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Quien es la cantante que acompañó a JuanK, el acordeonista de la plaza

La vecina se sumó a cantar en la plaza y se convirtió en una sensación. Aunque es tímida y le cuesta actuar ante el público, dice que la música la fortifica cuando su ánimo decae.

La música está con ella desde siempre, por herencia familiar. Cantó durante toda su vida, aunque lo hacía para los íntimos, porque la frenaba una timidez con la que ha tenido que luchar.

Pero con el transcurrir de los años encontró en el arte de entonar un refugio que le permite despistar los sinsabores que le aparecieron en el camino.

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Cuando tengo problemas me empapo en otro pensamiento y hago lo que realmente me gusta, que es cantar”, afirma Cristina Quintana.

La vecina, que ronda los 70 y reside en el DVN, sorprendió días atrás al acompañar con su voz a Juan Carlos Olatte -JuanK artísticamente-, quien ha adoptado la maravillosa costumbre de tocar su acordeón en la plaza San Martín.

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Cristina demostró un estilo versátil al interpretar “Por el Paraná”, un éxito del recordado conjunto Cuarteto Imperial y luego siguió con el tango “La última copa”, un clásico de clásicos.

Afortunadamente quedó un testimonio fílmico, que este diario compartió con sus lectores.

Esa mañana Cristina había ido al municipio a realizar un trámite junto a su hermano y no le había salido como lo esperaba. Bajó decepcionada, sin fuerzas. Ella misma lo explicó después con los ojos cargados de lágrimas.

Por eso cuando escuchó los acordes del acordeón sintió que revivía y salió disparada en busca del autor de la melodía.

Cuando lo encontró en el banco de plaza sobre calle España, se presentó y sin mucho discurso introductorio pidió un tono. Juank lo hizo y lo que siguió fue un viaje a un cálido pasado musical en el que ella se entregó por completo.

Fue su antídoto para despejar los nubarrones de los infortunios y a la vez una manera de espantar la vergüenza. Se posesionó de tal forma, con una cadencia cargada de emotividad y expresando con gestos profundos los matices más dramáticos del tema, que generó un ambiente conmovedor. Dio la sensación de estar acostumbrada a transitar los escenarios. Encima el acompañante revela una notable flexibilidad con el instrumento, lo que le permitió llevar la canción en total armonía como si lo hubieran ensayado. Pero era la primera vez que lo hacían.

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Antes no me animaba, pero ahora que soy viejita si. Saco lo que llevo adentro, lo hago con mucho amor”, resaltó.

Esa actuación y la trascendencia que tuvo, la llenó de entusiasmo y afirma que está dispuesta a encarar una carrera artística, porque nunca es tarde. Siente que es el momento y que su actuación en la plaza fue reveladora, la inspiración para ir por ese sueño.

Cuenta que cuando se vio en el diario lloró de emoción. Pero quiso más y a los pocos días volvió y se encontró con Juan Carlos y cantó "Nuestro Juramento", un bolero estremecedor.

Ella es consciente que necesita capacitarse para “modular correctamente”. Porque admite que al igual que Olatte también es autodidacta, pero con una enorme pasión que está dispuesta a exponer.

“Canto de oído, con el corazón, para alegrar mi corazón”, insistió.

Un hogar musical

“Mi padre era músico, muy conocido en Cipolletti. Se llamaba Ricardo Quintana y tocaba el acordeón, la guitarra, armaba orquestas. Lo perdí muy joven, era una excelente persona. Yo era su chiquita”, expresó con un dejo de tristeza.

Recuerda que en su hogar la música era parte de lo cotidiano. Ella cantaba y también su hermano, que además toca la guitarra, entre otros instrumentos, e integró orquesta y anduvo de gira, resaltó.

“Yo le decía: cuando seamos viejitos tenemos que salir y actuar a la gorra”, agrega con más optimismo.

Esa pasión se la trasladó también a sus dos hijas y su hijo, apodado El Pollo, que se entreveró en bandas de rock.

Una vida de luchas

Cristina es cipoleña. Nacida y criada. Contó que durante varios años vivió en una casa del ferrocarril hasta que se instaló en un terreno en el DVN.

“Luché para recuperarlo, pero no logré los resultados que esperaba”, aseguró.

Pero no está bien y eso la llena de pesimismo. Dice que tiene muchas necesidades y aunque conoce a varios de los dirigentes políticos que desde hace años están en el poder, prefiere no pedirles nada.

“Mi casa se viene abajo y no tengo un palo para echarle a la estufa”, lamenta y su tono tiende a derrumbarse.

Esos son los momentos en que encuentra auxilio en la música.

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