Desengaño, un tierno gesto y urgente búsqueda laboral: "Duermo abajo de las plantas"
La historia de Luis, quien sueña con establecerse en Cipolletti pese a todo. La gran acción de un adolescente que presenció LMC.
Verlo de lejos parado a un costado de la avenida Toschi con una mochila en su espalda y a pocas cuadras de la ruta 22 confunde inicialmente. Es que da para pensar que es un mochilero “haciendo dedo” y que en el precario cartel de cartón que sostiene está escrito el destino al que se dirige. Pero la duda se disipa, tristemente, al pasar a su lado. “Una ayuda por favor para comer”, ruega la inscripción con letras rojas para asegurar llamar la atención. No miró para otro lado ese adolescente que protagonizó un tierno gesto este martes, del que solo LMC fue testigo.
Luis -50 años- llegó hace un par de meses a Cipolletti seducido por los comentarios que indicaban que en la región habría trabajo pero por lo pronto la experiencia resultó sumamente desafortunada y traumática. El mismo la cuenta a LM Cipolletti en el frío y gris mediodía del martes.
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“Soy marplatense pero me crié en Venezuela, allá trabajé en el rubro gastronómico pues soy cocinero. Hace 2 meses y medio o 3 que llegué a la región porque me dijeron que aquí había trabajo pero por ahora no me salió nada de nada. Quiero quedarme en este lugar porque es hermoso, deseo conseguir trabajo y establecerme acá, con eso estaría hecho”, asegura sin bajar los brazos ni perder la esperanza.
Búsqueda laboral sin suerte: "Se me está poniendo bravo"
En su vestimenta y su aspecto físico se nota que sobrevive cómo puede y no la está pasando nada bien. “No estoy encontrando la forma de comer y por eso uno le busca la vuelta, sin hacer daño ni molestar a nadie. Estoy durmiendo detrás de un chulengo en la ruta 22, de un puesto de comida, debajo de las plantas. Otra, por ahora, no me queda”, confiesa y mira al suelo.
Encima la llegada del frío suma una nueva adversidad. “Se me está poniendo bravo, lo único que tengo es una cobija y una bolsa de dormir. Pero igual salgo a callejear porque necesito trabajar”, explica.
El conmovedor gesto de un adolescente
En medio del contacto con este medio, un adolescente con indumentaria de colegio privado le acercó un alfajor y tras estrecharle su mano le dijo al hombre caído en desgracia: “Bendiciones”. Una caricia en medio de tanta hostilidad.
“Me colabora mucha gente para la comida, con eso voy tirando, aparte de lo que me dan los muchachos del puestito del choripán”, admite Luis agradecido.
Quien suele parar en el semáforo de la Isla Jordán se considera un “enamorado de esta parte de la Patagonia” y se ofrece para distintos empleos. “Me gusta trabajar con los animales en el campo pero también me las rebusco de lo que venga, si sale para sereno, para barrer la calle, lo que sea estaré feliz. Esta changuita del cartel es para salir adelante provisoriamente”, aclara.
Siempre se puede soñar y él lo hace. “Tener un hogar y vivir dignamente, no quiero pasar más tiempo en la calle”, culmina Luis, quien no se va de viaje como algunos pueden imaginar al verlo de lejos sino que quiere quedarse en nuestra ciudad pero para eso necesita cosas tan básicas como un techo y un empleo. Ni más ni menos.
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