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Un trabajador olímpico en Río

El cipoleño Trenker encontró la forma de vivir los Juegos de cerca.

Como miles, Andrés Trenker vive los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro. Su fanatismo por el deporte y el hockey sobre césped en particular lo llevaron a completar un formulario del Comité Olímpico Internacional (COI) que lo terminó depositando en el estadio que siempre soñó para cumplir funciones variadas.

Cipoleño y jugador de Marabunta, desde la ciudad maravillosa no se guardó la experiencia y mediante una carta que envió al club contó detalles de lo que está viviendo.

Trenker forma parte de un grupo mundial de 50.000 ciudadanos que, mucho antes de que Vanderlei Cordeiro de Lima encendiera el pebetero olímpico, se contactó con la organización y completó los datos a través de internet.

En su caso, todo comenzó a gestarse en el año 2014 y no tardó en recibir las primeras respuestas. Conocimiento de idiomas y sobre deportes, test relacionados con resolver diferentes conflictos, entre otras cosas, formaron parte de las consultas.

Finalmente, el furor se silenció por meses, esfumando las ilusiones de vivir la máxima cita del deporte desde otro lado.

Todo cobró sentido este año, cuando recibió un mail pidiéndole por una entrevista vía cámara web.

Ajustándose al día y horario especificado, cumplió con la misma en inglés y como para cerrar la prueba debió improvisar un jingle sobre los Juegos.

En junio, finalmente, llegó la invitación oficial para sumarlo al desafío.

400 argentinos se sumaron al programa.

Junto con Trenker, unos 400 compatriotas viven en Río de Janeiro los JJ.OO. como voluntarios. La iniciativa provocó un aluvión mundial que en total emplea a 50.000 personas.

En primera persona

Barra de Tijuca fue el primer destino que le asignaron, aunque al revisar nuevamente su ficha, la organización optó por enviarlo directamente a la cancha de hockey ubicada en Deodoro. El sueño se hacía perfecto.

“Estoy siendo escolta de las delegaciones. Debo esperar que lleguen desde la Villa, llevarlos al vestuario y luego al campo de juego. Al terminar el partido, los acompaño de nuevo al vestuario y luego hasta que tomen el transporte para volver a la Villa”, resumió el cipoleño.

El hogar de los deportistas les pertenece en exclusiva. Los voluntarios deben correr con sus gastos de alojamiento fuera de la Villa y sólo reciben de manera gratuita la comida, el uniforme y las capacitaciones. Incluso para los traslados deben desembolsar algunos reales, aunque con descuentos importantes.

Son parte de los costos que hay que asumir, casi insignificante para el “intenso clima olímpico que se respira cerca de los deportistas que uno siempre quiso conocer”, tal cual finalizó en su escrito que se pude leer de manera completa en marabuntarugbyclub.com.ar.