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Raúl Saralegui, el mozo más famoso, se retiró de Plaza Bar

Tras dedicarle 66 años de su vida a ese rubro, ayer decidió retirarse para pasar tiempo con su familia y tratarse un problema de salud que le afecta las rodillas.

Raúl Saralegui es un verdadero emblema de la gastronomía cipoleña. Tras dedicarle 66 años de su vida a ese rubro, ayer decidió retirarse para pasar tiempo con su familia y tratarse un problema de salud que le afecta las rodillas. Es la cara visible de Plaza Bar desde el 2000 y, pese a estar jubilado hace más de 10 años, nunca abandonó la atención al público.

Nació y pasó su niñez en Bahía Blanca, y a los 10 años se mudó a Villa Regina con su familia. Con apenas 12 años comenzó como bachero en un bar de la ciudad, y luego fue el mozo de la confitería del Club Círculo Italiano. En plena adolescencia, Raúl ya había aprendido todas las técnicas de la actividad y contaba con la experiencia necesaria para emprender vuelo solo. Y así fue. Tras el servicio militar obligatorio desembarcó en Cipolletti y los bares de la región se peleaban por tenerlo en su plantel.

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“Llegué a Cipolletti en 1970 porque me contactaron desde un boliche para trabajar en la barra. Después trabajé en un bowling que estaba en calle Roca, en un café concert y en una confitería en el centro de Neuquén. En el 2000 abrió Plaza Bar y los dueños, que ya me conocían y sabían cómo trabajaba, me propusieron formar parte de su equipo”, contó Raúl en diálogo con LM Cipolletti.

“A Cipolletti llegué solo, y en 1975 conocí a quien hoy es mi esposa, Mabel Rosa Lillo. La conocí mientras trabajaba en un boliche. Nos casamos hace ya 40 años y tuvimos dos hijos. También tengo una hija de cuando era soltero. Mi familia es hermosa y ahora es tiempo de dedicarme a ellos, y también a mí”, explicó el mozo más famoso de la ciudad.

66 los años que Raúl trabajó en bares y confiterías. Ayer se despidió de Plaza Bar.

Un problema de salud que le afecta las rodillas y le provoca un intenso dolor muscular hizo que deje su bandeja y que su labor en el bar se limite a las tareas detrás de la barra en la que prepara cafés, platos y hasta tragos.

Se jubiló en el 2008, pero la pasión por su trabajo le impidió retirarse. Decidió continuar en actividad en el tradicional local gastronómico. “Cada vez que la confitería cambiaba de dueño, me llamaban. Son muchos años y coseché mucho cariño de la gente”, relató Saralegui en su último día de trabajo. Desde que se supo que, ahora sí, se retiraba, fueron muchos los clientes que pasaron a despedirse.

El mozo afirmó que Plaza es la confitería que más trabaja en la ciudad porque está ubicada en una cuadra privilegiada, frente a la plaza y rodeada de bancos. “Pero, además, hay que sumarle la buena atención de los empleados. Acá la gente viene porque se siente bien atendida y porque sabe que los productos que consume son de calidad”, aseguró, tratando de explicar el porqué del éxito gastronómico del lugar que logró perdurar hasta en tiempos de crisis y en el que ayer despidió su larga carrera.

Enamorado de la ciudad y de Cipo

Por su vínculo con Círculo Italiano, Raúl se convirtió en hincha. Sin embargo, cuando se mudó a Cipolletti, enamorarse del Albinegro fue inevitable. La sorpresa llegó cuando debió volver a Regina. “Esa tarde me vieron gritando los goles de Cipo, y gente que me conocía me dijo de todo. Me creían un traidor, pero yo adopté a Cipolletti como mi ciudad y al Albiengro como mi equipo”, afirmó.

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