Una cooperativa de viviendas que crece sin parar
Es la tradicional 10 de Marzo, que empezó a adquirir tierras en Fernández Oro.
Hoy por hoy se presenta como la alternativa ideal para las familias con ingresos medios. Por una cuota única de 100 pesos, los vecinos pasan a ser socios de la entidad y a tener la chance de acceder a un espacio de tierra en la zona. Debido a que Cipolletti ya casi no cuenta con terrenos, las últimas compras de predios se concretaron en jurisdicción de la localidad de Fernández Oro. “Hay mucha demanda por parte de matrimonios jóvenes, pero en Cipolletti prácticamente no hay terrenos”, explicó el actual presidente de la cooperativa, Alfredo Giménez.
La institución tiene su historia, que se remonta a su fundación por algunos ex empleados de Hidronor, el 10 de marzo de 1973. En forma indudable, se trató de un valioso grupo humano que dio forma a la entusiasta cooperativa. Su objetivo principal fue atender la necesidad de viviendas y se construyeron unidades habitacionales en Parque Norte, complejo “Arenales” y Luis Piedrabuena, entre otros. Por aquellos años se concretaron seis barrios que brindaron una solución habitacional a 140 familias.
Ya en una segunda etapa, a partir de 2006, la actividad se centró en “brindar soluciones a nuevas generaciones de jóvenes”, indicó Giménez. De esta manera, se avanzó con el barrio cerrado Los Robles I, que era una chacra de seis hectáreas. Del lugar, se obtuvieron 36 lotes de 1.500 metros cuadrados.
También, tras la compra de un predio de ocho hectáreas, tomó forma Los Robles II, con 48 lotes.
Otro barrio cerrado que se concretó fue Pehumayén, con 24 lotes de 1.500 m2.
Por otro lado, la Cooperativa impulsó dos barrios residenciales urbanos: “Spino Florido 1” y “Spino Florido 2”, con 90 lotes de 375 metros cuadrados.
Los cinco complejos descritos suman casi 200 lotes, que se encuentran en etapas de final de obra y escrituración.
Costos
Las inversiones más recientes de la cooperativa se llevaron a cabo en Fernández Oro y, según lo anticipado por Giménez, “el Consejo de Administración está concretando una compra de 3,5 hectáreas, con 18 lotes de 1.000 metros cuadrados”.
Tras el pago de la tierra, los responsables de la entidad llevan adelante la administración de las obras de infraestructura y servicios esenciales. Luego, los socios se encargarán de la construcción de su propia vivienda.
En el caso de los barrios cerrados, precisó Giménez, los socios “deben formar un consorcio como si fuera una propiedad horizontal”.
Por los costos de los terrenos, solo un número limitado de personas se muestra interesado en su compra. De igual modo, casi siempre el nivel de adhesiones supera a la oferta disponible y la cooperativa debe hacer una selección por antigüedad.
Asimismo y con el fin de permitir el acceso a las tierras a un grupo más numeroso de personas, se piensa invertir a futuro en chacras de más dimensiones, de manera de obtener una mayor cantidad de terrenos. Por contrapartida, se abaratan los costos.
“Permanentemente se incorporan personas, todos los días hay llamados”, comentó Giménez, y enfatizó que a la hora de los sorteos de terrenos se “respeta la antigüedad”.
En la actualidad, las cuotas mensuales de los lotes, se ubican en un promedio de 1.500 pesos y se pueden pagar en un plazo que va de los tres a los cuatro años. De manera inicial se hace frente al costo de la tierra y luego las obras de infraestructura.
Las obras se ajustan al Código de Planeamiento Urbano.
El fenómeno del avance urbano
Los integrantes de la cooperativa 10 de Marzo quieren cerrar el año con todo y por ese motivo esperan inaugurar en diciembre un barrio con la presencia del intendente Alberto Weretilneck y otros funcionarios locales y provinciales.
Uno de los puntos destacados de la entidad es su capitalización, que se queda con un lote en cada adquisición de una chacra.
La entidad cipoleña forma parte de un fenómeno creciente que es el avance de las zonas urbanas sobre las tierras destinadas a la producción. En este marco, instituciones estatales y también privados compran chacras de pequeños y medianos productores y las destinan a la construcción de viviendas. Sin lugar a dudas, se responde a una demanda importante, que no sólo se vincula con los vecinos de la ciudad, sino con familias que se instalan en la provincia de Neuquén.
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