Los varones trans ahora pelean contra los prejuicios

Se les complica tener un empleo estable y cobertura de salud.

Sofía Sandoval

sandovals@lmneuquen.com.ar

Neuquén- En un mundo binario que divide los juguetes, los colores y hasta el largo del pelo para mujeres y varones, hay personas que sienten su propio cuerpo como una cárcel que los mantiene presos de una realidad que no les pertenece. Para los varones trans, uno de los colectivos menos visibles dentro de la diversidad de género, ponerles nombre a sus sentimientos fue una llave que les abrió la puerta a su verdadera identidad.

“Desde que tengo recuerdo, nunca me sentí una chica”, explica Benjamín, un varón trans de 32 años que logró surcar caminos luego de convertirse en el primer paciente en recibir una masculinización de tórax en un hospital público de Neuquén.

El joven aprovechó la exposición para demostrar que la identidad de género no es una elección, sino algo que los varones trans sienten desde niños y, en muchos casos, tratan de ocultar para complacer a otros.

“Me di cuenta a los 5 años, en el jardín, y por eso sentía que era raro”, dice Nacho, un joven que hace sólo tres meses empezó a tomar hormonas para iniciar su transición.

A Facundo nunca le gustó llevar el pelo largo ni los juegos femeninos. Su mamá, en un esfuerzo por despertar su femineidad, lo inscribió en danza árabe, que para el niño eran una verdadera tortura. “Iba a las clases para hacer feliz a mi mamá y después de eso me iba a jugar al fútbol”, recuerda.

Nacho, Benjamín y Facundo son tres de los 30 integrantes de la organización Varones Trans de Neuquén y Río Negro, que busca convertirse en un faro para muchas personas que atraviesan situaciones similares y que se sienten solas. “Yo estuve solo hasta los 25 años, cuando vi un varón trans en un reality y pude ponerle nombre a lo que me pasaba”, relata el fundador de la entidad.

Entre todos se apoyan para combatir algunos de los obstáculos que sufren a diario. Muchos fueron rechazados por su familia y abandonaron el hogar; otros tuvieron que dejar la escuela, y para la mayoría es imposible tener un trabajo en blanco y a largo plazo o que los atiendan sin prejuicio en un consultorio ginecológico.

Si bien la ley de Identidad de Género les permite llevar un documento masculino y les garantiza el 100% de cobertura para su proceso de transición, la mayoría deambula entre los consultorios trans de Cipolletti y Neuquén para conseguir las hormonas o atención psicológica. También esperan desde hace años para la cirugía que ya tuvo Benjamín.

“El verano es lo peor para los varones trans, no podemos ir al río o la pileta, tenemos que estar fajados y muertos de calor”, explica Facundo, mientras que Benja aclara que, después de la intervención, sintió que se derribaban muchas negaciones que se imponían antes. “Sentí que por fin era yo mismo”, sostiene.

A esa dificultad se suma una que toca las fibras más íntimas porque, una vez que nombran lo que sienten, deben enfrentar el temor de contárselo a su familia. En general, las generaciones mayores suelen darles la espalda o luchar para aceptar algo que no comprenden del todo. Pero no pasa lo mismo con los más jóvenes.

Benjamín, por ejemplo, es padre de dos hijas, que aceptaron con naturalidad que su mamá se había convertido en otro papá. “Para la más chica, sobre todo, la educación sexual integral la ayudó a tomarlo con naturalidad y no ser atacada por sus compañeros”, explica y agrega: “Los chicos entienden que hay diversos tipos de familia”.

Las familias que se hacen cargo

Aunque la mayoría de los integrantes de la organización son adolescentes, en el espacio también participan niños pequeños que llegan acompañados de su familia para comenzar cuanto antes un proceso de transición. Tal es el caso de Julián, un pequeño de apenas cinco años que encontró contención con el resto de los varones trans.

“Es común pensar que es una moda, que los influencian los medios o que es sólo una etapa que va a pasar, pero sentirse varón no depende de la influencia”, explica Benjamín, y aclara que ellos son la muestra más cabal de eso: “Siempre nos influenciaron para ser mujeres y no tuvieron resultado”.

Para él, cuando antes se comience el proceso de transición, más fácil será la adaptación de todo el entorno. “Julián va al jardín como Julián y se siente uno más”, dijo y agregó que los niños aún no están formateados por los prejuicios.

Una masculinidad alejada del modelo machista

Si bien la mayoría de los varones trans comienza un proceso de transición y toma hormonas para hacer más grave su tono de voz y tener barba u otros rasgos masculinos, también están aquellos que no sienten la necesidad de transformar su cuerpo.

Juan, por ejemplo, mantiene el pelo largo y los rasgos femeninos, que combina con ropa oscura y zapatillas masculinas. Aunque aún muchos lo ven como una mujer, él asegura que se siente como un varón pero todavía enfrenta el paso de contárselo a sus familiares cercanos.

Benjamín pone en jaque el concepto binario que relaciona la masculinidad con ciertas prácticas y estéticas. “Yo de chico me sentía varón y pensaba que tenía que jugar al fútbol, pero ahora entiendo que podría haber hecho cualquier cosa”, relata.

Así, tratan de construir su masculinidad alejada del machismo, uno que también los discrimina porque, en muchos casos, tienen cuerpos demasiado afeminados para ser aceptados entre los hombres heterosexuales.

“Tampoco es que todos los varones tienen que ser heterosexuales, se puede ser un varón trans y ser gay”, explica Juan, quien aclara que la orientación sexual no tiene un vínculo directo con la identidad de género.

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