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Taxista se disfrazó de payaso para repartir golosinas y sonrisas a los niños

Marcelo Villablanca llevó alegría a los más chicos en su día. Con permiso del Municipio se vistió para cumplir con su trabajo y con la misión extra que se había impuesto: entregar bolsitas con golosinas a los pibes con que se encontró.

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El taxista Marcelo Villablanca arrancó temprano la jornada dominical con un objetivo muy preciso, además del habitual de trabajar. Se propuso hacer un poco más felices a los niños, en su día. Para ello, se disfrazó de payaso y con una cantidad grande de bolsitas con golosinas, que él mismo, su madre y su novia se encargaron de preparar, salió a repartir sonrisas, calidez y un presente a los pibes y pibas que le tocó transportar o a los que se encontraba por las calles.

Para su iniciativa, contó con la debida autorización del Municipio, ya que la indumentaria de los tacheros debe cumplir determinadas reglas, como el no uso de gorras ni de bermudas, entre otras. Por supuesto, se impone la formalidad y, por eso, vestirse de payaso no cuadra para el marco cotidiano.

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El viernes, Marcelo, que tiene 30 años de edad, recibió, al fin, el permiso que le había solicitado la comuna. Para esto, con su madre y su novia ya habían adquirido una cantidad apreciable de chupetines, alfajores, caramelos y otros dulces para entregar. Con la habilitación municipal, la posibilidad de recurrir a la generosidad de los demás se presentó como una certeza y así pudo conseguir muchas más golosinas.

Ayer, alrededor de las 8, con el disfraz y el aspecto adecuados, se subió al taxi y no paró en su trabajo hasta casi las 19. En todas esas horas, no perdió oportunidad para agasajar y divertir con un gesto, con una sonrisa, a los niños que llevó o que vio en las calles. Al final de tanto trajín, y tras repartir unas 120 bolsitas, solamente le quedaba una grande con muchos chupetines y no encontró mejor idea que parar en una plaza, bajarse y repartirlos uno por uno a los chicos que allí se divertían.

El taxista contó ayer que grande fue su felicidad al ver la alegría y la ternura que despertó en los niños pero también fue grato el sentimiento que tuvo al ver la emoción con que recibían su gesto los padres o familiares de los pibes. La gente sabe agradecer, con el corazón abierto, a quienes se toman en serio eso de dar algo a los demás, por generosidad, por solidaridad, por un compromiso propio.

Y de todo eso, Villablanca sabe, y mucho. Porque desde hace algunos años viene colaborando con distintas organizaciones para el Día del Niño con eso que le gusta, disfrazarse de payaso y divertir a los más chicos. Sin embargo, este año, por la pandemia, no han estado permitidos los festejos con aglomeración de muchas personas. Por eso, esta vez no pudo hacerlo como en temporadas anteriores. Y, por eso mismo, se la jugó por la personal y asumiendo como tachero también el rol de payaso, salió a las calles a cumplir con su sueño de despertar risas y sonrisas en los más pequeños.

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