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De los Rolling Stones a Mirtha Legrand, la farándula en la Rosada

El ex presidente ocupó la Casa Rosada durante una década y sus excentricidades fueron una marca registrada durante su gestión como presidente.

Pregunta Susana Giménez: “La fama de gran seductor que usted tiene, ¿le molesta un poco?”. Carlos Menem pone la cara propia de una timidez que actúa muy bien: “No -contesta-, todo lo contrario, me ayuda”. Y se ríe. Y todos se ríen. ¿Qué tendrá ese petiso?, cantaba Ricky Maravilla en aquella década del 90, años de fiesta, de glamour, de cáscara más que de nuez, de combinación entre pueblo y alta sociedad. Por eso la pizza y el champán se convirtieron en el menú símbolo de esos tiempos, en el “comamos pizza porque somos pueblo y bebamos champán, porque además somos un pueblo de primer mundo”. Fue una realidad y una fantasía al mismo tiempo. Como la fama de seductor del riojano, quien falleció este domingo a los 90 años. “¿Mi papá mujeriego? -contestaba Zulemita con también con actuada sorpresa- Ja, ja, no… Él diría que en la variedad está el gusto”.

Mientras su todavía esposa Zulema Yoma hablaba de él públicamente como “Menem” y con los años despotricaría contra su nombre, su apellido y todo lo que lo emparentase, las mujeres famosas le hacían la fama de conquistador. Cierta vez, un “menemista de Menem” dijo en confianza en un almuerzo: “Hay tres cosas de las que Carlos sabe de verdad: fútbol, autos y mujeres”. Quizás hubiese sido más grato escuchar economía, educación, salud, tratándose del presidente de la Nación, pero eran tiempos en donde los méritos se veían según el color del cristal con que se mirara.

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En aquella época preguntó también Bernardo Neustadt: “Después de que privatice ENTel, ¿usted se la saca de encima a María Julia Alsogaray?”. Le preguntó a Menem e hizo fuerza por evitar su risa, porque sabía que le había dejado un penal sin arquero. Y que la confianza entre él y el presidente era tan grande, que éste podía perder el timing y no distinguir si estaban al aire (lo estaban, en el programa Tiempo Nuevo) o no. “Pero si yo no la tengo encima”, contestó Menem, con pícara precisión, intentando mantener la seriedad en su cara. Neustadt, tentado, decidió tapar la suya con ambas manos. “Ya sé Bernardo -acotó el presidente, con su tantas veces imitada tonada riojana, y haciendo breve el silencio provocado por la carcajada interior de su interlocutor-. Pero lo mío es solo una frase. ¿Qué, vamos a hacer todo tan ceremonioso aquí?”.

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Carlos Menem y Bernardo Neustadt

Carlos Menem y Bernardo Neustadt

El amigo de Menem, el del almuerzo, que elogiaba las aptitudes del presidente para hablar de fútbol, autos y mujeres, omitió decir que también sabía de política. O, al menos, de cómo hacer política. No era un gran orador en público, era habitual escucharlo trabarse, cometer furcios, tratar de explicar lo inexplicable, sin embargo tenía un discurso informal que manejaba a la perfección. Por decirlo de algún modo, era capaz de hacer un asado abajo del agua. Como le dijo a Neustadt, lo ceremonioso, en definitiva, no iba con él.

Durante sus diez años de gobierno, Olivos, la residencia presidencial, fue una especie de salón de eventos que funcionó semanalmente. Si algo tuvo aquel predio enorme e histórico por aquellos años, fue fiesta. Hace poco, Adriana Salgueiro y Moria Casán revelaron desde diferentes lugares qué pasaba en algunos de aquellos encuentros nocturnos que se extendían hasta las primeras horas de la madrugada; comidas en las que Menem era la figura principal, el dominador de la charla, el macho alfa de la cena. Incluso, Moria, que se reconoció como organizadora de muchos de esos eventos, dijo que “una de las mujeres de él me comentó que ellas iban como a matarlo in the bed (en la cama) y no podían: el que las mataba era él. ¡Impresionante! Tipo Cirque du Soleil". Moria utilizó el plural y habló de “mujeres”, parecido a un diálogo que se dio en Almorzando con Mirtha Legrand, cuando Menem quiso justificar una actitud suya diciendo “me salió el indio de adentro” y Mirtha interrumpió: “Las mujeres más enloquecidas, sabiendo que tiene un indio adentro”. Dejando, una vez más, el remate para el riojano: “Y un indio fuerte, eh”.

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Carlos Menem y Moria Casan

Carlos Menem y Moria Casan

Aunque no eran tiempos de selfies, en los 90 Menem no dejó foto por sacarse. Fue una década con fiestas privadas pero también hubo de las públicas, las que incluyeron a celebrities internacionales. La política económica menemista, que a partir de 1992 equilibró a la moneda nacional con el dólar, le abrió el mercado argentino a todo tipo de importación, incluyendo a las grandes estrellas del rock y del pop mundial que, casi todas, desfilaron por nuestro país, poniendo a la Argentina al mismo nivel que los grandes escenarios europeos y estadounidenses. Y muchos, además, pasaron por Olivos o por la Casa Rosada, teniendo al presidente (y a su fotógrafo) como su principal anfitrión.

Los artistas que vinieron en aquellos años fueron varios, casi todos los mejores del mundo y, la mayoría, en un gran momento internacional. Vale decir: no vinieron en sus últimas. La historia misma del rock and roll se hizo carne en la Argentina a través de Los Rolling Stones, cuya primera visita fue en 1995, y Paul McCartney, que había aterrizado en Buenos Aires en 1993. Incluso, en el segundo paso de los Stones por estas tierras, en 1998, se dio un hecho histórico: el 5 de abril compartieron escenario nada menos que con Bob Dylan, quien también estaba en el país para brindar una serie de conciertos. Pero también se presentaron los jóvenes revelación del rock de aquellos años, los Guns N’ Roses (tocaron en River dos veces en un lapso de siete meses entre 1992 y 1993), los consagrados irlandeses U2, el “príncipe” David Bowie, y las dos súper estrellas del pop, la reina y el rey, Madonna y Michael Jackson.

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Carlos Menem y Michael Jackson

Carlos Menem y Michael Jackson

La gama más alta de la música internacional tenía a la Argentina en su agenda y ¿Menem lo hizo? En cierto modo, sí, más allá de que los costos fueron altísimos y pagaderos a largo plazo. El riojano diría “pero quién te quita lo bailado”. A él, posiblemente, nadie. Hizo política cholula cuando recibió a los Stones en Olivos y se sacó la consabida foto, en la que se lo ve con un impecable traje beige contrastando con las vestimentas de sus visitantes. Hizo entrar a los músicos ingleses pidiéndoles que lo siguieran: “Follow Me”, les dijo (¿”Follow Me”, que no los voy a defraudar?). Comieron pizza, tomaron champán, les regaló habanos que le mandaba Fidel desde Cuba. La investidura presidencial, otra vez, como en aquella charla con Neustadt en la que admitió que “tampoco vamos a hacer todo tan ceremonioso aquí”, quedó en un segundo plano cuando Keith Richards se apoyó en el cuerpo de Menem, casi usándolo de bastón, antes de enlazarle su brazo izquierdo alrededor del cuello, mismo gesto que -del otro lado- hizo Ron Wood. Menem simuló ser un “rollinga” más, porque conquistar a los jóvenes era parte de su estrategia. Había comprendido que le ahuyentó a la juventud haber tratado unos años antes de “forajidos” a los Guns N’ Roses, porque una fake news decía que Axel Rose había quemado una bandera argentina. Dos veces no se equivocaría y más cuando unos meses después del abrazo doble de Keith y de Ronnie, esperaban los comicios que lo llevaron a la reelección.

Ya sin chances de tercer mandato presidencial, Menem volvió a citar al legendario grupo británico aunque esta vez para conquistar a un ídolo del rock local, que siempre que se refería a él lo llamaba “Nemen”, entendiendo que decir su apellido tal cual era mufa. Pero en aquella producción de los personajes del año de la revista Gente, fue el propio presidente, que encaraba su último año en ese rol, el que dijo: “Charly, justo hoy estuve escuchando tus canciones. A mí me gustás más que los Rolling Stones, ¿por qué no te venís a Olivos?”, invitó Menem a García. “Charly & Charly”, como se llamó el CD que el músico grabó en aquella velada del 30 de junio de 1999, con el riojano con el brazalete de Say No More puesto y la fiesta menemista tocando sus últimos compases. Aquel encuentro le valió varias críticas al rockero y algunos pases de factura históricos, como el que le hizo Jorge Lanata en un programa suyo, en una entrevista que derivó en la duda del periodista sobre si García era o no un artista, y en la afirmación de Charly respecto a Lanata: “Y yo pienso que vos sos un pelotudo”.

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Para ese momento, los 90 habían quedado atrás, el siglo y el milenio había cambiado, y los argentinos barríamos y levantábamos del suelo los restos de la fiesta. Sobras no habían quedado, sólo fotos y anécdotas, como la que la mismísima Madonna se encargó de contar sobre su encuentro con Carlos Menem en 1996, cuando arribó con Alan Parker para filmar la película “Evita”, en la que la reina del pop personificaría a la primera esposa de Perón. La producción del film tenía pensada escenas dentro de la Casa de Gobierno y una en un lugar muy especial, nada menos que en el famoso balcón de la Rosada. Y Madonna fue como “mascarón de proa” para ganarse el “sí” del presidente.

“Nos sentamos a conversar y sus ojos se paseaban por cada pulgada de mi cuerpo, mirando a través mío -describió la artista años después-. Un hombre muy seductor. Me di cuenta de que tenía pies pequeños y que se teñía el pelo de negro. Me dijo que me parecía a Evita, a la que él conoció cuando era muy joven". Y continúo con su experiencia que, esencialmente, se trataba de aflojar las tensiones: cierto sector del peronismo no quería a Madonna haciendo de Evita dentro de la Casa de Gobierno y se necesitaban los permisos necesarios para el rodaje. “No me sacaba los ojos de encima -continuó la reina del pop-. Y lo agarré mirando al bretel de mi corpiño, que apenas se podía ver. Y siguió haciendo eso toda la noche, con sus ojos perforadores. Y cuando lo sorprendía mirando, sus ojos se quedaban con los míos".

La despedida fue con dos besos, uno en cada mejilla de Madonna, y el ok para filmar en el balcón e, incluso, en el despacho presidencial. El seductor, seducido. Y, como decía Tato Bores, “vermouth con papas fritas y good show”.

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Carlos Menem, Madonna, Zulemita Yoma y Antonio Banderas.

Carlos Menem, Madonna, Zulemita Yoma y Antonio Banderas.

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