecanografía, y aunque sólo aceptaban a personas mayores de edad, su mamá le pagó a la institución un mes por adelantado para que lo dejaran ingresar. Algunos meses después rindió el examen final y obtuvo el mejor promedio en velocidad para tipear en una máquina de escribir. El título le abrió las puertas a tres grandes trabajos, uno de ellos en un banco, aunque finalmente tuvo que rechazarlo. Cuando creció, hizo el servicio militar en Junín de los Andes y allí le pidieron que escribiera los informes porque lo hacía rápido y sin errores.

El tiempo fue pasando y, experiencia tras experiencia, el cipoleño fue germinando una idea poco convencional que lo llevó a convertirse en un personaje único e irrepetible a nivel nacional, en el flamante dueño de La Casa de los Resortes. Lo que lo motivó a tomar la arriesgada decisión fue, como era de esperarse, un resorte de un auto antiguo que lo volvió loco por años. El pequeño objeto se había cortado y él no encontraba forma de conseguirlo en la zona. “Me querían vender toda la maquinaria que, aparte, venía con el resorte. Era ilógico”, sentenció algo indignado pero divertido.

Jose Luis Ramos resortes

El joven visionario encontró en los resortes el nicho de un mercado inexplorado y se dispuso a usar sus habilidades para fabricarlos por su cuenta. Hoy es el responsable de la creación de casi el 100% de los resortes que le llevan sus clientes, y asegura que tener el poder de darle una solución a la gente por algo tan pequeño pero a la vez complejo le produce mucha satisfacción. Sin embargo, reconoce que tiene sus límites ya que existen millones y algunos son demasiado grandes para la capacidad de su negocio.

“Cuando comencé a incursionar, lo primero en lo que pensé fue que cada vehículo tiene al menos 200 resortes y saqué un cálculo sobre cuántos autos había en el Valle. Hasta cuando estaba en la planta de empaque me ponía a inspeccionar toda la maquinaria y pensaba que no había ni una que no tuviera. Por supuesto, mi papá, que falleció hace cinco meses, me sentó y me llenó de preguntas pero, al final, me dijo que tenía que hacer lo que quería y no lo que él me dijera”, expresó el Flaco, con la voz quebrada de tanto en tanto.

No es para menos, es que su padre, José Ramos, fue una figura destacada en la ciudad y en el ámbito de la fruticultura. Trabajó más de cuarenta años como director de la empresa en la que él solía desempeñarse y siguió hasta los 90 porque no quería quedarse quieto, ansiaba seguir enseñando y muchas veces lo hacía sin obtener nada a cambio, porque lo importante era hacer lo que amaba. Lo llamativo para su familia es que José partió el 1° de mayo de 2018, el Día del Trabajador, un detalle que cierra a la perfección el círculo de su vida.

“Yo pasé por todo desde que comencé con el negocio hasta este momento, por eso sé que vamos a salir de esta crisis que vivimos hoy. Mi papá fue un ejemplo para mí y admirado y querido por todos los que lo conocían. Él me dio ese empujón para no dudar de lo que hacía y seguir para adelante. Por eso yo a mis dos hijos los críe de esa forma. Y hoy son exitosos en lo que hacen. Hay que remarla, siempre, pero estoy seguro de que este país es bendito y de que las posibilidades son infinitas. Yo estoy jubilado, sigo laburando y hago lo que me gusta”, remarcó.

Jose Luis Ramos resortes

Sin embargo, al Flaco no lo conocen sólo por darles vida tanto a los resortes más comunes como hasta los más pequeños e intrigantes, sino también porque forma parte de un grupo de vecinos que hacen mountain bike los sábados por la mañana. Orgulloso por haber gozado siempre de buena salud y ser uno de los pocos afortunados de pesar lo mismo que a los 17 años, afirma que la clave para una buena vida es hacer deportes y mantenerse siempre activo. Al respecto, concluyó: “Toda mi vida hice deportes y ahora que ya pasó bastante tiempo decidí no abrir el local los sábados para poder dedicarme a salir con los chicos. Son todos hombres grandes, están casados o son abuelos, hay uno nada más que es soltero, pero el resto de los muchachos somos así. Es mi deporte favorito desde hace 25 años y ahora ya a esta altura no me para nadie”.

Una familia de buena cepa

El Flaco Ramos, como le dicen sus amigos y lo conocen en la calle, viene de una familia numerosa de descendencia española que echó raíces en el Alto Valle y se dedicó a lo que, por muchas décadas, fue el motor de la producción en la zona: la fruticultura. Sin embargo, el paso del tiempo, el desarrollo de nuevas tecnologías y la crisis económica llevaron a que esa herencia se fuera perdiendo poco a poco, aunque siempre se mantuvo presente en la sangre más joven.

Su abuela llegó a la ciudad en 1912 y su abuelo en 1909, tan sólo seis años después del nacimiento de Cipolletti, que se fundó en 1903 y hoy celebra su 115° aniversario. “Mi abuelo paterno trabajó en el Dique Ingeniero Ballester, más patriota que eso imposible. Después se dedicó a otras actividades que empezaron a surgir de esto, como por ejemplo el riego”.

El legado lo continuó su padre. “Se dedicó a lo mismo, porque nació acá y encima se crió en una chacra, sabía las cosas más insólitas y les enseñaba de todo a los ingenieros agrónomos que estaban en la empresa que dirigió por más de 40 años. Después lo siguió haciendo gratis porque era lo que le llenaba el alma”, recordó Ramos.

A su vez, comentó que durante una tarde de investigación junto a su hermano, descubrieron que su árbol genealógico lo componen más de 400 familiares que, en su mayoría, llegaron a la región en busca de trabajo y una mejor calidad de vida. “Mi abuela venía de una familia de 11 hermanos y mi abuelo de 10, tengo por lo menos 20 tíos y después hay que calcular que cada uno de ellos tuvo entre tres y cinco hijos, una locura”, reflexionó, emocionado por su pasado y la marca que dejaron sus ascendentes en la tierra que tanto ama.

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Deja tu comentario