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Manos solidarias para Un Techo para mi Hermano

Jóvenes del colegio El Salvador de Buenos Aires colaboran con el mejoramiento de nueve viviendas en el barrio Anai Mapu.

El intendente Abel Baratti se acercó a darles la bienvenida y a agradecerles por el voluntarismo de los adolescentes.
 

La Asociación Civil un Techo para mi Hermano acompañará a 20 familias cipoleñas en el mejoramiento de sus viviendas. Desde ayer un grupo de 31 adolescentes del colegio El Salvador de Buenos Aires trabaja solidariamente en el barrio Anai Mapu. El intendente Abel Baratti se acercó a darles la bienvenida.
Se trata de un proyecto de Nación que fue solicitado en el 2009 por el área de Coordinación y Gestión Técnica y Social de la Secretaría de Obras Públicas de la Municipalidad de Cipolletti, la cual se encargó de detectar las situaciones de los vecinos que necesitaban con más urgencia la ampliación de sus casas.
La primera parte de las obras empezó a desarrollarse en nueve hogares de Anai Mapu, mientras que posteriormente seguirán los trabajos en once casas del barrio Antártida Argentina.
María Villarroel Sánchez, de Obras Públicas, explicó que hay dos antecedentes previos a la actividad actual, una fue en el 2003 en diez cabañas del barrio Hidronor y en el 2008 con ocho viviendas en Antártida Argentina.
Uno de los referentes de la Asociación Civil Un Techo para mi Hermano de General Roca, Carlos Sepúlveda, contó que llegaron a la región unos 70 jóvenes, la mitad se encuentra instalada en el albergue de Marabunta de esta ciudad, mientras que otros trabajan en Godoy.
“Vienen a colaborar con la Asociación, a ayudar aunque no tengan conocimiento en el tema de construcción, y además a tener una experiencia solidaria con familias que lo necesitan”, expresó Sepúlveda.
En tanto, el coordinador de la actividad que viajó junto al grupo de estudiantes, Alberto Michelena, manifestó el proceso por el que pasan los alumnos para participar de la iniciativa. Dentro de la institución jesuita en la que los adolescentes cursan sus estudios, les ofrecen como opción la participación de actividades solidarias, pero para acceder a ellas deben pasar por un proceso de reflexión y debate. Los jóvenes que llegaron al Alto Valle lo hicieron de forma voluntaria, pero antes cumplieron una serie de requisitos como parte de la evolución del aprendizaje.
“En esta actividad hay tres actores fundamentales, que somos nosotros, es decir los chicos que vienen voluntariamente a colaborar de la fundación, la Asociación y el grupo de personas que trabaja en conjunto para arreglar sus hogares”, indicó Michelena.
Los estudiantes trabajarán durante toda la semana junto a los vecinos dueños de las viviendas y volverán a su ciudad el próximo sábado.
Vecinas del barrio se mostraron alegres por la iniciativa. Una de ellas, Patricia Márquez, madre de seis hijos, contó que desde el 2009 que esperaba por el proyecto para ampliar su hogar con dos habitaciones más, además resaltó el entusiasmo de los jóvenes.
Mientras que Mariela Figueroa, otra de las cipoleñas beneficiadas, explicó que no se esperaba ser una de las adjudicadas del proyecto, que había sido una sorpresa. “Voy a tener mi casa grande y cómoda para mis hijos”, expresó.
 
La apuesta a los jóvenes

El jefe comunal de esta ciudad manifestó su agradecimiento a los jóvenes, mantuvo una charla con ellos, hasta los alentó a realizar a jugar un partido de fútbol o rugby.
“Ver a tantos adolescentes que con todas las ganas, con toda la voluntad de poder dar una mano a otro que necesita, es motivo para resaltarlo, porque más de una vez se habla mal de la juventud y esto demuestra que los adolescentes están preocupados por dar una mano”, dijo Baratti.

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