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LMCipolletti condena

Ocho años de cárcel por violar reiteradamente a su pareja

El acusado afirmó que fueron relaciones consentidas. Pero el testimonio de la víctima y el de una psicóloga que la asistió derribaron la teoría de la defensa. La condena aún no está firme.

Un oscuro caso de violencia sexual cometido durante varios años puertas adentro de un hogar se dio a conocer en los tribunales de Cipolletti. El acusado, de 42 años, fue condenado a ocho años de prisión, pena que aún no se encuentra firme.

El tribunal -compuesto por los jueces Julio Sueldo, Guillermo Merlo y María Agustina Bagniole- determinaron en forma unánime que se comprobó que UGO (así se lo identifica en el extenso fallo dictado semanas atrás) violó en forma reiterada a quien era su pareja y madre de su hijo. Vale aclarar que el documento judicial revela detalles de un alto nivel de perversión y sufrimiento que aquí serán omitidos.

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La acusación presentada por la fiscal Rocío Guiñazú Alaniz indica que los ataques se produjeron entre 2013 y 2019 en dos domicilios que compartieron en esta localidad. Se habían conocido a través de un sitio de encuentros y luego formalizaron la relación y conformaron una familia, con el hijo de ella de un matrimonio anterior.

La víctima presentó la denuncia luego de realizar un tratamiento psicológico con dos profesionales a las que recurrió por padecer angustia y estrés. La primera le diagnosticó depresión postparto, mientras que con la segunda avanzó en hablar sobre cuestiones más íntimas y relató las prácticas sexuales a las que era sometida. Dijo que con ella “le pude poner nombre a todo eso que antes me había parecido natural, aunque me dolía y me lastimaba”: “Era violación”.

La pareja tuvo una separación conflictiva con la intervención del Juzgado de Familia, en la que se discutió la tenencia del chico y una cuota alimentaria, con multas a ambos y una restricción perimetral para el hombre. También tuvo actuación el Senaf.

Luego, la mujer presentó la denuncia por las agresiones sexuales.

La fiscal sostuvo que el tiempo transcurrido obedece a “los tiempos de la víctima” y que se trató de violencia conyugal, con relación de poder asimétrica, aprovechada por el autor y provocada por él, siempre dentro de un marco de violencia”.

En esta etapa comenzó a tener el acompañamiento de la Asociación Madres que Rompen el Silencio. El hombre, de Neuquén, fue a juicio imputado por abuso sexual con acceso carnal.

Pero siempre negó la acusación y aseguró que habían sido encuentros sexuales consentidos y buscó acreditarlos con una serie de chats eróticos que mantenían, según afirmó. Pero además remarcó que la mujer lo denunció después de que él la denunciara por golpear al hijo de ambos con un cable en la espalda, certificado por una médica del hospital. Sin embargo, las fechas fueron refutadas en el fallo.

Sus abogados defensores, Rubén Casas y Omar Urra, reafirmaron la versión y pidieron su absolución. También remarcaron que desestimó un acuerdo que le propusieron para que admitiera un delito menor. “No aceptó porque es inocente”, destacaron.

Para la querella, representada por Iván Chelía, los hechos quedaron acreditaron con su propia declaración y la de las psicólogas que la atendieron.

Al igual que la fiscalía reclamó resolver el caso con perspectiva de género y que se lo de declare responsable penalmente.

El rol de las psicólogas fue clave

El juez Sueldo, en el voto rector, encontró culpable a hombre y lo fundamentó con la declaración de la víctima y de las dos psicólogas que ratificaron lo que relató.

“A partir de estos testimonios centrales, estoy en condiciones de afirmar con la certeza probatoria afirmativa que me exige la etapa procesal por la que transita el presente legajo, que los hechos reprochados existieron y fueron cometidos por el imputado U.; todo ello sin margen de duda”, expresó el magistrado, que contó con la adhesión de sus colegas, Guillermo Merlo y María Agustina Bagniole.

El magistrado resaltó puntualmente lo manifestado por la profesional a quien la mujer relató los ataques sexuales y detalló las fechas que derribaron para él la versión de la posible “venganza” de la mujer por la denuncia que elevó cuando golpeó al niño.

Según especificó, la denuncia de abuso fue en 2019 y la de la lesión en 2020.

“Aquí se dieron reiterados ataques sexuales que la víctima ( ) no pudo resistir quizás con mayor expresión física debido a las circunstancias propias y particulares que atravesaba (crisis de llanto, depresión), y fundamentalmente el compartir durante años la misma cama sometida mediante fuerza y sorpresa, dependiendo de la situación; así recordó penetraciones contra su voluntad que le dieron asco porque se encontraba en el mismo lecho amamantando al niño. Existió además una clara negación verbalizada y expresa, se le hizo saber a U, quien en ningún momento aceptó un “no” expreso que va mucho más allá de un tolerar, y diametralmente opuesto al consentir propio de toda relación adulta”, resaltó el juez.

Estereotipos

Otro de los argumentos de la defensa que resultaron desarticulados fue el nivel social e intelectual de la víctima.

Resaltaron que la mujer es mayor que el imputado y “totalmente independiente tanto en sus decisiones laborales, como económicamente y sus decisiones diarias. Tiene educación terciaria, personas a su cargo en el ámbito laboral”

“No se trata ni nunca se trató de una persona sometida como pretende la Fiscalía”, expresó la parte defensiva.

La fiscal Guiñazú Alaniz respondió al respecto que “una mujer empoderada puede igual ser víctima de violencia de género y violencia sexual, no se trata de estereotipos, una cosa es tolerar y otra es consentir una relación”.

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