Denuncian que un baldío se convirtió en un aguantadero

En el predio del barrio Arévalo hay árboles tan altos que sirven de refugio a ladrones.

Un extenso terreno baldío ubicado en pleno barrio Arévalo se ha convertido en un lugar para arrojar basura, ocultar a miembros del hampa y para que en las noches alguna pareja descargue su energía amorosa al amparo de las sombras y del cerrado bosque de álamos que, espontáneamente, ha ido creciendo y expandiéndose, aprovechando el abandono y las condiciones propicias.

Para los vecinos, la existencia del predio es fuente de permanente zozobra e incertidumbre. La inseguridad que provoca se siente y se sufre a diario. Lamentablemente, los reclamos al Municipio no han tenido respuestas, mientras el tiempo sigue transcurriendo y la alameda salvaje, los yuyos y los desechos no dejan de propagarse.

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El baldío, que tendría varios propietarios, está enmarcado por las calles Capdevilla, Rivadavia y Mariano Moreno y un paredón de la ex Toddy. La parte más complicada es la que da hacia Capdevilla, una calle que en ese sector prácticamente ha quedado relegada al olvido. Al punto que siendo ahí de tierra ha sido parcialmente colonizada por los árboles.

Al día de hoy, los álamos interfieren con la normal circulación y se vuelven un espectáculo que se diría alucinante si no fuera cierto. La fuerza de la naturaleza, en complicidad con la desidia humana, puede devenir imparable.

Una vecina que habita enfrente del baldío, Valeria Lyardet, formuló denuncias en el Municipio en 2016 y 2017, con el fin de que se efectúen las tareas de limpieza y de mantenimiento necesarias. El planteo, lamentablemente, no prosperó y hasta la actualidad el descuido permanece inalterable.

En el reclamo de fecha más reciente se indica que en el terreno “hay un bosque de árboles y malezas de gran altura. Es escondite de ladrones y depósito de las cosas que roban. Y es lugar proclive a incendios y resguardo de todo tipo de alimañas”. Además, se advierte que por el abandono la extensión ha dado lugar a un microbasural, con los riesgos que ello implica. Para más detalle, Lyardet menciona en el texto que, en el término de cuatro meses, fue objeto de tres robos, en diferentes horarios, incluso a plena luz del día.

Hoy, la vecina sigue esperando respuestas. Mientras, de noche, los perros no dejan de ladrar por la presencia de desconocidos y por las voces y ruidos, perfectamente audibles, y a veces íntimos, que le llegan de un mundo librado a un descontrol casi total.

El Municipio sigue sin dar soluciones

Falta de acción

En su denuncia de 2017 por la situación del baldío, la vecina Valeria Lyardet recuerda los incumplimientos de la Secretaría de Servicios Públicos ante sus previos requerimientos. Por tal motivo, llega a pedir que se intime a los responsables de la cartera para que cumplan con sus obligaciones.

Sombras tenebrosas

Si no fuera por una luminaria que da un poco de luz, la calle Capdevilla, frente al bosque de álamos, sería una boca de lobo.

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