El drama de una joven que ofrece en alquiler su vientre
Se llama Antonella y vive en Bariloche. Tiene 20 años de edad y una hijita de 2. Desocupada y en medio de la pobreza decidió poner un polémico aviso en busca de una salida.
Admitió que fue una decisión difícil animarse a publicarlo la semana pasada en un portal de esta ciudad. Pero no fue apresurada.
Antonella contó que es una idea que le venía dando vueltas en la cabeza desde hace por lo menos dos años, cuando vivía en Buenos Aires.
El caso se conoció esta semana en Radio 6, donde sorprendidos tomaron nota del clasificado. La chica explicó al aire algunas de sus razones, pidió trabajo y dejó su celular. “Nadie me llamó”, afirmó el viernes en diálogo con La Mañana que la ubicó para conocer su historia.
Antonella llegó hace tres meses a Bariloche, con su pequeña hija de 2 años, escapando de la falta de trabajo y de oportunidades en Buenos Aires. Pero el reencuentro con esta ciudad turística, de fuertes contrastes sociales, no ha sido fácil.
Antonella nació en Bariloche hace 20 años. Pero no conoce a nadie. Tampoco ha tenido fortuna hasta ahora en esta ciudad.
Recordó que su madre decidió regresar a Buenos Aires cuando ella era una niña, tras separarse de su padre. Antonella nunca lo nombró en la entrevista.
“Me crié en Buenos Aires y a los 13 años me fui de la casa por problemas con mi vieja”, contó. Vivió varios años con familiares.
Su madre decidió hace unos años regresar a Bariloche, con sus tres hermanos más pequeños. Antonella se quedó en Buenos Aires.
A los 17 pensó que había encontrado la felicidad. Quedó embarazada y se fue a vivir con su pareja a la casa de sus suegros. Nació su hija, Sabrina, y se ilusionó con que su vida cambiaba de rumbo. Pero los problemas volvieron y la pareja se rompió.
Retorno
Volvió, con su pequeña, a vivir con una tía. Pero se sentía sola y decidió regresar a Bariloche.
Viven en una pequeña casilla de madera que su madre levantó como pudo, a pocos metros de una pendiente pronunciada, en la zona del Alto. El lote no está regularizado y sólo tienen agua y luz.
El viento y el frío se filtran con facilidad por la débil estructura. Pero la casilla ya soportó nevadas y la crudeza de inviernos pasados.
Antonella tomó la decisión de publicar el aviso que alquilaba su vientre hace pocos días. “No tengo trabajo, no tengo ningún ingreso y tampoco el papá de mi nena aporta”, advirtió. “Es una decisión dura”, reconoció. “Pero estoy dispuesta a hacer cualquier cosa por mi hija”.
“Lo pensaba estando en Buenos Aires, porque allá se ve eso”, relató. “Cansa llegar a fin de mes y no tener pañales, ni leche a veces. Por eso salgo a pedir, me pongo a juntar cobre, vendo lo que sea, ropa a veces”, explicó.
“Mi mamá me dice que piense bien lo que estoy diciendo. Pero yo creo que no es algo malo. Además, haría algo bien por otras personas”, reflexionó.
Admitió que lo haría a cambio de una casa o por lo menos la plata. “Mi sueño es tener una casa donde podamos estar con mi hija, tranquilas. Nada más”, aseguró Antonella.
Pero afirmó que si le sale un trabajo no lo haría. “Me gustaría trabajar y salir adelante”, sostuvo. “Sé peluquería, puedo ser moza, hacer limpieza, de empleada doméstica”, señaló.
Pero nadie llama durante la entrevista. Ni por su clasificado ni por los currículum que ha dejado en varios lugares.
“¡Cualquier cosa te llamo!, te dicen siempre, y nunca llaman”, indicó con fastidio.
Desempleo
La desocupación golpea a los jóvenes con fuerza en esta ciudad. Un relevamiento que realizó en diciembre el Centro de Estudios Regionales de la Universidad FASTA, junto con el Grupo Nutriente Sur, determinó que el desempleo en mujeres de hasta 25 años llegaba hasta el 36,1 por ciento entre las jóvenes. Entre los varones, se ubicó en el 18,4 por ciento. (Ver aparte)
Antonella sólo terminó la primaria. Cuando intentó emprender la secundaria se quedó embarazada. No está arrepentida. Su hija es lo mejor que le pasó en la vida.
“Sé que estudiando se puede salir adelante, pero ¿en cuántos años?”, se preguntó. “Ahora no estoy aportando nada en mi casa”. Su madre es la única que sostiene a la familia, con las horas que le pagan por cuidar a un anciano.
Comentó que es duro “rebuscársela” en Bariloche. Pero dijo que está más tranquila que viviendo en Buenos Aires. “Allá te matan por un par de zapatillas”, afirmó. “Además ya me habían robado”.
Antonella reconoció que pensó en poner el clasificado en otras páginas. Pero duda.
Quiere armar una pieza donde pueda estar con su hija, al lado de la casilla de su madre. La junta vecinal le dio unas maderas, pero no alcanzan. Tampoco tiene piso. Pero la quiere terminar antes del invierno.
Observa con su hija el horizonte y sonríen cuando se miran a los ojos. Sabrina no suelta su mamadera. Y el viento anuncia que se viene otra noche fría sobre Bariloche.
“Quiero que ella esté bien, que tenga todo lo que yo no tuve. Quiero que haga lo que yo no pude hacer, como patinaje”, sueña Antonella. “Es lo mejor que me ha pasado”, afirma. “Sé que tengo que luchar por alguien, porque no estoy sola”.
Falta trabajo
Así lo informó ayer el director del Centro, Hugo Monasterio, quien señaló que el dato surgió de las 244 entrevistas que realizaron a jóvenes de hasta 25 años.
Señaló que el desempleo en mujeres de esa edad que están en actividad llegó al 36,1% y en varones alcanzó el 18,4%.
Comentó que entre los jóvenes (varones y mujeres) de hasta 25 años que tienen trabajo, el 37,3% tenía empleo formal, mientras que el 24,6% era semiformal y el 38,10% trabajaba en negro.
Monasterio advirtió que de los jóvenes entrevistados, el 35,7% que la falta de trabajo se debía a la poca capacitación laboral, el 7,1% por tener una formación distinta a la que la empresa necesitaba y el resto por crisis económica.
Sostuvo que casi todos los jóvenes desempleados tuvieron que abandonar el secundario o que directamente nunca lo empezaron.








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