Los echaron, sacaron un crédito, compraron máquinas y hoy tienen en familia famoso local de churros de la Alem
Detrás de un emprendimiento que no para de crecer en el corazón de Cipolletti, hay una historia especial. Padres e hijos cuentan a LMC cómo salieron adelante.
Lorena (36) y Micaela (26) se ocupan del turno mañana y ponen todo en marcha desde bien temprano. Son ellas las que nos reciben, a pura simpatía, con un combo irresistible en el local de Alem al 1219. Mate calentito y churros artesanales con dulce de leche para arrancar el día con la panza llena y el corazón contento.
Delantal puesto, la mayor repasa el stock de mercadería y la menor se apresta a sacar una segunda tanda de medialunas, su especialidad que también convidará al equipo periodístico de LMC. El otro hermano, Nicolás (29), se suma un rato, después fuera de su horario habitual, para la sesión de fotos: “Prometí y vine”, lanza con una sonrisa el muchacho.
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En el medio llegan los pioneros, Azucena y su marido Luis Alberto Escuredo, quienes allá por los ‘90 en un acto de extrema audacia apostaron por los churros cuando se quedaron sin empleo y desconocían del rubro. Empezaron con un humilde carrito y hoy contemplan con orgullo como sus hijos continúan el legado en el emprendimiento.
“Yo trabajaba en la Toddy, mi señora en Casma. Nos echaron, dijimos ¿qué podemos hacer? Sacamos un crédito en una casa prendaria, frente a Calf en Neuquén y compramos freidora, churrera y buscamos quién nos enseñara”, explica el hombre como se reinventaron en el momento más complejo.
Transformaron una situación desfavorable en una oportunidad a la que ahora también le sacan rédito sus descendientes. “Es cierto que no estábamos en tema pero yo desde los 9 años amaso y creo mucho en Dios. Y todo se fue acomodando, es un sueño lo que vino después”, comenta con emoción su esposa, esa valiente mujer que nunca dejó de empujar.
“Para nosotros es muy gratificante seguir con lo que iniciaron nuestros padres. La idea es que pasen menos tiempo acá pero es más fuerte que ellos. Mamá viene todas las tardes y papá no se queda atrás”, apunta Lore mientras despacha al almacenero de calle Córdoba, uno de los tantos habitué.
La señora que ingresa detrás del vecino comerciante se tienta con los churros rellenos con Nutella, una de las últimas novedades comerciales, que tuvo “gran éxito”, como cuentan las chicas.
La historia de la churrería: "Todo hecho con nuestras manos y amor"
“A Rellenitos -nombre del negocio- lo abrimos hace 11 años. Antes teníamos un carrito en Esmeralda y Perú, también en ruta chica y Circunvalación y repartíamos en las panaderías, como La Vieja. Viene gente y dice ‘yo le compraba a una familia en tal lado’ y resulta que éramos nosotros”, señala Luis y el resto se mata de risa. Y sigue entrando gente al cálido recinto.
La familia está feliz y unida, como en cada jornada en la que trabajan codo a codo y en armonía para sostener su proyecto en un contexto complicado de país, donde cada vez son más los comercios que cierran. Pero ellos, afortunadamente, no paran de vender. La casa -local- es chica pero la producción es grande. “Hecho todo por nuestras manos y fundamentalmente con amor”, comparten el secreto del éxito.
“Es verdad que los días de frío ayudan, lo mismo que la lluvia a vender más. Pero tenemos una clientela fiel, somos bastante regulares”, cuentan y otra señora se lleva sus delicias como cada miércoles.
El churro con dulce de leche es el producto estrella pero también se lucen con las tortas fritas, las bolitas, rosquitas, medialunas y bastoncitos. “Sabemos que el sol sale para todos, no nos preocupa la competencia local, aunque tenemos en claro que nuestros productos, dicho por los clientes, son especiales”, chapean agradecidos con la devolución del público.
Cómo es trabajar en familia
La jornada laboral comienza mucho antes de que amanezca. Del turno mañana se encarga Lorena, ahora en compañía de Mica, que hace 3 meses renunció a su empleo como administrativa y tras un momento de incertidumbre ya cumple un rol importante dentro de la estructura.
“Es que no sé hacer churros al día de hoy pero se me ocurrió innovar con las medialunas y por suerte la respuesta de la gente es la mejor”, celebra la más chica de los Escuredo.
“A las 5.30 ya comenzamos a elaborar todo fresquito, la máquina se usa solo para los moldes. A las 8 salen las medialunas. Entre 10.30 y 11 viene mi hermano y ya sigue él. Está bueno trabajar en familia, nos miramos y ya nos entendemos. Y si alguien tiene un problema avisa y él otro te cubre. En mi caso, con 3 hijos -Tiziana, Tomás y Oriana- si me surge un inconveniente lo hablo y Nico me hace el aguante y así a la inversa, cuando él compite en CrossFit sabe que cuenta conmigo”, enumera las ventajas de las tareas en familia.
Los chicos hablan y sus papis los oyen con una chochera que no pueden disimular. Luis acota cada tanto con humor detrás de la ventanita en la que suelen tomar y dejar los pedidos. El siempre estuvo ahí atrás, en la cocina, hasta dar paso a las nuevas generaciones, si bien jamás se terminó de desligar del emprendimiento: "Cuando necesitamos que nos socorra, lo llamamos", aclaran las jóvenes y miman al papi.
Anécdotas hay muchas, pero Azucena -la ideóloga del nombre Rellenitos e impulsora de muchas de las iniciativas desde los comienzos- se queda con una simpática. “Un día entra una señora a comprar y me dice ‘soy la mujer de Alberto, el intendente’ que en este momento era el actual gobernador, Weretilneck y yo le respondí ‘y yo soy la mujer de Alberto -Luis se llama Luis Alberto-, el churrero'. Y nos reímos las dos. Divina la mujer”.
Un sobresalto de salud
“Muchas veces estuvimos flaqueando pero es una puerta que Dios nos abrió. Es un orgullo como mamá saber que van a disponer de una herramienta para seguir el día que nosotros ya no estemos. Siempre soñé con tener a mis niños conmigo. El año pasado casi los abandono, por un problema grave en la ulcera, estuve internada, muy delicada pero soy creyente y entiendo que era una prueba de fe. El amor nos une. Antes incluso ponía la biblia en el mostrador, para que la gente se llevara algo más que un churro, una reflexión también", confiesa sobre el inconveniente de salud que la puso contra las cuerdas y su confianza en Dios.
De Cipolletti al mundo
"Hay quienes nos encargan churros y se los llevan a Miami, otros que vuelven a la ciudad del exterior y lo primero que hacen es venir a comprar. En verano quizá volvamos a salir con el carrito, a la Isla Jordán", avisa la entrañable Azucena. "Me quieren hacer laburar a toda costa", la remata Luis, con humor. "Mi compañero de la vida, un verdadero churro", lo alienta, con picardía,
Una historia de emprendendimiento familiar que, al igual que los manjares que elaboran, no tiene desperdicio...
Cómo ubicarlos
- Ubicación: Alem 1219.
- En redes: Churrería rellenitos.
- Precio de la docena de churros: 16 mil pesos (abonando en efectivo hay descuento).
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