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Toto, el perro que salvó la vida de Isabel

Su perro le salvó la vida cuando le comunicaron que no iba a poder tener hijos. Transformó ese dolor en amor, adoptó al cachorro que nadie quería y nunca más se separaron. Ahora, cuenta su conmovedora historia.

La historia de Toto comienza hace 16 años, en una casa de Villa Gesell. Nació de una mamá pequinés, junto a otros cuatro cachorros que encontraron un hogar enseguida, menos él. Sus hermanitos lucían fuertes y saludables. Toto no. Tenía algunos problemitas que lo empequeñecían un poco. Su corazón, además, parecía que no iba a resistir mucho tiempo. Nadie lo quería, hasta que llegó Isabel y lo abrazó como a un hijo.

"Yo estaba muy mal. No podía tener hijos. Y entonces apareció Toto y me salvó la vida. Fue maravilloso para mi no guardar como dolor todo ese amor que tenía para dar. Lo pude volcar en él y lo dejé fluir en un momento muy duro para mí", expresó María Isabel Pereyra, la dueña del perro.

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Isabel (51) y su marido adoptaron a Toto y nunca más se separaron. Ya tenían dos gatos -uno de los cuales murió en enero- y la familia se agrandó un poco más. Incluso porque luego rescataron a otra perrita -Sofía- que los acompañó 15 años y falleció el mes pasado.

Era una mascota que tenía un dueño que la maltrataba mucho. Lo último que hizo fue atropellarla con su auto cuando hizo marcha atrás. Isabel, conmovida por lo que padecía el animal, fue al rescate de ella y la integró a su hogar. "Nunca vinieron a reclamarla, ni me denunciaron por haber saltado el paredón de su casa y sacársela a su dueño", recordó la mujer, en diálogo con LMCipoletti.

La perrita rescatada se llamaba Sofía y se volvió muy amiga de su perro Toto, al punto que no se separaba de él. De Villa Gesell se fueron a Las Grutas y luego a Cipolletti. También vivieron en Córdoba y más tarde regresaron a esta ciudad.

"Anduvimos por todos lados y en ningún lugar dejamos tirado a un animal. Si no podíamos ir con ellos, nos quedábamos, porque somos familia y a la familia no se la deja. Vinieron con nosotros en la Break que teníamos, y aún cuando no sabíamos como llevarlos en un colectivo, le encontramos la vuelta", aseguró.

Perrito con andador07.jpg

Muchos años después, Isabel rescató de los médanos de Las Grutas a otra perrita que habían dejado abandonada. Se llama Arenita y todavía los acompaña. "Para mí son mis bebés, mis hijos. Una válvula de escape. Siempre han estado a mi lado, y con Toto tengo algo especial. No porque no ame al resto, pero él siempre ha necesitado mi ayuda y yo de él", confesó esta cordobesa viajera, que ya es parte de Cipolletti.

También ha tenido varios animales en tránsito y cuando puede le deja algo de comer o de beber a los perritos que encuentra abandonados en la calle.

A Cipolletti vinieron y se fueron varias veces, pero actualmente y desde hace dos años, Isabel, su marido y sus mascotas residen en esta ciudad, en inmediaciones de las calles Alem y Miguel Muñoz. "Amamos el Parque Rosauer, donde paseamos con Toto todos los días. Él está acostumbrado", contó.

El andar de Toto por las calles cipoleñas

Es fácil reconocer a su perro Toto porque tiene mucho de pequinés, aunque no sea puro; y un andar por las calles que enternece a todos. Debido a sus problemas de salud, sale a caminar con un andador. "Se lo hizo mi marido para que no pierda la movilidad de sus piernas. Gracias a Dios, él es muy habilidoso con estas cosas y el Toto anda re bien así", indicó.

Isabel explicó que su perro lo tiene que usar porque se le calcifican las vértebras de su espalda, no tiene estabilidad en sus patas y se le cae la cadera. En cambio, con el carrito no pierde en andar y se puede sostener bien. Además, le permite sacudirse u hacer solo sus necesidades.

Isabel se lo pone siempre que van a salir. Dentro de su casa, su perro se sostiene con las patas de las sillas, descansa y sigue. "Los demás -sus mascotas- saben que tienen que cuidar al Toto, caminan a su lado y esperan a que llegue a tomar el agua", reveló.

Cada perro tiene su manera de ser. Toto es malhumorado, pero se dejó acariciar por Isabel, ya de cachorrito. Desde entonces han sido los dos muy compañeros.

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