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Se fue a vivir al Caribe pero extraña horrores Cipolletti: de qué se arrepiente y su sueño imposible

"Quisiera tener un poder para...", asegura Federico en una conmovedora reflexión que generó reacciones. "¿Por qué no lo hice?", se pregunta. Tremendo relato.

La nostalgia por el paso del tiempo, por aquello que indefectiblemente ya no volverá o al menos no será igual, sumado a la melancolía propia del desarraigo inspiró a un cipoleño radicado en San José de Costa Rica a escribir una sentida carta que generó numerosas reacciones en Cipolletti.

Federico Vázquez cuenta que se fue "hace tantos años de Cipolletti que parece que fue otra vida". En las últimas horas, publicó una conmovedora reflexión que invita a replantearse varias cosas, en especial en el ritmo alocado en el que se vive hoy donde lo importante suele quedar en un segundo plano por supuesta falta de tiempo. Ese mismo tiempo que transcurre muy rápido y a la larga no perdona...

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"Hay momentos en la vida en los que uno quisiera poseer un poder imposible: detener el tiempo. No para cambiar los errores ni para corregir decisiones, sino simplemente para volver a mirar. Volver a mirar aquello que estuvo siempre frente a nuestros ojos y que, por la prisa de vivir, dejamos pasar", comienza su brilllante escrito.

"Yo quisiera regresar a mi querido Cipolletti, a los días de mi adolescencia. No para ser joven otra vez, sino para detenerme. Caminar por aquellas calles conocidas hasta encontrar un rincón cualquiera: el quiebre de una pared gastada por los años, una banca de la plaza o la sombra generosa de un árbol junto a una vereda. Allí me quedaría en silencio, observando".

"Miraría pasar a las personas sin apuro. Vería los automóviles de entonces, las mascotas recorriendo las calles, las nubes empujadas por el viento y el reflejo del sol sobre los cristales de los negocios. Escucharía las risas de los niños jugando y la voz de alguna madre llamándolos porque el almuerzo ya está servido. Escenas sencillas, comunes, casi invisibles para quien las vive, pero inmensamente valiosas para quien las recuerda", continúa en su publicación en el muro Cipolletti de Ayer.

Cipolletti histórico

¿Por qué no lo hice?

"Hoy me pregunto por qué no lo hice. ¿Por qué no presté más atención a esos instantes que parecían eternos? Quizás porque la juventud siempre cree que el tiempo sobra, que las personas permanecerán para siempre y que los lugares nunca cambiarán. Sin embargo, los años pasan, y cuando miramos hacia atrás descubrimos que muchas de aquellas imágenes se han desvanecido. Han quedado rostros sin nombre, espaldas que se alejaron para no volver y conversaciones cuyos ecos aún resuenan sin que podamos recordar quién las pronunció", lamenta en su emocionante relato.

"También quisiera detener a quienes encontraba en mi camino. Al anciano de andar lento para que me contara el origen de cada una de sus cicatrices. A la mujer de ojos húmedos y puños cerrados para preguntarle qué dolor intentaba dejar atrás con tanta prisa. A los hombres y mujeres comunes que cruzaron mi vida sin saber que algún día yo desearía conocer sus historias".

"Porque ahora comprendo que cada persona guarda un universo. Cada mirada, cada gesto y cada silencio forman parte de una historia que merece ser recordada. Necesito que me hablen, que no se aparten, que me permitan conservarlos en mi memoria. Quiero que formen parte de ese gran relato que es mi vida", agrega con la sensibilidad de quien se expresa con la razón y el corazón.

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"Tal vez no podamos detener el tiempo ni regresar al pasado. Pero mientras permanezcan los recuerdos, aún podemos rescatar algo de aquello que se fue. Y quizás, al evocarlos, esas personas vuelvan a caminar por las calles de nuestra memoria, devolviéndonos por un instante la sensación de estar nuevamente en casa", culmina Fede.

Las reacciones

Fueron varios los vecinos que reaccionaron a su sentida publicación. "Federico, que bien cuentas de esos gratos momentos de nuestra niñez y juventud. A no dudarlo que quienes aún estamos tu relato nos mueve a seguir recordando. Alguien alguna vez me dijo: 'usted se quedó en el tiempo'. Yo digo no es así, ese tiempo era mío y todavía lo tengo gracias a Dios y lo gozo. Los recuerdos de cada uno son propios y puede vivir cada uno a su manera; que no te los ha contado nadie, solo en eso creo que somos diferentes. La pucha, que lindo es esto", indicó Osvaldo Chiacchiarini.

"Hermosa reflexion. Todo cambia y el tiempo convierte ese pasado en recuerdos. Ayer fuimos adolecentes y hoy miramos con nostagia lo que se fue... Todo cambio es inevitable", señaló Alba.

"No se donde vivís ahora, pero ojalá puedas volver algún día. Creo que lo vas a desconocer, pero sigue siendo muy lindo y serías bien recibido por los cipoleños", señaló María Inés.

"Que lindo relato. Que bien expresado ese deseo. Y pensar que cada uno tiene su forma. Yo como ser si voy por la calle Córdoba en Cipolletti sé que a mitad de cuadra vivía la Flia Vázquez, o sea, vos y tu gente. Eso me llena de orgullo y de nostalgia poder recordarlo nitidamente. Hermoso tu recuerdo Federico", lo elogió Hugo.

Su historia en primera persona

En otro posteo, Fede, un destacado artista plástico y dibujante, repasó su historia con la misma emoción. Aquí sus principales frases:

-"Hace tantos años que me fui, de mi Cipolletti querido, que a veces siento que fue en otra vida. Costa Rica me cobijó y me trató como a un hijo querido. El tiempo ha pasado como un río que no se detiene, llevándose muchas cosas… pero nunca el recuerdo de ustedes, ni el amor por la tierra que me vio crecer.

No sé si fue Dios, el destino o simplemente la vida con sus misteriosos caminos, pero un día me tocó partir. Dejé atrás mis raíces, mis afectos, mis paisajes, las voces amigas, y ese olor inconfundible a tierra mojada y pan recién hecho. Me alejé físicamente, sí, pero ustedes nunca se fueron de mí. No sé si fue Dios, el destino o simplemente la vida con sus misteriosos caminos, pero un día me tocó partir. Dejé atrás mis raíces, mis afectos, mis paisajes, las voces amigas, y ese olor inconfundible a tierra mojada y pan recién hecho. Me alejé físicamente, sí, pero ustedes nunca se fueron de mí.

-"Cada día de mi vida, en lo más profundo de mi alma, hay un rincón reservado para los caminos polvorientos, para las tardes largas y serenas, para esos frutos maduros que se dejaban morder, para el sonido del tren trayendo gente con ilusiones, para los rostros queridos que quizás ya no estén, pero viven en mi memoria con la misma fuerza de entonces".

Extraño las cosas simples: el saludo franco del vecino, la misa del domingo, la plaza al atardecer, las canchitas polvorientas con la pelota de trapo y los arcos de piedra, el murmullo del viento, el golpeteo del Río Negro y mi entrañable Colegio Manuel Belgrano, extraño la mesa larga llena de comida, con los abuelos vivos, tíos y sobrinos

-"De niños éramos ricos y no nos dábamos cuenta, extraño lo que allá era costumbre y acá se volvió recuerdo. Hoy les escribo no solo para saludar, sino para decirles que, aunque el cuerpo se quedó lejos, el corazón nunca se fue. Sigo siendo parte de ese pueblo noble, trabajador, hecho de manos que construyen y corazones que no olvidan. Recuerden, uno nunca deja de pertenecer a la tierra donde aprendió a caminar, a rezar, a soñar, a amar"

-"No me olvido de nuestros pioneros, de nuestros viejitos, tengo el corazón lleno de gratitud, respeto y profundo orgullo. A ellos, a ustedes, mujeres y hombres trabajadores, herederos de una historia tallada con esfuerzo, con manos encallecidas y espíritus firmes como la roca. Nos han dejado mucho más que tierras cultivadas y caminos abiertos. Nos han legado algo inmensamente valioso: una forma de ser. Ser hombres y mujeres de bien, con la frente en alto, fieles a la palabra dada, con principios que no se venden ni se negocian. Sus días no fueron fáciles".

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"Soportaron los fríos glaciares del invierno y los calores abrazadores del verano. Vieron morir cosechas por tormentas caprichosas, lloraron en silencio la pérdida de lo sembrado, pero nunca se rindieron. Apretaron los dientes, secaron sus lágrimas con dignidad y volvieron al surco. Porque sabían que el futuro de sus hijos y nietos se construía con cada jornada de sacrificio".

-"Me siento honrado y profundamente agradecido por su ejemplo. Ustedes, nuestros viejos amigos, nuestros abuelos, nuestros padres, nuestros maestros y profesores, nos enseñaron que el trabajo honra, que el sudor limpia el alma, y que la palabra vale más que el oro. Nos enseñaron que la grandeza no está en el lujo, sino en la honestidad, la solidaridad y el amor por la tierra. Gracias por no haberse rendido nunca. Gracias por ser cimiento y guía. Los que quedamos, debemos ser dignos de ellos porque de esa manera seremos dignos de Dios. Un abrazo a la distancia y hasta siempre".

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