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Un matrimonio que lleva casi 60 años de convivencia vivió una tarde de terror cuando un delincuente ingresó a su casa y se apoderó de varias alhajas familiares de oro y plata. Fue lo único que pudo llevarse porque las víctimas no tenían dinero y se limitaron a pedirle que no les hiciera daño. La dueña de la casa, que había sido maniatada, fue auxiliada por vecinos.

Los delincuentes atacan a cualquier hora y muestran su impunidad en distintos puntos de la ciudad. El último golpe importante ocurrió este viernes, pasadas las 16, cuando Rubén regaba sus plantas sobre calle Viedma al 100 y su esposa, Encarnación, realizaba otras tareas en el interior de su casa. Comparten su vida desde hace 58 años y en el último tiempo les tocó atravesar dos situaciones traumáticas de inseguridad: en la primera hubo armas y golpes y, el viernes, el destino quiso que no pasara a mayores y un solitario ladrón se conformara con un botín integrado por anillos, aros y collares de un gran valor afectivo para el matrimonio cipoleño. Apenas se apropió de las joyas, el asaltante huyó a la carrera.

Las víctimas del hecho destacaron que en el lugar hay patrullajes y que, cada tanto, los bicipolicías recorren las calles.

Según el relato de Encarnación y Rubén, el delincuente ingresó por uno de los portones que da a calle Viedma y la sorprendió en el interior de la casa. Sin demorarse, empezó a maniatarla y a exigirle que le dijera donde había dinero. “La plata, la plata”, le insistió más de una vez. Aunque no exhibió armas, la atemorizó asegurándole: “Dame la plata porque tengo cuatro tipos a la vuelta que vienen y te matan”.

“Yo estaba en la vereda, en la esquina, regando las plantas y no lo vi cuando entró a la casa por el portón. La ató toda (a Encarnación) y la cinta le quedó pegada al pelo”. Rubén compañero de encarnación desde hace 58 años. “Me tiró enseguida al piso y empezó a decirme que le diera la plata. Le expliqué que no teníamos y que se llevara lo que quisiera pero que no nos hiciera daño”. Encarnación Vecina damnificada por el violento asalto

Finalmente, con Encarnación tirada en el piso, el delincuente se apoderó de varias alhajas y huyó. Como pudo, la abuela se incorporó y fue vista por una mujer que pasaba por la vereda; ahí recién Rubén, quien se moviliza con un andador, se enteró de lo sucedido y pudo auxiliarla. Minutos después, contaban la pesadilla a la Policía.

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