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Los zapatos blancos de Mosquito Harguindeguy

El padre de la criatura, el DT del ascenso al Nacional de 1985.

“Mi viejo era fútbol, fútbol y fútbol. A Cipolletti se fue solo, para nosotros era como si estuviese en la nada. Ni imaginábamos cómo podía ser Cipolletti. Nosotros estábamos en Rosario, con mi vieja y mis hermanos, y él estaba muy convencido de su proyecto en Cipolletti. Cuando llegamos al Valle, nos dimos cuenta de la trascendencia que tenía el club y del reconocimiento de la gente. Y también nos encontramos con una ciudad y una región que no imaginábamos”. El que habla es Norberto Harguindeguy, uno de los hijos de Horacio, el técnico del equipo 84/85 que logró el ascenso al torneo Nacional, la primera división del fútbol argentino en ese momento.

Se cumplen 35 años del ascenso de Cipo, que tuvo un cierre dramático del torneo Regional 1984, cuando el 7 de enero de 1985, el Albinegro jugó el tercer partido de la definición ante Huracán de Comodoro Rivadavia en Bahía Blanca. El Mosquito Harguindeguy, fallecido en 1993 a los 46 años, fue el padre de la criatura.

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Harguindeguy, menottista militante, de Ezeiza, amigo de Héctor Rodolfo Veira e integrante de una barra que entre otros conformaba el inolvidable José “Pato” Pastoriza.

Su hijo Norberto recuerda con mucho afecto a la familia de Héctor Homann (papá de Henry) y la llegada al club. Era tal la identificación de Harguindeguy con el club, que durante la primera visita familiar se sacó fotos en la cancha, en las canchas de tenis y hasta en la cancha de bochas.

“Creo que fue la gran contención que tuvo mi viejo allá, le brindaron todo. El contacto no siguió tanto después de la muerte de mi viejo, pero siempre estuvo el afecto. Nosotros seguimos la carrera de Henry Homann, mi viejo sabía que iba a llegar”, agrega.

“Cuando llegamos, nos dimos cuenta de la trascendencia del club y del reconocimiento de la gente”.Norberto Harguindeguy. Hijo de Horacio, el DT del equipo que ascendió en el 85

“Horacio me habló de ser profesional, de cuidarme, de trabajar la pegada, pegarle con las dos. Era un fanático. Casi juego un amistoso con Boca a los 15 o 16 años, me iba a poner un ratito, pero me lesioné en una práctica. Me enyesaron y no pude ni siquiera ir a la cancha. Al día siguiente (Ricardo) Gareca, (Carlos) Randazzo y Cacho Córdoba aparecieron en mi casa con una camiseta firmada”, recuerda en Ruso Henry Homann.

"Horacio me habló de ser profesional, de cuidarme, de trabajar la pegada, pegarle con las dos. Era un fanático”.Henry Homann. El Ruso era un juvenil cuando fue dirigido por Harguindeguy

“‘Usted no va a jugar de entrada pero va a entrar’, me dijo Horacio antes del partido con Boca de Bariloche. ‘Usted entra ahora y nos va a hacer ganar el partido’, me dijo cuando estábamos cero a cero. Viene un córner, la peina el Ruso Strak y cabeceo a un palo. Impresionante cómo explotó la cancha. Corrí a buscar a mi viejo, quería abrazar a Horacio, pero no llegué, fue increíble”, dice Edgar Cifuentes sobre el gol que le hizo al arquero de Boca Jorge Bartero, quien luego fue titular en Vélez Sarsfield.

Nadie olvida los zapatos blancos de Harguindeguy. Un sello. De regreso de Bahía Blanca, se detuvo el micro y, liderados por Giunta, los jugadores prendieron fuego los timbos del Mosquito.

“Creo que los perdonó por la alegría que tenían y porque era Giunta. Mi viejo lo quería. Es más, Blas estuvo a punto de ir a River, el Bambino lo quería, estaba (Rubén) Gallego y creo que eso fue un freno porque eran los dos muy buenos. Ese River se ganó todo”, revela Norberto.

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El día que Giunta entró al boliche en una bicicleta

Carlos Gerardo Russo, uno de los protagonistas del ascenso, afirma que la clasificación al Nacional 85 fue inolvidable, pero también guarda en su memoria esos días en Cipoletti, donde encontró un hogar y amigos, que no solo venían del mundo del fútbol.

Con Blas Armando Giunta andaba por todas partes. “Un loco lindo Blas, éramos muy jóvenes, íbamos al boliche Blasón siempre, ahí frente a la plaza. Un día paró un hincha que andaba en bicicleta, creo que hacía los pedidos o algo así. De pronto Blas entró a la confitería dando vueltas en la bici”, contó Russo, quien también recuerda con mucho cariño a Félix Mabellini, el famoso corredor cipoleño.

“Me enseñó las mañas de manejar para competir. Me llevaba a la chacra y me daba unas manzanas que jamás volví a comer en mi vida. La verdad es que siempre dije que voy a volver a Cipolletti. La verdad es que me gustaría mucho dirigir a Cipolletti”, añade el hombre que sobre el cierre de su carrera brilló en Emelec y Barcelona de Ecuador.

“Compartí habitación con Baby Cortéz, un señor, hablaba, aconsejaba y leía, leía mucho. Libros, diarios, todo leía. No te dejaba dormir, le dije que le iba a tirar agua. Me desperté, vi que tenía el diario y lo bañé con un vaso de agua que tenía preparado. Dejó de leer de noche”, revela Russo.

“Hacíamos dupla con Solari Gil, lo veías y te daba miedo, pero era más bueno que el pan, había llegado hacía poco y después fue ídolo de Cipolletti”, cierra Russo, con alegría.

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