Estas piscinas se caracterizan por haber sido cavadas en la restinga. Las obras las realizó el municipio de San Antonio Oeste hace varias décadas. Utilizaron retroexcavadoras, lo que generó en aquel tiempo un fuerte debate dada la alteración que se efectuó en el medio natural.

Pero desde su construcción no dejan de ser una atracción y una tentación para muchos visitantes.

Diariamente, cuando las condiciones lo permiten, cientos de personas se acercan a disfrutarlas. Hay de distintos tamaños, y todas tienen la particularidad de que su contenido se renueva con el comportamiento de la marea. Cuando sube el agua las cubre por completo, y al bajar las deja descubiertas y repletas.

La más grande está ubicada en proximidades de la Bajada Cero y tiene la dimensión de una piscina de competición y, como ellas, la profundidad varía de un extremo al otro.

Es la elegida por los más jóvenes y los amantes de las zambullidas y la natación. Es tan concurrida, que desde hace varias temporadas el municipio dispuso guardavidas de manera permanente.

A pocos metros hay otras pero de menor superficie, ideales para los más chicos.

Para llegar hay que caminar varios metros sobre la restinga. Es un aspecto a tener en cuenta, ya que la superficie es muy resbaladiza y el riesgo a caer es permanente ante el menor descuido. De hecho, este tipo de accidentes están entre los más frecuentes en la atención hospitalaria en el balneario rionegrino.

En la Séptima Bajada, en tanto, se encuentran otras piletas más chicas, diseñadas precisamente para los pequeños. También tiene la suya Terraza al Mar, el último barrio situado al norte de la villa turística.

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Aparecen algunos peces en las piscinas

En las piletas de la costa de Las Grutas suelen aparecer peces de distintas especies que quedan atrapados cuando baja la marea. Es habitual observar cornalitos, por ejemplo, muchos de los cuales terminan en el estómago de algún visitante. Hace unos pocos veranos descubrieron a una raya o “chucho” en la piscina mayor, algo poco habitual. Era bastante grande, de alrededor de 20 kilos y casi un metro de largo. La gente se inquietó, entonces un guardavidas lo capturó con sus brazos y lo llevó al mar para liberarlo. Pero en el trayecto el ejemplar le clavó en un brazo un aguijón que tiene en la cola, una especie de arpón aserrado. El muchacho debió recibir atención médica durante varios meses, a causa de la grave herida. Se debe aclarar que fue un episodio inédito en Las Grutas y que llamó mucho la atención, aunque nunca más volvió a ocurrir.

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