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Sepúlveda fue baleado a muerte por un empleado provincial harto de los robos

La fiscalía sostiene que el acusado, empleado de la Subsecretaría de Seguridad, lo persiguió y le disparó con una carabina calibre 22 al encontrarlo robando.

Alfredo Martín López Boudet (44) es el empleado provincial de Seguridad y vecino de Senillosa que, aparentemente cansado de los robos sufridos, persiguió y mató a Juan Guillermo Sepúlveda (25). La fiscalía lo acusó como autor del crimen del joven en un contexto de justicia por mano propia, pero los indicios que permiten reconstruir el hecho no juegan a su favor y lo enfrentan a una condena de prisión efectiva.

Según relató este jueves en audiencia la fiscal del caso María Eugenia Titanti como su teoría provisoria, el crimen ocurrió "entre la noche del 18 de octubre y la madrugada del 19", cuando Sepúlveda se presentó en la propiedad de quien luego se convirtió en su agresor.

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"Juan Guillermo Sepúlveda ingresó a la parte trasera del terreno del señor López, ubicado en Benito Espinoza 265, en donde se encuentra una vivienda deshabitada (el acusado habita otra vivienda dentro del mismo terreno). La víctima había ingresado a este domicilio a los fines de sustraer ilegítimamente elementos del lugar. Allí, advirtiendo López el ingreso por parte de Sepúlveda a su vivienda, tomó un arma de fuego de su propiedad -presumiblemente una carabina calibre 22- y con esta arma comenzó a perseguir a la víctima hacia afuera de su terreno. Luego de recorrer aproximadamente 30 metros y ya en el exterior de la vivienda referida, en un sector lindante a un desagüe, López le efectuó al menos dos disparos con el arma referida", detalló la fiscal.

Esas dos heridas de arma de fuego fueron constatadas posteriormente en la autopsia forense. Una de ellas ingresó "en el lateral izquierdo del abdomen de la víctima, dañando su intestino", mientras que el segundo proyectil ingresó "en el sector lumbar haciendo un recorrido de abajo hacia arriba y dañando el diafragma y el corazón. Producto de los mismos, la víctima cayó al desagüe mencionado y murió casi de inmediato producto de la lesión cardíaca".

Como ya se sabe, el día 19 y tras varias horas sin noticias de él, su familia denunció su desaparición. El Departamento de Seguridad Personal de la Policía y la Fiscalía de Homicidios iniciaron una búsqueda inmediata, entrevistaron allegados y vecinos y rastrillaron toda la zona. Su cuerpo recién apareció en el mismo lugar donde se estima que ocurrió el deceso, siete días más tarde, el 25 de octubre.

Una desaparición, muchas hipótesis

La familia de Juan Guillermo comenzó a moverse el día 19, seguros de que la ausencia del joven y falta de comunicación debía significar que algo malo le había pasado, principalmente porque no era propio de él irse de su domicilio sin dar noticias de su paradero durante tanto tiempo.

Su padre, Juan, fue quien se acercó a la Comisaría 11 a denunciar la desaparición y rápidamente acudió también a los medios para conseguir difusión de la imagen de su hijo. En ese contexto, aportó que la víctima había dejado su casa la noche del 18 "para ir a cobrar un dinero" a lo de un vecino, pero también planteó una segunda posibilidad.

Sobre esta línea, admitió a los medios que su hijo tenía antecedentes y aseguró que cada tanto llegaba "golpeado" y estaba "amenazado" hacía más de un año por un policía de esa localidad.

“Este hostigamiento fue denunciado a la Fiscalía. Me contó que la comisaría lo amenazaba con un arma y que cuando se descuidara lo iban a cagar matando y hacer desaparecer. Eso es lo que él me dijo cuando llegó golpeado una vuelta a mi casa”, sostuvo el hombre a LMNeuquén el 24 de octubre, aunque en realidad no consta en la información aportada a la fiscalía.

Es que al momento de ser entrevistado por los investigadores, tanto él como la pareja de Juan Guillermo hicieron saber que el joven había salido a robar -algo que hacía con frecuencia y por lo que tenía varias causas en proceso- y que ya no había regresado.

El asistente letrado Bruno Miciullo, quien detalló la evidencia reunida, hizo conocer que la pareja y madre de los hijos de Sepúlveda informó que él salía a robar todas las noches alrededor de las 22 y regresaba a más tardar a las 2 de la madrugada.

Amigos del joven asesinado incluso hicieron saber que ya habían robado en la vivienda de López en noches anteriores y en grupo, y que la noche de su desaparición, Juan Guillermo acudió solo con el objetivo de hacerse con "un tanque de agua".

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El presunto asesino quiso cubrir sus pasos

A medida que avanzaban las horas con el joven desaparecido y sin indicios certeros, la búsqueda comenzó a intensificarse hasta sumar la colaboración de perros olfateadores y buzos. La única pista -al menos pública- de que algo podía ir mal, fue el hallazgo de una de las botas de Juan Guillermo, el día 22 de octubre.

Dos días antes, sin embargo, el presunto asesino hacía su primer intento por desviar la investigación al denunciar un robo de pertenencias en su terreno, aunque indicó que él "no vivía allí". Indicó que además de encontrar la puerta de la vivienda deshabitada forzada, le habían desaparecido diversos elementos e incluso su tanque de agua había sido removido de lugar, aparentemente para ser retirado luego por los ladrones.

Como es de rigor, una comisión policial fue enviada al lugar para realizar una inspección ocular, y ante la insistencia del vecino -aunque no correspondía porque no se trataba del lugar del hecho-, los efectivos se acercaron también al desagüe a unos metros de allí a revisar. El cuerpo de Juan Guillermo no fue hallado en ese momento.

Los policías a cargo de la inspección confirmaron que la puerta del inmueble estaba forzada y el tanque removido, pero negaron la presencia de indicios "de lucha, pelea o agresión; de arrastre; vainas servidas ni manchas de sangre".

La declaración de López se debilita al sumar la declaración de su pareja, que señaló que el hombre efectivamente vive en ese terreno y que esa noche él se encontraba allí, lo que es ratificado por la señal emitida por su celular la noche del 18. Incluso sus propios vecinos aseguraron que López Boudet vivía en ese lugar.

Por otro lado, aunque se descarta la vivienda como el lugar del crimen, al hacer el recorrido que coincide con la hipótesis de la fiscalía, tampoco se encontraron indicios de relevancia. El arma homicida tampoco fue hallada, aunque la ANMAT emitió un informe que da cuenta de que López Boudet registra una autorización para poseer y utilizar una carabina calibre 22 (coincidente con los proyectiles que dieron muerte a Sepúlveda) desde 2010.

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Detenido por seis meses

Es por todo esto que la fiscalía acusó a Alfredo López como autor del delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego. Además, consideró probados los riesgos de fuga y entorpecimiento y solicitó el dictado de una prisión preventiva para el imputado por el plazo de seis meses. El querellante Maximiliano Orpianessi adhirió a ambas cuestiones.

"Es un hecho que se ha ejecutado con absoluto desprecio por la vida humana. La reacción de López ha sido completamente desmedida, reaccionando incluso con una persecución hasta un sector externo de su inmueble, donde ya se encontraba seguro y la víctima huyendo", expresó el letrado Miciullo, quien además agregó que según el médico forense que examinó el cuerpo, Juan Guillermo se encontraba ya indefenso, "agachado o agazapado" al recibir el disparo mortal.

Subrayó también que el joven "iba desarmado" y buscaba robar en domicilios deshabitados. "El imputado no llamó para que se lo asistiera (a Sepúlveda), no se acercó para ver si seguía con vida. Lejos de una actitud compasiva o de retracción de lo que había hecho, lo dejó en ese sector", señaló y opinó: "El imputado trabaja en (la Subsecretaría de) Seguridad, por lo tanto debía tener conocimiento de cómo se debía arreglar esta situación".

Por último, aunque admitió que si bien "no hay prueba directa para probar la autoría (del crimen), los indicios que apuntan a López son unívocos".

Por su parte, la fiscal Titanti también hizo hincapié en el aparente ocultamiento del arma y una limpieza de la escena, ante la falta de vainas y otros indicios.

No obstante, los defensores particulares Elio García y Guillermo Sandoval se opusieron a la medida más gravosa. Solicitaron, en su lugar, que el acusado recupere su libertad por no considerar acreditados los riesgos apuntados por la acusación, y que sólo se le imponga una restricción de acercamiento y contacto a la familia de la víctima y testigos.

Subsidiariamente, pidieron que se le otorgue una medida menos gravosa, la de detención domiciliaria, a cumplir en la casa del hermano de su defendido.

Tras analizar los pedidos de las partes, el juez interviniente, Lucas Yancarelli, tuvo por formulados los cargos y dictó la prisión preventiva requerida por los acusadores. El magistrado consideró que "desde el primer momento, el imputado ha entorpecido la investigación" y expresó en relación al crimen que "el imputado pudo haberlo reducido (a Sepúlveda), pudo haberlo asustado incluso con el arma sin apuntar a su humanidad, pudo haber avisado a las autoridades".

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