El clima en Cipolletti

icon
21° Temp
32% Hum
LMCipolletti

Policías complican al clan Montecino

Dos efectivos de Toxicomanía de Neuquén y otro que fue exonerado revelaron información que constata el vínculo entre Cipolletti y Centenario para la distribución y comercialización de droga.

Informantes, escuchas telefónicas, observaciones en el campo y filmaciones les permitieron conocer cómo operaba la supuesta banda narco.
 

Dos policías neuquinos de Toxicomanía y un tercero que fue exonerado confirmaron ayer la conexión entre Cipolletti y Centenario del clan Montecino y mencionaron los vínculos de cabecillas y colaboradores de la organización que habría liderado el negocio de la droga en el Alto Valle.
Se valieron de informantes, escuchas telefónicas, observaciones en el campo y filmaciones para seguir las operaciones ilegales de la supuesta banda narco.  
El ex policía neuquino Jhonatan Gómez, procesado en otra causa por tráfico de droga, inauguró ayer la rueda de testigos en el juicio que sigue el Tribunal Oral Federal de Neuquén en AMUC, contra el núcleo encabezado por los hermanos cipoleños Héctor y Ruth Montecino.
Su interrogatorio fue muy extenso, no tanto por ofrecer detalles sino más bien por la cantidad de veces que la defensa presentó objeciones en el debate y puso en duda la credibilidad de Gómez como testigo.
En el medio, una de las imputadas, de Centenario, se descompuso y tuvo que ser trasladada en una ambulancia al hospital.
Gómez no era un testigo más. El hombre –imputado en otra causa por filtrar datos– fue el policía que dio inicio a la investigación que llevó a juicio a 23 acusados. Dio el puntapié al vigilar el domicilio de Miguel Ángel Nacimiento y su mujer, Edith Montecino, en Centenario (ver aparte).
Luego, dijo ampliar su radio de vigilancia hacia otras viviendas, todas ubicadas en el barrio Trabun Hue. Mencionó a Vanesa Montecino, familiar de Edith; Cecilia Soto y su pareja Nicolás Reyes.
“Veía gente que entraba, se quedaba uno, dos minutos y salía”, apuntó Gómez, como movimiento compatible con la venta al menudeo de estupefacientes.
También realizaba filmaciones y en una oportunidad aseguró captar una maniobra de “pasamanos” en la casa de Nacimiento. “Fue muy claro, pasaron por debajo de la reja un envoltorio de nylon, no me acuerdo si fue Nacimiento o su mujer”, dijo.
El testigo aseguró que al realizar tareas de inteligencia en ese barrio, simulando que arreglaba un vehículo, en una oportunidad registró en imágenes a Héctor Montecino en la casa de Nacimiento.
Su intervención se extendió por el lapso de seis meses y en la medida que la causa avanzó hacia Cipolletti, otros efectivos tuvieron que sumarse. Uno de ellos, que sigue en actividad, se abocó a la tarea de escuchar alrededor de 50 teléfonos, y el meticuloso desempeño que tuvo en la investigación arrojó ayer detalles de gran valor.
A cargo de las desgrabaciones, pudo advertir la ligazón entre Nacimiento y su mujer con Héctor. Incluso llegó a pasar por interesado en la compra de un auto para entrevistarlo; y en una oportunidad lo siguió de Centenario a Cipolletti. “Iba en su camioneta Ranger color roja”, sostuvo.
A esto añadió que el dominio del Focus que investigaron estaba a nombre de su hija.
“Acordaban que tenían que verse. Las comunicaciones al principio eran codificadas, y luego se pudo establecer, con el avance de la causa, que se encontraban para la compra y venta de estupefacientes”, expresó.
 
Comunicaciones codificadas
Recordó que en lugar de marihuana decían “humo”, “g” de gramos, “k” de kilos; y a la cocaína la llamaban “tiza”, “blanquita”, “tableta” o “chori doble”.
El paso siguiente fue centrar la atención en Cipolletti, porque del cruce de llamadas surgieron otras personas.
“Los reportes eran muy claros”, sostuvo el testigo, a tal punto que enfatizó: “Logré llevar la contabilidad de lo que tenían”.
En uno de los reportes detectó el teléfono fijo de Montecino y, luego del cruce de llamadas, estableció su número de celular.
Dijo que al analizar el teléfono de Héctor se abrió un “abanico de colaboradores”.
Personas que acopiaban la droga y otras que se encargan de entregarla o repartirla (ver recuadro).
Mencionó a Olga Jorquera, Carina Domínguez, Jessica Montecino, Fiofana Ruskoff, Yolanda Esparza, Leopoldo Belmar, Seguel y otros.  
El 23 de septiembre de 2011, cuando la Policía neuquina dio el golpe, este testigo pudo escuchar las comunicaciones que mantuvo Héctor con Daniel Reyes, a quien le decía que “tenga cuidado con la camioneta, que le preste atención”.  
Se trata de la Fiorino color blanca que, posteriormente, fue secuestrada con casi 200 kilos de marihuana en su interior.
Los dos testigos estaban bajo las órdenes de otro oficial que ayer declaró y aportó información coincidente. Este policía también ubicó a Héctor no sólo en la casa de Nacimiento, sino también en los de Cecilia Soto, del barrio Trabun Hue; y habló de maniobras “pasamanos” cuando “se saludaban con la mano”. Dijo que “uno le pasaba dinero y el otro un envoltorio”, siempre de acuerdo a las observaciones que realizó su personal.
El tribunal continuará hoy el debate con otros testigos.

Cómo acopiaban la droga

Uno de los puntos clave para almacenar la droga habría sido la casa de la cipoleña Olga Jorquera. Otro, un galpón en la zona de la Mayorina.
Lo detectó el policía testigo que estuvo a cargo de las desgrabaciones telefónicas durante seis meses. Constató que Jorquera almacenaba cocaína. “(Héctor) le decía tía y diariamente le pedía un reporte de lo que acopiaba”, recordó el testigo.
Añadió que Carina Domínguez –su pareja– también juntaba. Agregó que ella le pasaba un informe de lo que le quedaba y él le mandaba dinero. En una oportunidad advirtió que Yolanda Esparza Flores, madre de Héctor y Ruth, se prestó para eso.
 
Los vínculos
Además,  dijo que no era la única mujer con quien tenía una relación sentimental. Mencionó a Fiofana Ruskoff, alias “Anita”. “Le daba sustancia para que acopie y venda”, apuntó.
Indicó también a otra persona responsable de almacenar la marihuana, a quien llamó “el flaquito” porque no recordó su nombre. Dijo que Héctor contaba con la colaboración de un hombre apodado “Mendu” para el “delivery” de la droga; y que mandaba a su hija Jessica a preparar la sustancia.
Luego éste se abrió por un problema de “vueltos” con Héctor, agregó el testigo. Y en esta causa no aparece imputado.
“Héctor repartía para todos lados y sabía bien lo que tenía”, sostuvo el investigador policial, quien evaluó que disponía de “cuatro a cinco lugares” para acopiar la sustancia.
Según el testigo, (Marcelo) Seguel era el nexo para que Héctor y su hermana Ruth pudieran acopiar la droga en un galpón que cuidaba Leopoldo “Polo” Belmar.
En cuanto a Ruth, los testigos dijeron que tenía como colaboradores a Luis Rubén Linares, Fernando Soto y Marcelo Seguel.