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Cambalache: la ropa tiene otra oportunidad para una familia cipoleña

Comenzaron en pandemia como una forma de sumar un hábito ecoamigable, pero también con el objetivo de ayudar a otras personas.

En la chacra de la familia Carrasco –en Cipolletti- abundan los membrillos, los nidos de horneros y las buenas ideas. En mayo, en plena cuarentena y con la necesidad asediando los tobillos de muchas familias argentinas, Laura Carrasco y sus hijas Manuela, Juana y Bernarda Floriano; junto con sus sobrinas Catalina y Clara Carrasco y su cuñada Yamila Chacón, crearon un emprendimiento. Le pusieron “Cambalache, ropa sin fin”, porque se dedica a darle una segunda oportunidad a la ropa que las personas ya no quieren vestir. ¿Y si otra persona quisiera esa prenda y pagara un precio justo por ella? Puede pasar, de hecho; las mujeres Carrasco -Chacón lo han comprobado.

“Somos mujeres que llevamos adelante hábitos sustentables relacionados con el cuidado del planeta y decidimos dar este paso en un momento en que apoyarse entre las personas es vital”, explica Laura, y agrega: “Apoyar el emprendedurismo también constituye una práctica sustentable, porque el micro círculo de necesidades se satisface entre la comunidad, evitando trasladarse, y aportando a las economías familiares”.

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Cambalache funciona a la manera de una gran vidriera por redes sociales. No olvidemos que nació al calor de una pandemia, cuando las ferias todavía no se habilitaban. “El mecanismo es el siguiente -explica Juana-, las personas que quieran vender una prenda nos contactan, acordamos un precio económico y justo y coordinamos la entrega de la ropa”.

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“El consenso es que entreguen algo lindo que ya no usen, en buen estado y limpio, pero si por una de esas casualidades esa prenda amerita un mínimo arreglo, lo podemos hacer”, relata la joven. Ella y su hermana Manuela estaban estudiando en la ciudad de La Plata cuando se dictó el aislamiento obligatorio, y al volverse a su casa, comenzaron a pensar junto con las otras integrantes de la familia un plan para incrementar los ingresos del hogar que asimismo sirva para ayudar a otras personas. “El proyecto funciona a consignación, comenta Manuela, una vez acordado el valor, si la ropa se vende, se destina un 50 por ciento al ex dueño y el otro 50 queda para Cambalache”, asegura. El pequeño ingreso económico -se trata de ropa barata- se destina a inversiones de perchas o para combustible, y si sobra algo se reparte entre todas.

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Viejito pero buenito

Y para aquella indumentaria que está rota y no puede volver a ser usada como tal, esta familia sustentable también ha encontrado una solución. “Nos pueden traer remeras viejas o rotas y con ellas hacemos bolsas para entregar la mercadería”, expresa Juana y destaca las habilidades de sus primas en la decoración de las mismas.

La floración de los membrillos salpica de blanco el verde del paisaje. De fondo, un chacarero labra la tierra y alza la mano. Es Paulino, el abuelo de las Carrasco, él es el encargado de arreglar el inmenso patio, donde -cuando se pueda-, las chicas montaran el showroom al aire libre.

“Tenemos pensado hacer una feria con medidas sanitarias y protocolos de seguridad para el 16 y 17 de octubre”, afirma Yamila. “Aquí mismo en la chacra, con la concurrencia de vecinos y vecinas que quieran acercarse”, enfatiza la mujer. Este turno, como en ediciones anteriores, estarán invitados otros emprendimientos sustentables de copitas menstruales, semillas, plantines, lámparas fabricadas con palets, leches de coco, hierbas medicinales, juegos infantiles de madera, entre otros. La familia, lleva una vida relacionada con esos hábitos y por lo general, si es que compran algo, lo hacen a sus colegas emprendedores. “En tiempos de pandemia se nota mucho la necesidad de las personas, hay veces que se acerca alguien a dejar una sola prenda porque es lo único que tiene para vender y necesita el dinero”, afirma Juana. Y finaliza: “A todos los emprendimientos les decimos que se apoyen en la solidaridad de las redes de personas, emprender de forma mancomunada es mejor; hay que tener mucha paciencia, pero se puede salir adelante”.

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La reducción de la huella de carbono

La industria textil es una de las actividades más contaminantes de nuestra sociedad actual, posicionándose en segundo lugar luego de la del petróleo y sus derivados; ya que produce el 20% de las aguas residuales y el 10% de las emisiones de carbono en el mundo. Sólo para mencionar un ejemplo, fabricar un pantalón vaquero requiere entre 2.130 y 3.078 litros de agua, un consumo que está intrínsicamente ligado al impacto hídrico de su materia prima, el algodón. Según los estudios de huella hídrica en las políticas agrícolas realizados por las Naciones Unidas, el cultivo de esta planta representa entre el 3 y el 4% del agua que se emplea en todo el mundo.

Pero no todo está perdido: hay numerosos eco-gestos que se pueden poner en práctica en la vida cotidiana como apagar las luces al salir de una habitación, utilizar bicicleta o transportes público o común (esto último no recomendado en tiempos de COVID-19), no comer tanta carne, utilizar cepillo de dientes de bambú, champús sólidos, consumir en mercados locales y de forma responsable (no compulsiva).

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Uno de los menos conocidos gestos para reducir las emisiones es el de recuperar aquellas prendas que ya no se desean conservar. De esta forma se extiende la vida útil de esa ropa al brindar a otra persona la oportunidad de utilizarla a la vez que se fomenta la economía circular o microeconomía. Las investigaciones señalan que reutilizar un solo kilogramo de ropa podría representar un ahorro de hasta 3,6 kilogramos de emisiones de CO2.

Los tips a tener en cuenta

Si se quiere vender la ropa que ya no se usa, Cambalache la recibe con todo gusto. Pero, en la medida de lo posible, las chicas recomiendan:

  • Que las prendas estén en buen estado para ser reutilizadas inmediatamente.
  • Que no tengan pelotitas de desgaste.
  • Que no tengan manchas, ni roturas, ni pelos de animales.
  • Que estén limpias.
  • Y si la prenda está mínimamente descosida -no ajada o rasgada- incluso ellas pueden zurcirla.

Podés encontrarlas en Instagram: @cambalacheropa

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