Otro imputado por el homicidio de Maximiliano Gallardo: ¿Se cierra el círculo?
Es el cuarto involucrado del homicidio del trabajador tucumano ocurrido en Cinco Saltos. Lo acusan de haber puesto su auto para trasladar el cadáver al lugar donde fue hallado. No lo detuvieron.
Hay un cuarto imputado por el homicidio de Maximiliano Gallardo, el joven tucumano que había llegado a la región para trabajar en la fruta y que murió de un balazo en la cabeza en una presunta disputa por drogas.
El nuevo acusado es Marcos Figueroa, a quien le formularon cargos por “encubrimiento agravado por la gravedad del hecho”, dado que habría sido quien aportó su auto Renault Sandero para transportar el cadáver de la víctima hasta una cantera abandonada situada cerca del lago Pellegrini, donde lo arrojaron envuelto en una bolsa de nylon.
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El hombre continúa en libertad, aunque debe cumplir medidas cautelares, como fijar domicilio y presentarse en la Fiscalía local.
Por el hecho, registrado en mayo último en un domicilio de Cinco Saltos, ya hay tres detenidos: Leticia Saso, Ezequiel Millar y Federico Oses. Los tres residían en la vivienda donde se habría cometido hecho, calificado como “homicidio agravado por el uso de arma de fuego y por alevosía”.
Habría una quinta involucrada que también está siendo investigada por encubrimiento y ya fue notificada por el Ministerio Público Fiscal. Le habían secuestrado un vehículo de su propiedad que tendría vinculación con el caso.
No habría participado en el crimen
La formulación de cargos a Figueroa fue requerida por la Fiscalía Descentralizada de Cinco Saltos.
Según indicó la fiscal Adjunta Judith Saccomandi, quien interviene en la investigación, el 17 de mayo de este año, entre las 19:30 y la medianoche, Figueroa ayudó a los tres presuntos autores del homicidio, trasladando los restos de la víctima en su automóvil.
Se aclaró que “no existen sospechas ni elementos de prueba que vinculen al acusado con la autoría del crimen, por lo que la calificación legal del caso es encubrimiento agravado por la gravedad del hecho precedente”.
Tanto los representantes del Ministerio Público Fiscal como el abogado querellante Gastón Leiva, que representa a los padres de Gallardo, solicitaron medidas cautelares para garantizar que el imputado no se dé a la fuga.
Fuentes judiciales aclararon que la prisión preventiva no era procedente toda vez que la pena a imponer, de acuerdo con la calificación legal, podría ser de cumplimiento condicional.
El juez de garantías tuvo por formulados los cargos en los términos expuestos por la fiscalía y dispuso presentaciones periódicas del imputado ante la sede fiscal de Cinco Saltos.
El arrepentido
Maximiliano Gallardo tenía 30 años y la última vez que lo vieron con vida fue el 17 de mayo. Esa tarde fue acompañado por un amigo hasta la casa que ocupaban Leticia Saso, Ezequiel Millar y Federico Oses.
Al no tener noticias de él, su mamá Nancy Álvarez viajó desde Tucumán y presentó la denuncia por su desaparición. Pero la investigación giró hacia un posible asesinato por una deuda por drogas dado que Gallardo era adicto y los acusados se dedicaban al negocio narco.
A fines de junio -si bien no aparecía el cuerpo- fueron imputados y detenidos la mujer y Millar. Posteriormente lo sumaron a Oses, quien estaba preso en su casa con seguimiento de un dispositivo satelital por otro delito.
Sin embargo, Millar a principios de agosto se quebró y en una declaración espontánea brindó datos certeros que permitieron ubicar al cuerpo de Gallardo. Además, culpó a Oses de haber sido el autor material del homicidio.
Según trascendió, habría otro arrepentido que está detenido y quiere brindar nuevos datos a la investigación.
Un balazo en la cabeza cuando estaba arrodillado
Según la hipótesis elaborada por la Fiscalía, a Gallardo lo mataron por un aire acondicionado al parecer proveniente de un ilícito que debía entregar a los supuestos narcos, que le habían pagado de forma adelantada con cocaína.
Pero el aparato quedó en poder de un menor de edad que aparece en la causa, lo que provocó el conflicto fatal.
De acuerdo a la secuencia armada en la pesquisa, esa tarde “el tucumano” como le decían, fue hasta la casa de los acusados con un conocido que lo esperó en las inmediaciones, pero que se terminó yendo porque no volvía.
Gallardo -según esa línea- entró al inmueble y ya en el interior lo redujeron y lo hicieron arrodillar o poner de cuclillas y, en estado de indefensión, le dieron un balazo en la cabeza, de frente, con un arma calibre 22 o 25.
Después envolvieron el cadáver en bolsas y lo descartaron cerca del lago Pellegrini.
Ese viaje se lo adjudican a Saso y Millar -Oses no se podía mover por la tobillera- con la colaboración de Marcos Figueroa, quien habría aportado su Renault Sandero.
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