Del Alto Valle al mundo con el ritmo del tango

Con 28 años, Sofía Calvet se destaca como bandoneonista.

Por Sofía Sandoval - ssandoval@lmneuNEUQUÉN

El hilo invisible que ata a Sofía Calvet con su bandoneón parecen haberlo tejido sus abuelas. Mari aportó las hebras que la llevaron a posar sus finos dedos infantiles por las teclas de un piano, mientras que su abuela Betty le inculcó el amor por los tangos viejos y los pies que dibujan ochos por el piso en una milonga. Ambas pasiones, combinadas, la convirtieron en una promesa del tango que brilla por distintos países con la orquesta Romántica Milonguera.

A Sofía, una valletana de 28 años, siempre le gustó la música, pero sólo se decidió a estudiar en serio con una frase de su abuela. “¿Y si me compro un piano y vos tomás clases?”, dice que le preguntó Mari, una fanática del jazz y la música clásica. Así, con apenas 11 años, la niña comenzó a tomar lecciones y dedicó sus mañanas de ocio a practicar el instrumento en una terraza tranquila que tenía su abuela en su casa de Cipolletti.

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Una vez que terminó el secundario, pensó en la música como su ocupación permanente y se mudó a Buenos Aires para estudiar la Licenciatura en Composición. Tras obtener el título de profesora y a un año de culminar la carrera, el amor por el bandoneón se cruzó en su camino y la joven decidió enfocarse en lo que realmente le importaba: esa serie de botones desordenados y un fuelle que parece quejarse en cada canción.

“Mi primer contacto con el tango fue bailando; primero en Cipolletti y Neuquén, y mucho más cuando me mudé a Buenos Aires”, explica Sofía. Cada vez que se calzaba los zapatos con taco aguja para ir a las milongas, su mirada se perdía en las orquestas en vivo y en la fuerza de los bandoneones. “Los veía y pensaba ‘yo quiero hacer eso’”, señala.

Pero adquirir esos instrumentos es demasiado costoso, por lo que la joven intérprete empezó por el acordeón y se alegró al notar el vínculo que este tiene con el piano. “Hay muy pocos bandoneones; antes se importaban de Alemania y ahora sólo se hacen algunos de manera artesanal, pero llevan demasiadas piezas hechas a mano”, explica Sofía.

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Por fin dio con un baterista que necesitaba dinero y le vendió su instrumento, un bandoneón de 1914 que parecía deshacerse en jirones pero que se convirtió en un infalible compañero de Sofía, quien aún prefiere ese elemento para sus giras por el mundo. “Ahora tengo dos, tengo otro de la misma época que brilla, pero siempre me quedo con el primer amor”, se ríe.

Ya armada, la joven regresó a su tierra natal para tomar clases con Enrique Nicolás y Nicolás Malbos. Practicó durante dos años para regresar otra vez a Buenos Aires y audicionar en la prestigiosa Orquesta Escuela Emilio Balcarce, que le permitió nutrirse con la influencia de grandes maestros y exponerse en una vidriera para el mundo milonguero. “Yo no conocía mucha gente del tango y este espacio me abrió muchas puertas”, asegura.

De Enrique Nicolás recuerda que le decía que “el bandoneón se parece a un portero eléctrico, porque parece que alguien tiró los botones encima y los dejó desparramados sin ordenar”. Así, inició su paso por algunas orquestas hasta llegar a la Romántica Milonguera, una propuesta joven que terminó por aceptarla como una integrante permanente y que busca generar arreglos frescos de los clásicos tangos que empujan a los bailarines a la pista. “Cada vez que grabamos, buscamos que los pies se nos muevan solos marcando el ritmo, eso nos demuestra que es una canción que se presta para bailar”, señala la bandoneonista.

El año pasado, en sus primeros pasos por la orquesta, la joven acompañó a los otros nueve integrantes a una gira por Europa y Asia. “Fuimos a China e Indonesia y nos recibían como estrellas, se sabían nuestros nombres aunque hablaban un idioma muy diferente”, se alegra.

Para 2019 tienen pautadas presentaciones en Estados Unidos, Japón, Portugal y el Reino Unido, donde presentarán una serie de cuatro canciones de los Beatles reversionadas al ritmo del 2x4.

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Aunque Sofía puede decir, con orgullo, que vive de lo que más le apasiona, asegura que su principal sacrificio se basa en vivir al revés que el resto del mundo. “No tengo fines de semana y todos los días tocamos hasta tarde”, aclara. Sin embargo, su mente inquieta la lleva a sumar otras actividades para que se derrame su amor por el bandoneón: da clases particulares, coordina una orquesta infantil y, cada vez que puede, se suma a otras agrupaciones para hacerle honor a las pasiones de sus abuelas.

“A veces me dicen que toco tan bien como un varón”

Aunque la Romántica Milonguera es un grupo equitativo, donde tocan cinco hombres y cinco mujeres, Sofía Calvet asegura que aún queda mucho por hacer para imponer la equidad de género en un mundo tradicionalmente machista como el del tango.

“Hay veces que me escuchan y me dicen que toco tan bien como un varón. Hay que romper con ese pensamiento”, señala la joven bandoneonista, quien asegura que no debe pensarse en los instrumentos como exclusivos para los géneros. “No es que el violín sea femenino y el bandoneón masculino, cualquiera puede tocar lo que le guste”, detalla.

En ese sentido, aclaró que el mundo de las milongas se está adaptando a los nuevos tiempos y que ya existen espacios en donde se imparten clases por roles sin géneros asignados. “Hay uno que guía y otro que sigue, pero lo puede hacer un hombre o una mujer”, dice. Agrega que también hay milongas queer, donde bailan parejas del mismo género o donde las chicas también pueden ser las que sacan a bailar a los varones.

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