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La historia detrás del retrato del Chipi

El diseñador gráfico Martín Santarelli explicó los motivos que lo llevaron a realizar los esténciles con la figura de uno de los personajes urbanos más conocidos de la ciudad.

Por ÁNGEL CASAGRANDE

Ya hay dos obras con su figura, a escala real, en paredes de las calles Tres Arroyos y 25 de Mayo. El joven artista proyecta hacer más.
 

“Cuando volví a Cipolletti, me fui a vivir a la calle 9 de Julio y Puerto Belgrano en el mismo lugar donde tenía el estudio. Y me pasaba que en muchas noches regresaba caminando fumándome un pucho, con la mirada perdida. Y ahí hubo algo de identificación, me sentía un poco como el Chipi”.
Con esa frase, el diseñador gráfico local Martín Santarelli contó cómo nació la idea de retratar, a tamaño real, a uno de los personajes urbanos, sino el más, conocidos de la ciudad.
Se trata de ese flaco, que supera holgadamente los 1,90 metros de altura, y que desde hace más de dos décadas tiene el sello distintivo de ser el caminante de las calles cipoleñas.
Durante años, sus interminables recorridos eran en compañía de varios perros, esos de raza perro, y se lo podía observar incluso en Neuquén y Fernández Oro, lugares a los que obviamente llegaba a pie. Aquel cipoleño que se jacte de tal no puede dejar de conocerlo.
Las obras están en dos paredes: una en la calle Tres Arroyos, frente al Centro Cultural Municipal, y la otra en 25 de Mayo, entre San Martín y Roca. La primera fue realizada el 20 de noviembre y la segunda dos semanas después. Ambas se hicieron de noche. “Eso le da una carga de adrenalina”, sostuvo Santarelli.
Su objetivo es hacer varias más, todas en lugares del radio de caminata del Chipi. “Mi vinculación con este tipo de arte callejero empezó como algo experimental”, enfatizó.
 
Visión positiva
Según comentó Pope, como es apodado este diseñador de 33 años, el objetivo de estas obras es reflejar aspectos de la identidad de la ciudad, con una visión positiva.
En este sentido, indicó que los retratos tuvieron una gran repercusión en la red social Facebook. A partir de los comentarios, es que se enteró que el personaje se llama Facundo Quiroga porque un docente puso que fue uno de sus primeros alumnos en Cipolletti.
En el muro de Pope, muchos recordaron las frases que lo caracterizan: “Tío, tenés un peso”, “Tío, tenés dos pesos” o “Tío, tenés un pucho”.
Es más, hay quienes cuentan que cuando la respuesta es negativa, el propio Chipi ofrece plata o cigarrillos.
Incluso hay quienes afirman que al pedir dinero, lo hace en función de los lugares en los que está. En este sentido, se mencionó que en una confitería de Roca y Belgrano, le solicitó a un empresario 50 pesos, en vez de los habituales 1 y 2.
“Nos une a todos, todos lo sentimos”, expresó Santarelli, al analizar los escritos que recibió sobre los retratos.
 
 La técnica
En cuanto a la producción, el joven explicó que la técnica del esténcil es ideal para este caso porque permite replicar una imagen una infinidad de veces, que se ajusta perfecto al objetivo de “ubicarlo” en la mayor cantidad de sitios posibles. “Se lo encuentra en cualquier lado”, afirmó.
Además, precisó que los próximos retratos se harán en paredes deterioradas, como es el caso de la de 25 de Mayo. Evitar que sean tapados a los pocos días es uno de los argumentos. Justamente sobre la cuadra donde está esa imagen, Santarelli asegura que es una “vereda triste, de esas que te dan ganas de cruzar la calle”.
Allí, tuvieron que raspar propagandas de dirigentes políticos que compitieron en elecciones de hasta el 2005.
Por último, contó que cuando estaba trabajando en la obra de Tres Arroyos, un guardia de seguridad le pidió los datos y le dijo que llamaría a la Policía si continuaba con las tareas. Aguardó que llegaran los agentes unos 40 minutos, pero no aparecían. Entonces, uno de los amigos que lo acompañaba se acercó a esta persona y le explicó de qué se trataba la obra y resultó que también conocía al personaje. Al final, lograron su cometido.

“No lo ví durante dos meses”

Santarelli contó que cuando decidió hacer el retrato, le llevó más de la cuenta encontrarlo, pese a que antes se lo cruzaba casi todos los días.
 

Una vez que decidió hacer el homenaje al Chipi, lo primero que necesitaba Martín Santarelli era tomarle una fotografía para luego aplicar la técnica del esténcil.
“Como soy de andar por los sitios donde camina, me lo cruzaba mucho, casi todos los días; ahora cuando resolví hacerlo, no lo ví durante casi dos meses”, explicó Pope. Y agregó: “Les dije a todos mis conocidos que me avisaran si lo encontraban”.
Así fue que alguien advirtió su andar en la esquina de Puerto Belgrano y 9 de Julio. Salió de inmediato y le fue tomando imágenes hasta la calle Fernández Oro, en su intersección con Brentana.
 
La primera, la elegida
“No quería pedirle la foto, la idea era que sea casual. Él va en su mundo. No le tomé muchas fotos porque camina muy rápido. Al final, la primera fue la que me sirvió”, señaló el diseñador, que precisó que luego le llevó dos meses más la elaboración del cartón a escala real. 

Reflejos de la identidad local

Al pensar en próximos trabajos, Martín Santarelli analiza qué aspectos pueden reflejar la identidad de la ciudad. En este sentido, ejemplificó que un hecho que le llama mucho la atención es que en Cipolletti, a diferencia de otros lugares, los perros se ubican en confiterías o pizzerías al lado de los ocasionales clientes y nadie se inmuta.
“Son cosas que nos distinguen y eso es lo que me atrae para pensar en otras producciones con impacto positivo”, manifestó.
Al ser consultado sobre la posibilidad de hacer otro personaje, explicó que es un “tema delicado” porque consideró que tiene que ser una persona “muy querida” y pintoresca como Quiroga.  
También expresó que un deseo que tiene es poder replicar al Chipi en alguna pared de La Plata o Buenos Aires, donde viven cientos de estudiantes cipoleños.
 
El reloj
Por su parte, Santarelli recordó que su primera obra de este tipo de arte fue un reloj de péndulo que hizo con un amigo en un paredón de calle Los Pinos del barrio El Manzanar, donde se pueden apreciar varias producciones.  
Lo empezaron precisamente a la medianoche del Día del Amigo y les llevó tres jornadas nocturnas completas, que finalizaron a las 7.
Un detalle del reloj es que el horario que tiene es cuando falta un segundo para las “seis menos cuarto de la tarde”, el momento de la salida del colegio.

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