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Cholo Perego, el músico que animó los bailes de los 60 y 70

Juan Carlos Perego es uno de los músicos emblemáticos de la ciudad. Vino de gira con una banda y al poco tiempo se instaló. Venían a verlo de Neuquén y Roca.

Su acordeón vibra al compás de nuestros recuerdos. Dijo Juan Carlos Perego: “La música quizás haya sido la manifestación artística que perduró en el tiempo y que fue sostén de la melancolía y tristeza de las familias que poblaron esta región. Algún instrumento habrá viajado por el mar, escondido en el fondo de una maleta, algún libro de canciones infantiles se habrá salvado emprendiendo ese largo camino hacia otros destinos. Canciones de cuna transmitidas entre madres e hijos, canciones infantiles o música del terruño para celebrar.”

“Mi pasión por la música –soy la tercera generación de músicos- sigue intacta. Con Luis en Bajo, con Baby Buscarini en saxo, con Carlos Pascal en Batería, y yo en piano, formamos un cuarteto; cada vez que nos piden tocamos. Siempre es la música”, manifestó hace unos años Cholo.

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Vivió en Cipolletti desde 1947. Su historia está entrelazada con la música, heredada de su padre, pero también de su abuelo.

Giuseppe Perego y Josefa Ballestra, italianos de Morbeño, al noreste de Italia; se radicaron en Chivilicoy. Giuseppe era músico y tuvieron 7 hijos: Luis, Pedro, José, Alfredo, Lucía, Ema y Rosa. El padre de Cholo era Luis Perego, clarinetista y carpintero: dirigía una banda de 60 músicos en Trenque Lauque. Allí se casó con Mónica Cuerda. Luis fue el primer maestro de música de esa ciudad; la Banda Municipal lleva su nombre.

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Cholo tuvo nueve hermanos: Josefa, Chicha, Zulema, Luis, Adelfa, Juan Carlos, Irma, Raúl y Jorge. En esa localidad hicieron la escuela primaria. Recuerda que su papá viajaba por el interior de la provincia de Buenos Aires: con su banda participaba de festividades, amenizaba romerías españolas e italianas y kermeses. Cholo, desde muy niño, cuatro años más o menos, era la mascota de la banda de su padre y en los desfiles iba adelante tocando un pequeño tambor que se lo había hecho en su carpintería.

Cuando tenía siete años, jugando a saltar con unos amigos, se quebró la pierna y como no se podía mover el abuelo le compró un acordeón y le enseñó a tocar. Luego tomó clases con un profesor muy bueno, Emilio Flores. A los 9 años tocaba la batería y ganaba su sueldo, a los 12 años comenzó con el acordeón. Dos años después se fue a Buenos Aires y al poco tiempo tocaba en radio el Mundo y radio Belgrano, con figuras como Argentino Vale. Tocó en conjuntos como Marimba Salvadoreña en 1942 y Característica de Buenos Aires en 1943.

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Tenía problemas con su asma. Cuando le tocó el Servicio Militar lo enviaron a Bahía Blanca, estuvo tres meses y se recuperó. Luego fue enviado a Comodoro Rivadavia y estuvo ocho meses. Recuerda que tocaba en fiestas y no sentía ataques de asma. Cuando terminó el servicio volvió a Buenos Aires y al poco tiempo el asma volvió, por lo que decidió que volvería al sur.

Recibió el llamado de Gualberto García Echeverri, que tenía un conjunto, Los Rítmicos, y lo invitó a unirse a ellos en Bahía Blanca. En 1947 vinieron a tocar a Cipolletti: cuando el grupo se disolvió se instaló en la ciudad en 1949. Con su hermano Raúl, que tocaba la trompeta, habían formado el quinteto Los Ángeles.

Cholo formó su familia con Delia Elizabeth Mantecón el 10 de abril de 1955. Tuvieron tres hijos: Luis Oscar, Miguel Ángel y Analía Elizabeth. En su relato dejó asentado que les costó imponerse con el tipo de música que hacían: Glenn Miller, Duke Ellington, Harry James, Jazz; luego agregaron Típica.

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Los Ángeles se disolvieron en los ’70. Por la Confitería han pasado varios músicos que venían de Buenos Aires como Horacio Salgan entre tantos. En ésa época había bares solo para hombres y a la confitería iban las familias. Venía gente de Neuquén y Roca: los sábados se armaba una linda fiesta musical ya que había un piano y los cantores de todos los estilos cantaban y hacían de esto una noche musical. Continuó amenizando eventos fiestas, aniversarios; acompañaron a cantantes de tangos en las Peñas del Club Cipolletti.

Su hijo Luis se consagró en Piano y teclados. Cholo tuvo otras actividades: fue presidente del Club de Leones de Cipolletti; vicepresidente de la Sociedad Española de Socorros Mutuos de Cipolletti; presidente de Futura S. A. la empresa que creó el barrio residencial El Manzanar; tuvo comercios, la Casa de Deportes Ruca; tienda; la Confitería Los Ángeles, Galgos Automóviles. Presidió la Fundación de Amigos del tango en Cipolletti. Tiene un nieto, Giuliano, hijo de Luis. Miguel es soltero y Analía es actriz y vive en París.

La familia de su esposa

Delia Elizabeth Mantecón: es hija de Manuel Mantecón y Josefa Lecuberri. Don Manuel había venido muy niño desde España y trabajó en el puerto. En la provincia de Buenos Aires conoció a Josefa y casados se fueron a vivir a Micheo, paraje del ferrocarril, provincia de Buenos Aires. Tuvieron cuatro hijos. Llegaron a Cipolletti por una oferta de trabajo en Elosegui, Almacén de Ramos Generales. Dos historias de vida que conforman la vida cotidiana de la ciudad rionegrina de Cipolletti y que con sus aportes y trabajo no solo ayudaron a engrandecerla, sino que la llenaron de ritmos y armonías.

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