Aislados por una laguna

Los vecinos de Costa Norte se ven impedidos de circular por el barrio.

Por un lado, el omnipresente río Neuquén; por el otro, una turbia laguna de agua marrón. Es la realidad que vive cerca de medio centenar de familias del barrio Costa Norte, que tienen sus domicilios en la zona costera y que, con cada lluvia torrencial, deben soportar un cuasi aislamiento.

Sin quejarse, para ir al trabajo o hacer las compras, los vecinos atraviesan enormes charcos como pueden: con botas, arremangándose los pantalones o haciendo piruetas con sus bicicletas o motos. La angosta calle que bordea la zona de la costa tampoco colabora mucho para un tránsito cómodo y todo depende de la buena voluntad de los automovilistas y los conductores de turno del servicio interurbano de pasajeros.

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Tras la intensa lluvia de la semana pasada, ayer el panorama no era el mejor y algunos miran esperanzados a través de sus puertas y ventanas la posible visita de alguna máquina municipal. En el caso de los más chicos, sus mamás los obligan a permanecer en el interior de sus casas para evitar que se embarren o mojen y sólo los dejan salir para realizar las compras en la despensa más cercana.

Hay sectores con charcos gigantes que superan los 30 centímetros de profundidad. Sólo se puede circular por las orillas.

Aunque el agua no llegó a los patios, en varios casos se encuentra casi en la puerta y para entrar hay que contar con habilidades para el salto y la caída firme, sin nada de balanceos a no ser que el vecino quiera terminar metiendo un pie en los amenazantes charcos.

La historia se reitera con cada chaparrón importante y, por ese motivo, el vecindario no se muestra sorprendido aunque igualmente se ilusiona con la visita de funcionarios municipales interesados en los problemas provocados por el anegamiento de las calles y una probable solución.

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