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Cerruti: "El feminismo nos enseñó que somos hacia donde vaya nuestro deseo"

La periodista y diputada Gabriela Cerruti publicó el libro "La revolución de las viejas" en el que propone la construcción de un nuevo modelo de vejez.

La periodista y diputada Gabriela Cerruti publicó “La Revolución de las viejas” -publicado por Planeta- en el que plantea de qué manera vivir y disfrutar a pleno la etapa de la vejez. “No somos viejas, la sociedad nos ve viejas”, afirmó Cerruti en la entrevista con LMNeuquén.

“Ya cumplí 54, estoy bien, ponele. Me levanto a la mañana más arrugada. Tengo algunos dolores de rodillas, estoy menopáusica… Bah, ya pasé la menopausia. Tomo calcio. Tengo 54: esto significa que dentro de ¿cuánto, de seis? Voy a pasar a ser lo que se considera en la sociedad una adulta mayor. Diciéndolo claramente y pronto, lo que voy a pasar a ser es una vieja”. Así comenzaba la periodista y diputada del Frente de Todos Gabriela Cerruti un posteo de Instagram en el que se refiere a la proximidad de su propia vejez.

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El posteo tuvo más de 100 mil visualizaciones en un día y eso la llevó a volcar en un libro algunas de sus ideas y reflexiones acerca de ese cambio de paradigma que se propone, ese tiempo de esperar la muerte a un concepto activo de la vida.

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En “La Revolución de las viejas”, Cerruti indagó en ese postulado cultural propio de occidente de una vejez transitada en forma pasiva y el lugar que el modelo productivo y consumista le impuso a esa etapa de la vida. Además critica el sistema de institucionalización que son los geriátricos.

Rescata la belleza de la palabra “viejas”. “Me parece que es una palabra muy hermosa que nos nombra; nos reconocemos como eso y fue un alivio y catarsis empezar a hablar de la revolución de las viejas”, explicó.

- ¿Cuál es el nuevo modelo de vejez que se debe construir?

Tenemos un relato de vejez, un espejo de vejez en que mirarnos que ni siquiera es el de nuestras madres o abuelas, sino que es el mundo construido alrededor de la veneración de la juventud donde las viejas y los viejos pasamos a ser inservibles y descartables. Además, en la actualidad hay una edad, alrededor de los 60 años, que ya no marca el inicio de la vejez, y no lo marca para nosotras físicamente y activamente en cuanto a proyecto y deseo. Es esa edad como si marcara el final, el horizonte de algo donde después de eso ya no queda nada para hacer o para disfrutar en la vida.

- ¿Un horizonte que también está marcado por lo económico?

No es un horizonte casual porque obviamente marca el proyecto económico del capitalismo y que es el momento en que dejamos de producir o de consumir según los viejos estándares. A partir de esas palabras y esos modelos es que las viejas y los viejos, los adultos mayores a partir de los 60 años pasan a ser un estorbo en la sociedad además de estar invisibilizados. Eso que hace un tiempo atrás significaba que la abuela se quedaba en la casa a cuidar a sus nietos y esperando a morirse no tiene que ver con la realidad de hoy. Las mujeres de 50, 60, 70 años son activas, deseantes, con proyectos y planes o con ganas de hacer lo que quieran con su vida. Por eso la idea es construir un nuevo modelo de vejez donde podamos sentirnos efectivamente reflejadas y contenidas. Por otra parte, existe un mito en relación a que una mujer es menos sexual después de la menopausia. Eso está ligado a que la sexualidad está atada a la iglesia católica y al concepto general de la sociedad en la reproducción. No hay razón alguna para creer que se tiene menos sexualidad y se goza menos después de la menopausia.

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"No queremos ser una carga para nuestros hijos y que tengan que pasar su vida adulta haciéndose cargo de los padres porque así lo obliga la sociedad", dijo Cerruti.

- ¿De qué manera los hombres también sufren la vejez?

Me parece que también los hombres a partir de determinada edad se sienten tristes y excluidos de alguna manera de la sociedad cuando ya no cumplen con ese ideal de adulto viril, potente, fuerte, y con determinados atributos. El modelo vigente excluye primero a las mujeres y también a los hombres que no cumplen con ese modelo del macho poderoso y con erección. Cuando pierden la fuerza física, cuando pierden la potencia sexual no tiene un lugar en la sociedad, y por eso buscan novias jóvenes, tener dinero o algo que les posibilite sentirse poderoso de nuevo.

- ¿Hay una especie de encuentro entre esta revolución de las viejas y la marea feminista surgida en este último tiempo?

Lo que el feminismo nos ha enseñado, marcado y constituido es la idea de que nosotras somos hacia donde vaya nuestro deseo, que si ponemos nuestro deseo en acción ese es el poder que tenemos y eso lo construimos. Y ese deseo incluye una cantidad de cosas como, por ejemplo, cómo y de qué manera queremos envejecer. Quizás no tiene por qué ser con una pareja, no tiene por qué ser cuidada por nuestros hijos o nosotras cuidando a nuestros nietos. Hay que poner en discusión el tema del cuidado en todas sus variantes. No queremos ser una carga para nuestros hijos y que tengan que pasar su vida adulta haciéndose cargo de los padres porque así lo obliga la sociedad. Es tremendo que las mujeres entre 30 y 50 años pasan una enorme cantidad de horas haciéndose cargo de sus hijos y a la vez de sus padres, quitándole horas a su propio deseo, a sus propios proyectos. Tampoco queremos hacernos cargo de nuestros nietos como una obligación. La abuelidad debe ser una elección como es con la maternidad, y que no sea una carga impuesta ni por la sociedad ni por nuestros hijos.

"Jubilaciones, remedios y geriátricos son los tres temas por los cuales las mujeres y los hombres mayores de 50, 60 años se relacionan con el Estado en los temas de la vejez", expresó la autora de "La revolución de las viejas".

- ¿Cómo se relaciona el Estado con los temas de la vejez y cuáles son las políticas públicas que cree fundamentales para el sector?

Jubilaciones, remedios y geriátricos son los tres temas por los cuales las mujeres y los hombres mayores de 50, 60 años se relacionan con el Estado en los temas de la vejez. Lo he conversado con funcionarios del gobierno del cual formo parte, sobre todo con la titular del PAMI, Luana Volnovich, y la directora de la Anses, María Fernanda Raverta. Por ejemplo, por qué envejecer en un geriátrico si la persona se puede valer por sí misma, si puede tomar sus propias decisiones. Si somos de una generación que estuvimos en la calle, que peleamos en los años 80 por la vuelta de la democracia, que peleamos para disponer de autonomía sobre nuestros cuerpos, que somos sexualmente activas y tenemos un deseo muy fuerte, por qué le voy a dar la llave de mi vida a alguien para que me encierre en un geriátrico. Tiene que haber otras opciones. El Estado tiene que hacerse cargo de las que tienen menos recursos pero también pensar soluciones activas y modernas como, por ejemplo, casas para compartir con amigas o familiares, con quienes queramos para habitar la vejez pero que no signifique estar asiladas en un geriátrico. La jubilación tiene que ser digna, que alcance para vivir y desarrollarse pero también tener la posibilidad de encarar algún emprendimiento, viajar, contar con lugares de encuentros. No puede ser que las viejas de hoy van a estar en los mismos centros de jubilados que disfrutaban las viejas de hace cuarenta años. Queremos lugares de encuentros que tengan que ver con las cosas que nos gusta hacer actualmente. Somos viejas, estamos en Instagram, cómo puede ser que a los 60 años nos metan en un centro de jubilados a jugar al dominó.

"Somos viejas y estamos en Instagram, ¿cómo puede ser que a los 60 años nos metan en un centro de jubilados a jugar al dominó? No puede ser que las viejas de hoy van a estar en los mismos centros de jubilados que disfrutaban las viejas de hace cuarenta años", describió la periodista y diputada.

- En el libro cita a la escritora y filósofa francesa Simone de Beauvoir que decía que no hay que cambiar de vejez sino de vida.

El relato de principios del siglo XX era terminar la educación formal a los 18, los varones iban a la fábrica o a la guerra y las mujeres se casaban para reproducir y tener más hijos para el sistema. Todo está armado alrededor de esa fantasía. A los 18 tenías que elegir la carrera y el matrimonio para toda la vida, después trabajar y criar hijos, y a los 60 años con la jubilación se terminaba el proyecto de vida. Tenemos que cambiar y pensar todo desde el principio porque quizás podemos, por ejemplo, estar más tiempo dentro del sistema educativo, o entrar y salir, cambiando de trabajo permanentemente lo que lleva a estar formándose siempre. En este nuevo mundo donde una no va a tener un trabajo de los 20 a los 60 años sino a tener varios, que va a cambiar de ideas porque aparecen cosas nuevas y desafiantes hay que repensar todo desde el principio y no cuando lleguemos a los 60 años y nos encontremos con que no hay un territorio sobre el cual construir nuestra vejez.

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