El ritual de cada 1° de agosto que ya es parte de la identidad cipoleña
Desde hace años, Uberlinda honra a la Pachamama y comparte caña con ruda con sus vecinos. Salud, trabajo y fe, en una esquina de Cipolletti que ya es símbolo.
Como cada 1° de agosto, la tradición de la caña con ruda se mantiene firme en Cipolletti, gracias al compromiso de una vecina histórica que desde hace años se encarga de sostener este ritual popular que ya forma parte de la identidad del barrio. Se trata de Uberlinda Montecino, quien desde temprano se instala en la conocida esquina de Mengelle y Santa Cruz para ofrecer a los vecinos un trago de caña con ruda, bebida que se consume con la creencia de atraer salud, trabajo y protección para el resto del año.
Uberlinda llegó al lugar alrededor de las 9 de la mañana con un gazebo, prestado por vecinos, para resguardarse del clima, algo nublado, con lloviznas, y con más de 20 botellas preparadas con anticipación. También trajo botellitas chicas para vender, destinadas a quienes quieren llevar caña con ruda a su casa y compartirla con su familia.
Te puede interesar...
“Como todos los años, acá estoy presente cumpliendo con mi gente que me espera”, contó a LM Cipolletti. “Salud, trabajo, dinero. Amor no, porque amor tenemos cada uno dentro de nosotros”, agregó, mientras repartía los vasitos a quienes se acercaban.
La preparación de la caña con ruda no se improvisa. Según explicó, todo comienza la noche de San Juan, el 24 de junio. “Esa noche empiezo a preparar todo. Corto la ruda macho y la pongo en las botellas con la caña para que se maceren hasta el 1° de agosto”, detalló. Es un proceso que respeta año tras año, tal como lo aprendió.
Un legado que continúa
La historia tiene su origen en un gesto que recuerda bien. “Esto comenzó hace bastante tiempo, un hombre llevaba a la radio caña con ruda el primero de agosto. Hacían un festival, y repartían una cucharadita a cada uno para que alcanzara para todos. Se juntaba mucha gente. Cuando ese señor se fue a vivir a Neuquén, yo seguí el legado”.
El año pasado, Uberlinda entregó más de 200 vasitos. “Tuve que salir a comprar más. Este año traje 20 botellas para repartir”, contó. “Después las hago en botellitas porque las familias también las llevan para compartir con su gente”.
Tomarlo con fe
Para Uberlinda, no se trata sólo de seguir una costumbre, sino de agradecer. “Primeramente le agradezco a nuestra madre tierra, la Pachamama, que nos da este privilegio. Y le agradezco también por mi salud”, señaló emocionada. Contó que atravesó un momento complicado: “Estuvieron a punto de operarme el corazón. Tuve un mes de estudios, me cambiaron tres veces la fecha de internación. Y pese a todo, acá estoy”.
La fe es clave en este ritual, más allá del momento en que se lo practique. Aunque algunos recomiendan tomarlo en ayunas, ella dice que lo importante es la creencia personal.
Durante la mañana, vecinos de todas las edades se acercaron a su puesto. Algunos ya la conocen de años anteriores. “Es una alegría terrible la que me muestran. Antes yo tenía un puestito acá en la esquina, entonces muchos ya me conocen”
Este año, entre los deseos que más escuchó de la gente, se repitieron los pedidos por salud, trabajo y estabilidad económica. “Yo este año pido trabajo para todos, que se arregle el país, y que los jubilados podamos vivir un poco más dignamente”, reflexionó.
Mientras la ciudad sigue su ritmo, Uberlinda promete volver el próximo año, con nuevas botellas y la misma voluntad. Porque mientras haya quien espere un vasito de caña con ruda, habrá alguien que lo ofrezca. Y en Cipolletti, esa persona tiene nombre y apellido.
Leé más
El tiempo en Cipolletti: fin de semana con nubes, frío y viento
Noticias relacionadas
Lo más leído

















