Pescados y mariscos, del mar a la mesa sin escalas

Cada vez más turistas eligen la feria de San Antonio Oeste para comer.

El tentador aroma capaz de abrir el apetito se percibe a varios metros de distancia. En el aire llegan imágenes de una paella y pescados y mariscos fritos en aceites recientes, que hacen babear a propios y extraños.

El gentío bajo la hilera de eucaliptos revela de dónde viene el festival de manjares provistos por el mar. Es la pequeña feria artesanal que se levanta sobre la costanera Carlo Carassale de San Antonio Oeste, a pocos metros del muelle de pescadores y al lado de donde yacen antiguos barcos que no navegan más.

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No más de seis puestos componen el tradicional paseo portuario, donde también se pueden adquirir originales esculturas y adornos elaborados con caracoles y conchas marinas.

Pero lo que más resalta en el lugar es la gran oferta gastronómica, en la mayoría de los casos elaborada con productos frescos, recién sacados del mar.

Entre lo más pedido se destacan los langostinos empanados. Es una especie que se captura en abundancia desde hace cerca de seis años en el mar sureño, cuando apareció en el golfo San Matías por causas naturales. La porción cuesta 200 pesos.

Otro de los platos que tienen un gran éxito en esta temporada de verano es el de los bastoncitos de merluza a la romana, un pescado típico de la zona. Mientras que nunca pierden vigencia las rabas -300 pesos-, aunque no se pesca en otras áreas del sur.

El menú, en tanto, se completa con unas empanadas imperdibles rellenas con un mix de langostinos, calamares, almejas y cholgas, que cuestan $300 la docena. Las de pescados se venden a $200.

Pero los fines de semana la vedette de la feria es la paella, con todos los mariscos nombrados. La porción vale 300 pesos y se agota velozmente.

Para los amantes de la gastronomía también está la alternativa de llevar cualquiera de los productos crudos para cocinarlos en casa, o bien mariscos en escabeche para acompañar

Durante el verano es habitual ver el pequeño predio lleno de gente que gusta de lo tradicional y popular. No hay servicio de mozos, sino que hay que pedir en el puesto elegido y después buscar una de las mesas ofrecidas bajo los toldos. No es extraño compartir el espacio con otros veraneantes, generando una divertida comunión.

Las instalaciones tienen el atractivo de la simpleza y muestran el esfuerzo permanente de los emprendedores.

300 pesos cuesta la porción de paella, el plato vedette.

Es la opción gastronómica más solicitada por turistas y lugareños durante los fines de semana en la feria artesanal ubicada en la costanera Carlo Carassale, de San Antonio Oeste.

Un proyecto que nació de la necesidad

La feria comenzó a principios de la década del 2000, cuando quebró la empresa pesquera más grande de la zona y dejó cientos de operarios en la calle. Muchas de esas familias tuvieron que ingeniárselas para subsistir. Unas pocas optaron por ofrecer servicios a los turistas en temporada. Algunos se mantuvieron hasta la actualidad y otros se fueron sumando. Con el paso de los veranos el lugar se convirtió en un clásico para visitar. Resalta por el atractivo de la simpleza y el esfuerzo permanente de los emprendedores.

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