El clima en Cipolletti

icon
22° Temp
39% Hum
LMCipolletti Soria

Soria-Freydoz: Alplax, alcohol, celos y una Smith & Wesson

Se cumplen 10 años del crimen de Carlos Soria. Solo llevaba 21 días como gobernador de Río Negro. Su esposa, con la que mantenía una relación tóxica, lo asesinó en Paso Córdova. Todos sus hijos sabían que la cosa "iba a terminar mal", y así fue.

La química entre Susana Freydoz y Carlos Soria era cosa del pasado, de los tiempos de juventud, cuando el amor le pulseaba al Gringo cualquier mitin. Lentamente, ambos construyeron una relación que fue más allá de la familia. Roca fue su Cabo Cañaveral en busca del poder de una provincia dominada por los radicales desde 1983, desde el retorno de la Democracia, pero ellos eran peronistas y él, muy hábil.

Tan hábil era el Gringo para construir poder, que aún hoy sigue impulsando, desde la tumba, a Emilia y Martín, su sangre y su legado político. Aunque los hermanos carecen de ese no sé qué que tenía su padre: carisma, atracción, persuación, personalismo.

Te puede interesar...

La tragedia anunciada se presentó una Noche vieja como hoy, hace 10 años. La virulenta relación entre Susana y Carlos terminó a las 3:35 de la madrugada del 1 de enero en la habitación matrimonial de la finca donde pensaban pasar sus últimos años de vida, en Paso Córdova, General Roca.

Susana, tras amenazar con suicidarse ante un Carlos apático y desinteresado, cambió su plan en una milésima de segundo y le disparó al rostro para borrarle la sonrisa socarrona que a ella le indignaba. Agonizó solo unos segundos y el desmadre fue nacional.

La historia está escrita en páginas que ya se han amarilleado, pero hay mucha información y desinformación que se encuentra por todos lados. También hay memorias vivas, secretos y fuentes reservadas que conservan detalles que poco se han transitado y preguntas que nunca nadie responderá, porque el poder permite los secretos a voces con una condición: que no se blanqueen.

Carlos Soria en su momento de más gloria política, cuando el voto de los rionegrinos lo consagró gobernador. (archivo)

Un amor de juventud

Susana era una joven bella con una luminosidad muy particular. Además, pertenecía a una familia adinerada en la localidad más importante de Río Negro desde el punto de vista político, General Roca. Desde allí se construye el camino hasta Viedma.

En Roca, en edad de secundaria, a Susana se le cruzó en el camino Carlos Soria, “un Gringo vistoso, entrador y atractivo”, describe una fuente. Soria era nacido en Bahía Blanca, pero desde 1962 su familia se había instalado en Roca. Se recibió de abogado y comenzó a participar en las filas del Justicialismo rionegrino. Ella se recibió de nutricionista.

La atracción entre los dos fue inmediata y los encuentros furtivos con Susana muchas veces lo llevaron a Carlos a faltar a alguna que otra reunión partidaria.

La relación fue clara desde el principio. Los dos convinieron apostar todo a la carrera política de Carlos, que era ambicioso y muy astuto. Ella, a cambio, resignó su carrera, pero para ser la futura primera dama. Mientras tanto se haría cargo de la familia, así fue como crió a sus cuatro hijos: María Emilia, Martín, Carlos y Germán.

El juego del poder

Soria supo tejer bien sus redes de contactos y en 1999 se convirtió en ministro de Justicia y Seguridad de la provincia de Buenos Aires, cuando la gobernaba Eduardo Duhalde.

Ingresó al cargo en octubre y en diciembre se convirtió en diputado nacional. Susana siempre lo acompañaba y todas esas reuniones del poder también la seducían. Los de abajo no entienden cómo todo ese ámbito del poder embelese y ciega, solo se descubre cuando uno mete los pies en el plato.

En 2002, cuando Duhalde quedó al frente de una caótica Argentina, puso a Soria a cargo de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE), que en lo profundo era manejada por Jaime Stiuso (Antonio Horacio Stiuso era su nombre real), director general de operaciones y un controvertido espía al que terminó echando el kirchnerismo tras la muerte sin esclarecer del ex fiscal de la causa AMIA Alberto Nisman. En la actualidad, Stiuso no vive para nada mal y su empresa consultora factura millones.

Retomemos, Soria estaba en 2002 a cargo de la SIDE cuando ocurrió la denominada masacre de Avellaneda, donde la Policía bonaerense asesinó a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki.

Rápido de reflejos, el Gringo escapó de las llamas y volvió al pago, Roca, donde construyó su candidatura a gobernador, pero perdió contra el radical Miguel Saiz.

De inmediato se rearmó y ese mismo año ganó la intendencia de Roca, localidad de la que estuvo a cargo desde 2003 a 2011.

Replegado en el sillón comunal, comenzó a construir poder. El arribo de los Kirchner a la Casa Rosada lo llevó a fortalecer sus lazos con Nación y, en 2011, Saiz estaba dinamitado y el Gringo disfrutaba en la cresta de la ola. Era casi imposible que perdiera esta vez la provincia.

Quien también hizo esa lectura fue el intendente de Cipolletti, Alberto Weretilneck, a quién el radicalismo lo había convocado para hacer una fórmula que impidiera que Soria les ganara.

Pero Weretilneck ya había hecho su jugada y apostó a ganador. Carlos y Alberto se convirtieron en gobernador y vice en las elecciones de agosto de 2011 y el 10 de diciembre asumieron la conducción de la provincia y la Legislatura.

“Me mandé una cagada, pero ya lo arreglé”

Con el paso de los años, los hijos fueron creciendo al igual que el poder de Carlos. A la pareja le quedó el nido vacío, pero al Gringo eso no le importaba porque estaba enfocado en su carrera política, mientras que para Susana todo pasó a ser un drama. Ir a francés, al gimnasio y participar en la organización de la Fiesta Nacional de la Manzana (que se hace todos los años en Roca) no llenaban el marcado distanciamiento que tenía la pareja.

Ambos se autorrecetaban ansiolíticos, Alplax. El Gringo los tomaba desde hacía tiempo y ella se los robaba a él, de acuerdo con lo que admitió la propia familia en el expediente y luego ratificaron en el juicio. Además, consumían alcohol todos los días, una mezcla para nada recomendable.

Susana había comenzado a sentirse entrada en años, pisaba los 60, eso lo comenzó a entender a la luz de las mujeres que integraban el gabinete municipal de Carlos y las distintas áreas. Todas eras más jóvenes y atractivas. A ella eso le comenzó a traer fantasmas de infidelidad que no se alejaban mucho de la realidad y así comenzaron sus pesquisas, perdida por los celos.

El propio Gringo en una charla con su hijo Germán le admitió: “Yo me mandé una cagada muy grande, ya la corté, ya me dejé de joder. Ya lo arreglé”.

Respecto de estos dichos, se intuyó que “la cagada muy grande” había sido una infidelidad, aunque se sospechó también de un embarazo producto del remate que hizo el propio Soria en su confesión: “Ya lo arreglé”.

En la sentencia quedó claro que “la gente del entorno político implícitamente le daba a entender que lo sabían, ellos le decían elípticamente ‘ya está resuelto, ya pasó’”. Sobre este aspecto siempre supo más su entorno que su familia, supuestamente, y hay más sombras que luces.

Por su parte, Susana, que solo tenía sospechas de que había una o más mujeres en la vida de su esposo, cada vez que podía le revisaba el celular, anotaba números para luego llamar, le leía los mensajes y hasta en alguna ocasión lo siguió con una amiga.

Durante su mandato como intendente, ya en los últimos años de su segundo periodo, cuando se perfilaba para gobernador, “en una de las ediciones de la Fiesta Nacional de la Manzana sacó a todas las mujeres de la primera fila. ‘Son todos gatos’”, confió un fuente política. Así describía a las funcionarias de turno del municipio. Siempre sospechó que andaba con alguna o que lo encubrían.

En público, Soria soportaba y se hacía el distraído, pero puertas adentro de la casa, las peleas eran cotidianas, al igual que los insultos y las amenazas de suicidio de Susana.

El juego del suicidio

“Los dos eran de carácter fuerte”, admitieron sus hijos, a la vez que aseguraron que sostenían violentas peleas donde “se insultaban, pero nunca se golpeaban”.

En medio de esas discusiones, Susana comenzó a amenazar con suicidarse.

¿Qué le había dado pie a esa idea? La muerte de Liliana Planas, esposa del ex gobernador de Neuquén Jorge Sobsich. Liliana Planas resolvió arrojarse del noveno piso de su departamento el 22 de diciembre de 2009. Sus motivaciones son parte de otra oscura trama de la historia del poder.

De hecho, en varias ocasiones, en el departamento que tenían en un sexto piso de Roca, Susana le solía decir: “Voy a terminar igual que Liliana”.

Esas amenazas, denominadas el juego del suicidio, Soria las vivía como un hostigamiento y, según se destacó en el fallo, cuando se cansaba le gritaba: “¡Loca de mierda, matate, hija de puta! ¿Hasta dónde querés llegar con esto? Agarrá tus cosas y tomátelas”.

Un día, en una de esas tantas discusiones seguidas del juego del suicidio, el Gringo intempestivamente abrió las ventanas de par en par y le dijo: “Matate, así me dejás de romper las pelotas”.

Cada vez que se producían esas discusiones subidas de tono, con amenazas, Soria terminaba estallando, y Susana se tomaba alguna pastilla y se llamaba al silencio.

Martín Soria hizo una descripción perfecta de la relación que tenían sus padres: “Se amaban profundamente o se odiaban profundamente de un momento a otro”.

La relación era sumamente toxica. En un intento por escapar de esa situación y ordenar sus ideas, Susana resolvió recurrir a una psicóloga. Pero como era la esposa del intendente, debía salir de su ciudad y de la provincia, por lo que consiguió una terapeuta en Neuquén a la que asistió a un par de sesiones.

Susana Freydoz

Cuando el Gringo se enteró, sus ojos se llenaron de furia y la paranoia le ganó la pulseada, por lo que lanzó una frase en tono amenazante: “¡Ojo con lo que vos andas contando por ahí!”.

Ese fue el punto final del intento de Susana por encontrar una mejora y procesar el infierno en el que vivían. De hecho, eso mismo entendieron los jueces a la hora de atenuarle la condena.

El último escándalo público que tuvieron fue posterior a ganar las elecciones provinciales dejando atrás 28 años de linaje radical. Carlos ya había asumido el cargo cuando el 17 de diciembre de 2012 había sido invitado a un programa en un canal de noticias, por lo que ambos salieron a caminar por Paseo Alcorta a la espera del horario de la entrevista.

La moza que los atendió era muy atractiva y utilizaba ropa que resaltaba la silueta. Al Gringo se le escapó una mirada y Susana, que estaba a la caza, lo advirtió y comenzó con sus quejas, no solo al marido, sino que trató de “gato” a la mesera. Finalmente, Carlos se paró y se fue.

Al regreso de la entrevista, en el departamento en el que estaban en Buenos Aires, encontró a Susana vestida con prendas ajustadas que eran de Emilia y le dijo al esposo ni bien entró: “Así te gusta que te atiendan”. Con poses sugerentes y tono provocativo.

Días después, el 22 de diciembre, al Gringo se le olvidó borrar un mensaje que había enviado y decía: “A pesar de todo te extraño”. Ese mensaje se lo mandó a una kinesióloga, de 36 años, con la que se comprobó después que tenía una relación. A partir de ahí, ese fin de año fue un descenso a los infiernos.

Un fin de año dantesco

Carlos llevaba 21 días a cargo de la provincia y Susana como primera dama, pero entre ellos nada había cambiado. Las peleas, los insultos y los celos seguían vigentes desde hacía dos años, agravado el escenario a partir del mensaje descubierto previo a la Navidad.

La reunión del 31 sería en la finca que tenían en Paso Córdova con los hijos, nietos y algunos amigos. Pero toda la jornada estuvo llena de escenas y provocaciones que advirtieron los casi 20 invitados.

De hecho, Martín, previendo la situación, amenazó con no ir si tendrían que soportar un escándalo entre ellos. Susana le prometió a su hijo que todo estaría bien, pero nada de eso ocurrió y la noche fue caótica.

Durante la tarde, Soria quiso colgar un llavero con forma de herradura que le habían regalado tras asumir la conducción provincial, pero ella se lo criticó, le dijo que era horrible y de muy mal gusto. Resultado: lo dejó y se fue al parque con pileta que tenían.

Ya en el ocaso del último día de 2011, llegó Martín con su familia. Traía un pernil y Carlos comenzó a filetearlo, pero Susana volvió a salirle al cruce: ¿“No ves que lo estás cortando muy ancho?”. Soria tiró el cuchillo carnicero sobre la mesa y le dijo: “Cortalo vos”. Y se fue al patio.

Cuando quiso prender el horno para calentar el pernil, Susana nuevamente apareció en escena: “¿No ves que hace calor?”.

Toda la familia y los invitados percibieron la situación como sumamente tensa e incómoda. Pero el show debía continuar.

Como hacía calor, el Gringo se metió a la pileta y ni bien sintió que las nietas se querían meter con el abuelo, Susana armó otro escándalo. “¿No ves que ahora las nenas quieren entrar y el papá no las deja?”, le dijo al esposo, que se sumergió para no seguir escuchándola.

Hasta esa hora, la mayoría había tomado unos daiquiris como aperitivos y durante la cena Susana bebió media botella de vino blanco y luego brindó por la llegada del 2012 con champán, pero no sin confiarle a la hija: “Viste que no quiso brindar conmigo, ¿cómo me puede hacer algo así?”. Ese brindis sería parte del fin.

Después de cenar, todos salieron a la galería a disfrutar la frescura que ofrece Paso Córdova y el Gringo, que también había tomado lo suyo, propuso hacer un karaoke y, como nadie se animaba, cantó una canción de Cacho Castaña y ella le dijo: “Dejá de hacer el ridículo”.

Nada iba bien. A la legua se notaba que la pareja estaba dinamitada y que pese a que sus hijos ya les habían sugerido separarse, ella no quería. Incluso, había comenzado a decorar la casa que iban a utilizar en Viedma.

El poder tiene esas cosas, ciega y muchos prefieren malvivir dentro que estar fuera de ese círculo exclusivo. A Susana le pasaba algo parecido. Acompañó y bancó todo el recorrido de Soria y ahora que por fin era la primera dama, no quería renunciar a ese privilegio que tan poco le iba a durar.

Lentamente, todos los invitados comenzaron a marcharse, salvo Emilia y su pareja, que pasarían la noche en la quinta para almorzar con sus padres y aprovechar la pileta de un día que se anunciaba caluroso. Todos se estaban yendo a dormir, pero en verdad nadie durmió.

¡Matate!

De acuerdo con los informes forenses y el relato principal que dieron Emilia Soria y su pareja Mariano a las autoridades, todos ya se habían retirado cerca de las 3:30.

Mariano se fue a acostar y Emilia junto con su madre se pusieron a levantar las bandejas de comida, vasos, platos. El machismo en su mejor expresión.

Susana sostenía una bandeja con copas cuando el Gringo paso por al lado y les dijo que él también se iba dormir.

Para Freydoz eso fue la gota que rebalsó el vaso, aunque, convengamos, todo había sido motivo de reclamo y pelea.

Soltó la bandeja sobre la mesa y el tintinear de las copas fue como un redoble de tambores previo a una escena de riesgo. Susana lo siguió a la habitación y con la puerta abierta comenzaron a discutir. Por vergüenza, Emilia corrió a cerrarla para que no escuchara Mariano.

Ella le recriminó que no haya brindado por el nuevo año, él se desentendió del tema y le dijo: “Susana, estás loca. No te aguanto más. Me voy a ir, a la mañana agarro mis cosas y me voy. Basta, me tenés harto”.

A lo que ella le dijo: “Por tu culpa vas a hacer que me mate, vos no me querés más, me voy a matar”. Esas frases fueron las que Emilia alcanzó a escuchar antes de alejarse de la puerta.

Freydoz fue condenada a 18 años de prisión por el crimen de su esposo, el ex gobernador Carlos Soria, en la madrugada del 1 de enero de 2012.

La escena de la discusión fue bizarra. Soria estaba acostado totalmente desnudo con las piernas cruzadas y las manos al costado del cuerpo. En ese momento, Susana tomó la Smith & Wesson calibre 38 que tenía Carlos desde su época en la SIDE y que guardaba en el segundo cajón de su mesa de luz, la martilló para darle más dramatismo a la escena y le anunció, siempre dentro del juego de suicidio, que ya había perdido sentido para Soria de tantas veces que había tenido que escuchar esas palabras. A lo que le respondió a la esposa: “¡Matate!”.

Cuando escuchó esa frase, Susana tenía el arma agarrada con las dos manos apuntando hacia el pecho o el mentón, pero fue tanta la bronca que le generó el desinterés de Carlos, que giró la 38 y le ejecutó un tiro certero en el pómulo izquierdo. Estaba a una distancia de 1,70 metros.

El proyectil fue letal, no obstante, la sangre que emanaba el gobernador se le colaba por las vías aéreas. La detonación y el grito “¡Emilia!” fueron casi en la misma milésima de segundo. Cuando entró la hija, vio el arma tirada sobre la cama y a la madre que caminaba de un lado a otro. Mariano acudió a su ayuda e intentó levantarle la cabeza para que no se ahogara en sangre, pero Soria moriría de todas formas.

Había que hacer algo con Susana, que quería “terminar lo que empecé”. Supusieron que se iba a suicidar, por lo que la encerraron en el baño y al minuto Mariano y Emilia se miraron y entendieron que no era el lugar más seguro de la casa porque estaba lleno de psicofármacos y tijeras, así que la sacaron y la llevaron al comedor.

Abrieron la puerta de la casa, que tenía alarma, y cuando llegó la custodia, ubicada en una garita a cien metros, le pidieron que llamaran a una ambulancia.

Emilia le avisó a Martín, que regresó a toda velocidad y vio a su padre en la cama muriendo o tal vez ya muerto. La sangre había teñido casi toda la almohada de rojo y su rostro caía sobre la zona derecha del pecho.

Al ver a la madre, Martín desató toda su furia pegando un fuerte puñetazo contra la pared y le preguntó: “Hija de puta, ¿qué le hiciste a papá?”.

Martín Soria, todavía en shock pero más tranquilo, describió que su madre tenía la mirada oscura de un perro rabioso después de haber atacado.

Cuando llegó la ambulancia, Soria estaba muerto. Pero como era el gobernador, los profesionales se esforzaron por hacer todo tipo de maniobras para estabilizarlo. Pudieron ventilarlo intubando por la tráquea, canalizarlo, le infundieron líquido y drogas como adrenalina, todo eso camino al hospital y en terapia intensiva, pero fue en vano.

La autopsia dejó en claro: “Fue un disparo en el cráneo que provocó lesiones destructivas y hemorrágicas del lóbulo temporal y occipital izquierdo y del seno venoso sagital, producidas por el paso del proyectil, como además la penetración de múltiples esquirlas del proyectil y múltiples fragmentos óseos que afectaron también el hemisferio cerebral derecho”.

Por más que un equipo médico de alta complejidad hubiese llegado en la mitad del tiempo que le tomó a la ambulancia hacerlo, unos 40 minutos por la distancia, nadie hubiera podido salvar al gobernador, a esa altura ya ex gobernador.

Impacto, puja y juicio

El jefe de la Policía rionegrina fue el primero en tomar conocimiento del magnicidio. Llamó de inmediato al vice, pero Weretilneck tenía el celular apagado y esa noche se había ido a dormir pensando que no tenía que aceptar la renuncia de dos miembros de la Superior Tribunal de Justicia rionegrino.

“El Gringo le había dicho que había dos a los que no les iba a dejar ni cobrar jubilación y los iba a hacer destituir en un jury”, confió una fuente política.

Lo cierto es que el jefe de la rionegrina llamó al chofer de Alberto y este fue de inmediato hasta la residencia del vice, que mientras dormía se transformó en gobernador interino y dos días después juró al mando de la provincia.

Referentes justicialistas de peso en Río Negro, como Miguel Ángel Pichetto, estaban enardecidos. Ya la muerte de Soria, a las pocas horas de ocurrido el crimen, era cosa del pasado y lo que ellos veían era que a los justicialistas el poder solo les había durado 21 días.

Weretilneck debió soportar todo tipo de presiones, se podría escribir un libro, pero no lo harán por diplomacia. Lo cierto es que tras soportar las embestidas y huracanes, Alberto salió fortalecido, renovó el cargo por cuatro años más y en la actualidad es senador nacional. Se intuye que volverá a retomar la conducción de la provincia en las próximas elecciones.

Todos los medios se hicieron eco del crimen y también cubrieron el juicio al cual Susana Freydoz llegó acusada por homicidio calificado por el vínculo y agravado por el uso de un arma de fuego. Hubo un intento de hacerla pasar por inimputable, pero las pericias forenses psicológicas y psiquiátricas definieron que tenía plena conciencia de lo que hacía.

Sus ideas obsesivas y el abuso de Alplax con alcohol no sirvieron ni para declarar que padeció un delirio, ni bipolaridad. De hecho, uno de los forenses remarcó: “Posterior al hecho dijo ‘los arruiné’, que es una frase valorativa. Luego la señora dijo ‘no lo quise matar’, lo que representa un pedido de disculpa”. Es decir, Freydoz habrá sido en todo caso impulsiva, pero con conciencia de la realidad, por lo que la inimputabilidad no logró prosperar.

Ella jamás declaró en la causa, permaneció varios meses internada en el hospital público de Cipolletti. No presenció ninguno de los testimonios del juicio.

El 20 de noviembre de 2012, la Cámara Criminal Primera de Roca integrada por Carlos Gauna Kroeger, María Eugenia García Balduini y Fernando Sánchez Freytes resolvió condenarla a 18 años de prisión. Además, se ordenó su inmediata detención una vez que quedó firme la pena, cosa que ocurrió unos meses después.

Pastillas con pomelo

Tras quedar firme la decisión judicial, en abril de 2013 dieron el aviso para que Susana fuera trasladada del hospital a la cárcel de mujeres de Roca.

Para Freydoz era la debacle, ella que fue por ocho años la primera dama de Roca y por unos días de Río Negro volvía al pueblo que la vio crecer para pasar los días tras las rejas.

El día del traslado, Susana pidió bañarse y estuvo con una enfermera que la acompañó. En determinado momento fue al baño, donde tenía una botellita de gaseosa de pomelo y sacó un frasco con pastillas y las consumió.

De inmediato fue socorrida y le hicieron un lavaje de estómago. Los hijos pidieron autorización y la derivaron para ser asistida en la Clínica Abril de Buenos Aires.

En la causa, los hijos se presentaron como querellantes y hubo unos 60 imputados, pero como principales aparecía la directora y la encargada de salud mental.

Se pidieron distintos peritajes respecto de la salud mental de Freydoz, que como estaba en Buenos Aires, el juzgado de Roca lo tuvo que pedir por exhorto, por lo que intervinieron peritos forenses de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) que descartaron su insania mental y afirmaron que tenía que ir presa.

Lo que entendieron los forenses que analizaron el caso fue que la dosis que ingirió nunca la hubiese matado, además, en el lugar que lo hizo, un hospital, recibiría asistencia en forma inmediata. La única finalidad del intento de suicidio fue no ir a parar a la cárcel de Roca, por lo que quedó en el penal de mujeres de Ezeiza.

Los hijos de Freydoz y Soria, que se habían presentado como querellantes en dicha causa por intento de suicidio, desistieron de la acción y una fuente confió que el Cuerpo Forense de la CSJN nunca cobró por sus honorarios respecto de la pericia realizada.

Con relación a las pastillas, si bien nunca quedó claro cómo llegaron a manos de Susana, sí se dejó estableció que ese medicamento lo llevaba y lo entregaba a las médicas su hija Emilia, “porque era un medicamento muy caro que no tenía el hospital público y ellos se encargaban de comprarlo”, confió una fuente del judicial.

Con domiciliaria en Neuquén

Por cuestiones de salud, el Juzgado de Ejecución de General Roca dispuso la prisión domiciliaria con tobillera electrónica para Susana Freydoz, en enero de 2020, a ocho años del crimen.

De acuerdo con lo relevado, Susana está en la casa de una familiar directa, donde debe realizar tratamiento médico-psiquiátrico y cumplir con reglas de conducta tales como fijar domicilio, notificar cambios si así acontecieran, abstenerse de consumir estupefacientes no recetados o de abusar de bebidas alcohólicas, y no cometer nuevos delitos.

A la hora de tomar la decisión, se tuvo en cuenta que -según lo establecido en el artículo 32 de la ley 24660- el "Juez de Ejecución podrá disponer el cumplimiento de la pena impuesta en detención domiciliaria al interno enfermo cuando la privación de la libertad en el establecimiento carcelario le impida recuperarse o tratar adecuadamente su dolencia".

El permiso de domiciliaria le fue otorgado después de que el juez de ejecución recibiera una serie de informes sobre la situación de Freydoz y las condiciones de la vivienda donde cumple con la domiciliaria.

A la distancia, ¿cómo sería ese juicio hoy?

“La verdad, sería imperdible. Ningún funcionario judicial no apelaría a la perspectiva de género”, confió un funcionario. A la vez, otro dijo: “Las miserias que salieron en el primer juicio no serían nada comparadas con un abordaje de violencia de género. Hasta me arriesgo a que no hubiese recibido tremenda condena”.

“Es interesante, analizando el contexto en el que estaba sumergida, más allá de lo tóxico de la relación, podríamos hablar de una mujer que estaba sin salida”, remató otro letrado.

Con el paradigma de género instalado, hasta la investigación del crimen tendría otra mirada e incluso quizás los hijos hubiesen reaccionado antes para que la situación no llegara a semejante punto.

“Si Susana rompe el silencio y cuenta todo lo que vivió, no solo sería terapéutico, sino que le daría un poco de paz. Pero para la trama del poder no creo que la deje abrir la boca”, remató un profesional de la salud.

Leé más

Noticias relacionadas

Dejá tu comentario