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Primeros pobladores: la familia Fernández Carro, pioneros de Allen

Llegó desde España y fue uno de los impulsores del desarrollo de la región.

En unrecorrido por las vidas de las familias adelantadas en poblar la Norpatagonia, nos encontramos con muchas arribadas a fines del siglo XIX y la mayoría en el siglo XX. Todas ellas conformaron el entramado social, político y económico de la región.

Sus descendientes son los encargados de recrear la memoria a través de la magia de la historia oral que se nutre de sus relatos. Este recorrido no lo encontramos en archivos ni repositorios sino que se basa en los recuerdos.

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Una de ellas es la de Domingo Fernández Alonso

En las últimas décadas del siglo XIX en la Provincia de León, España, la prosperidad que se estaba viviendo, dio un rápido giro debido al progreso. Había llegado el ferrocarril y cambió la estructura económica de la región.

La rica comarca de los Maragatos, principalmente agrupados en la comunidad autónoma de Castilla y León, reúne varias sub comarcas, dentro de estas, la Ciudad de Astorga.

Los maragatos recibieron el nombre de los vocablos "mauri capti" (moros cautivos) o de “mauro gotho”, al entender que provenían de aquellos moros y godos que convivían en España, y que al aliarse, relacionarse y casarse, dieron origen a hijos que no eran ni moros ni godos, sino "maurogothos" (maragatos).

Esta región, compuesta por prósperos comerciantes, en carromatos con tracción a sangre, recorría el centro y oeste de España, vendiendo principalmente productos artesanales que producían en su comarca.

Los maragatos, aparte de ser arrieros, se dedicaban a la agricultura y al cuidado de las recuas de mulas, necesarias para su trabajo. También se dedicaban a la actividad textil.

Se habían consolidado como comerciantes, agricultores y manufactureros, desplazando sus mercaderías de un lugar a otro en carros tirados por caballos. Así habían surgido familias de prósperos trabajadores, que impulsados por el comercio, crearon “empresas” de producción y distribución dentro de la comarca. Distintos productos eran fabricados y llevados al consumidor en su lugar de residencia.

La ciudad de Astorga, capital de la Maragatería, junto con Somoza, producían y manufacturaban los productos del campo y la ganadería, lana, quesos, carne, dulces y cuanto producto se pudiera consumir en la ciudad.

El progreso apareció, llegó el ferrocarril, lo que significó un antes y un después para muchas familias, fundamentalmente comerciantes, que debieron adaptarse al nuevo trasporte, terminando con el tradicional comercio de productos transportados en carromatos.

Este hecho histórico, determinó que algunos Maragatos decidieran emigrar a distintos lugares del mundo, principalmente Sudamérica.

Argentina fue uno de los países elegidos por sus bondades de progreso, siendo Carmen de Patagones un punto de concentración de estos inmigrantes, que actualmente se auto reconocen como Maragatos.

El inicio de la historia

Domingo Fernández Alonso, joven Maragato, nacido el 8 de mayo de 1870 en el pueblo de Santa Coloma de Somoza, a 16 kilómetros de la ciudad de Astorga, hijo de comerciantes, vio frustrado su futuro y decidió migrar hacia la tierra prometida buscando lo que él y su familia había perdido: el progreso.

En el año 1893 decidió embarcarse hacia Argentina, detrás de su futuro y que hoy relatamos es parte de nuestra historia. En ese entonces había establecido una relación sentimental con Manuela Carro Fernández, nacida el 16 de mayo 1886, joven que vivía en su misma ciudad. Ella pertenecía a una familia adinerada, con muy buen estatus social, que incluso tenía una hermana que estaba en una orden religiosa cristiana como monja.

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La familia Fernández Carro.

El amor entre ellos fue muy fuerte, tanto que Domingo partió con la promesa de regresar en su búsqueda en cuanto la tierra prometida le permitiera cumplir el deseo obsesivo de consagrarse en América.

Así fue que con un hermano suyo Nicanor Fernández Alonso, un primo de su prometida Enrique Carro, y algunos amigos como Celestino Delanna, Criado, Crespo y otros más, luego de largo tiempo de navegación, llegaron a Carmen de Patagones, punto de reunión de Maragatos inmigrantes en el año 1893.

Lograron adquirir abundantes tierras en el departamento de Picun Leufu, fundando la estancia Cabo Alarcón, mismo nombre del fortín establecido en ese lugar, dedicándose a la ganadería y cría de lanares, abasteciendo a la región de Neuquén con tan preciado producto.

Tenían, como en su pueblo Santa Coloma de Somoza, una tropilla de caballos con la cual arrastraban los carros que traían la producción lanar para su venta en Neuquén.

La historia oral, trasmitida a través de cuatro o cinco generaciones, cuenta que Don Domingo Fernández viajó nuevamente a su origen, León, contrajo matrimonio con su prometida, el 25 de julio de 1898, Doña María Manuela Carro Fernández y tuvo en España a su primera hija Catalina Fernández Carro (Cata), que nació en el año 1889.

Regresó nuevamente a Argentina con su flamante esposa e hija a la estancia Cabo Alarcón, que compartía en propiedad con su hermano Nicanor, luego de 2 años de su partida.

Cuentan que junto a su esposa María Manuela traía en su viaje a las prometidas de algunos de los acompañantes en su aventura, para que desposaran en este país.

En la Estancia, ubicada a 140 Km de Neuquén hacia el sur, en ese entonces Territorio Nacional, nacieron sus hijos Julio, en 1901, Isolina, en 1903, Domingo (Golo), en 1905, Manuela (Ica) Fernández Carro, en 1907, y Teodoro (Doro), en 1909.

En 1910, los patriarcas Don Nicanor Fernández quien se había casado con su pareja de apellido Soteras, y Don Domingo Fernández Alonso, junto a su esposa, deciden disolver la sociedad familiar dedicada a la ganadería, quedando Nicanor con la propiedad de la Estancia Cabo Alarcón.

Actualmente gran parte de la estancia, su casona familiar y el cementerio donde yacen dos hijas mellizas que fallecieron tempranamente, fueron cubiertos por las aguas de la represa del Chocón en la década de 1970.

Domingo Fernández Alonso con el dinero de la venta de la estancia, se trasladó al Valle de Rio Negro demorando casi 30 días en el recorrido en un carro tirado por caballos, que aún se conserva, único medio de locomoción en ese momento.

Llegó a Allen, adquirió una chacra de 50 hectáreas sobre la actual Ruta 22 en la zona de Coronel Martín Guerrico, que dedicó a la producción vitivinícola, fundó la Bodega “Ciudad de Astorga” con sus vinos “Dominguito”.

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El almacén de ramos generales Don Domingo.

El almacén de ramos generales Don Domingo.

Junto con la Bodega fundó un Almacén de Ramos Generales que se llamaba Don Domingo. Actualmente, el almacén sigue en el lugar, es propiedad de los herederos y se ha llamado hasta hace poco tiempo “El Pobre Onofre”, nombre que proviene de su último inquilino.

Fue en ese almacén en la década del ’20 donde ocurrió un hecho delictivo que fue protagonizado por un famoso bandolero conocido como Bairoleto. Cuentan que llegó junto a sus secuaces, asaltaron al almacenero de turno matándolo a él y a su hija.

La llegada a Allen, fue en el año 1910, cinco años antes que fuese fundado oficialmente el pueblo por Piñeiro Sorondo, que también se dedicaba a la vitivinicultura con su bodega “Barón de Rio Negro”. Allí nacieron sus otros hijos Alfredo en 1912, Haydee en 1914, Marcelino (Chicho) en 1915.

En 1917, Doña Manuela Carro Fernández, luego de una probable enfermedad infecciosa, debió ser trasladada de Bahía Blanca para su tratamiento, ya que en la zona no había complejidad para hacerlo.

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En una carta de su puño y letra, dirigida a su esposo Domingo desde Bahía Blanca, le encarga cuide a sus hijos, y a Julio, su hijo varón mayor, que se haga cargo del almacén que juntos explotaban, y augurios que pronto volvería a estar en el seno de la familia.

Este deseo ferviente de Doña Manuela, nunca se cumplió, una complicación medica, como la infección generalizada pudo más que su deseo de vivir y a la temprana edad de 31 años falleció dejando su numerosa familia en soledad.

Asistida por su esposo Domingo, su hija Catalina se consagró a la crianza y cuidado de sus hermanos, tanto que jamás se casó, falleció en la misma Bodega a los 85 años de edad.

Una nueva etapa familiar

Fallecida Doña Manuela Carro, la vida continuó su camino y la familia comenzó a ser liderada por Don Domingo y su hija Catalina, que en ese momento tenía 15 años y era la mayor de los hermanos.

Catalina se hizo cargo de la casona familiar, de sus hermanos y de su padre. Con mano fuerte fue la guía de todos ellos, ocupo el lugar que su madre María Manuela muy tempranamente había dejado vacío.

El trabajo y el tesón, llevó a tener un muy buen pasar económico de todos ellos, tanto que uno de los primeros vehículos automotores del pueblo de Allen, fue el de la familia Fernández Carro.

Hoy la familia Fernández Carro se ha convertido en un enorme grupo de descendientes que nunca dejaron atrás su historia, fruticultores, enólogos, comerciantes, docentes, agrónomos, contadores, abogados, médicos y fundamentalmente gente orgullosa de su pasado y de sus raíces.

Nietos y bisnietos han armado el árbol genealógico a partir de Domingo y María Manuela intentando completar la historia de quienes han hecho posible esta gran familia, recopilando información y datos.

Las Chacras de Allen y Fernández Oro continúan en poder de sus descendientes, Algunos viven en la provincia de Neuquén ejerciendo sus profesiones y otros en la Ciudad de Buenos Aires.

La relación con los descendientes de Doña Manuela Carro y Don Enrique Carro, ex intendente de la ciudad de Neuquén, primo de ella y que la acompañó en su epopeya se mantiene viva, Abelli, Prezzoli, Diez, Grieco, Huerta, Peña, Escudero, García, Aragón, Badariotti, Vázquez, Líseri, Kovalow, son apellidos que se han agregado a la familia y todos han contribuido a formar la Gran Historia de nuestro querido Valle de Río Negro y Neuquén.

Más de 70 descendientes se juntan anualmente en Allen disfrutando de un gran encuentro familiar, afianzando lazos para las nuevas generaciones y que ellos sigan trasmitiendo historias, cultura y anécdotas de sus raíces, el gran fin, mantener presente a la familia y con el orgullo de ver crecer el Valle por obra de sus manos.

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Los descendientes de la familia Fernández Carro.

Los descendientes de la familia Fernández Carro.

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