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La historia del pulpero famoso de un día para el otro que terminó trágicamente

Cristian Firmapaz, un recolector artesanal, fue filmado cuando salía del mar en su antigua camioneta al sur del balneario rionegrino. Las imágenes trascendieron las fronteras del país y él logró enorme notoriedad. Meses después se quitó la vida.

Una tarde de fines de 2020 Cristian Firmapáz puso en marcha su vieja camioneta Ford cargada de leña y algunos baldes con pulpos que había recolectado para vender en restaurantes y otros comercios de la zona, y pegó la vuelta hacia San Antonio.

Transitó por la huella serpenteante de arena dorada que lo dejó al borde de una playa cuando daba la pleamar y aceleró a fondo, entre las enormes rocas que despide un acantilado y las olas, que ya golpeaban enérgicas contra la puerta.

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Al salir, a la altura de El Sótano, el paraje ubicado a unos 10 kilómetros al sur de Las Grutas, se encontró con un grupo de gente que esperaba la bajamar para seguir hacia el sur, en motos, cuatriciclos y otros modernos vehículos todo terreno.

Hasta ahí todo normal para él. Llegó a su casa, se tomó unos mates y siguió con su vida cotidiana. A las pocas horas le comenzaron a llover mensajes que lo felicitaban porque, le decían, “se había convertido en famoso”.

No entendía nada y pensó que era una broma. Hasta que le mostraron un video que circulaba por Faceook donde aparecía con su destartalada camioneta, despintada y sin capot, emerger del mar con habilidad anfibia.

Las imágenes, tomadas por aquellos muchachos que -para mayor ironía- esperaban que bajara el mar para ir a rescatar una camioneta doble tracción que se había quedado encajada en un cangrejal, se difundieron por las redes sociales de tal manera que traspasó las fronteras del país.

Al día siguiente este diario encontró a Firmapaz, entonces de 35 años, quien contó cómo era el duro oficio de pulpero, adquirido por herencia familiar, y aclaró que esa maniobra marina que para muchos había sido extraordinaria y hasta poco creíble si no la hubieran grabado, para él era habitual.

“Cuando volvés cansado de andar todo el día y querés llegar lo antes posible a tu casa, pasás igual aunque esté la pleamar”, afirmó aquella vez el sanantoniense, casado y con tres hijos.

También mostró orgulloso su antigua chata modelo 74, con vestigios de haber sido sometida a un trabajo riguroso durante largo tiempo, pero que de todos modos le permitía ganar el sustento para su familia.

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La varita de la popularidad

La historia fue difundida innumerables veces por medios periodísticos no solo de la Argentina.

“Pata de Vaca”, como lo apodaban, se había convertido así, del día a la noche, en un personaje célebre, como nunca había imaginado.

Sus días se volvieron repentinamente agitados. Lo buscaban para entrevistarlo de radios, canales de televisión y diarios de provincias lejanas, a cualquier hora del día, y contó una y otra vez su historia de vida que era pública a esa altura, junto a la de la Ford que se había convertido en un emblema.

Como justo arrancaba la temporada veraniega, los turistas que lo reconocían lo paraban para tomarle fotos e incluso los más curiosos se le aparecían por su casa del popular barrio La Loma, en San Antonio Oeste.

El fervor que despertó el pulpero fue considerado, incluso dado su increíble alcance, otro aporte para la promoción de Las Grutas, que venía de ser considerada como la mejor playa del país. Para comerciantes y prestadores turísticos había sido otro golazo.

Pronto se crearon grupos en las redes resaltando su hazaña y su origen humilde, y se conocieron otros casos de maniobras similares, aunque sin despertar el mismo interés. Los fanáticos de Ford lo disfrutaron como un triunfo y se lo enrostraron a sus clásicos rivales de Chevrolet, y hasta aparecieron videos editados con las imágenes originales de la hazaña, pero con audios de recordados avisos publicitarios de la marca.

En medio de la conmoción surgió el pedido para que la empresa automotriz le regalara una camioneta nueva, por la difusión gratuita que les había hecho.

Fue tanta la trascendencia que la fábrica del óvalo en Argentina se contactó con él y le prometió repararle la vieja chata, lo que no se llegó a concretar nunca. Mientras, el mismo público organizó una colecta de dinero -que tuvo notable respuesta- para que le hiciera arreglos por su cuenta.

Como tocado por una varita mágica, la buena fortuna lo había señalado a Firmapaz cuando menos lo esperaba. Aprendía a tratar la popularidad y sus beneficios, y también a disfrutarla. El horizonte empezaba a lucir más optimista. O al menos eso parecía.

Video pulpero de Ford en Las Grutas

La decisión fatal

La mañana del 18 mayo del año pasado, cuatro meses después de aquella famosa salida marina, una noticia sacudió al público que había seguido la crónica del pulpero: su cadáver había aparecido colgado de un arco de la cancha de fútbol aledaña a la pista de carreras del Club Hípico de San Antonio.

La justicia determinó que fue un suicidio, basado en un informe elaborado por una médica de la policía que no halló rastros de violencia en el cuerpo y tampoco pidió que le hicieran la autopsia. Así, la causa fue archivada.

El Ministerio Público Fiscal confirmó entonces que horas antes de que tomara la drástica decisión había ingresado una denuncia por abuso sexual simple -tocamientos- contra Firmapaz.

La acusación la realizó una joven en nombre de su hermana, menor de edad. Las versiones respecto al hecho fueron confusas. Ante el trágico desenlace no hubo investigación y nunca se supo oficialmente qué sucedió en realidad.

La camioneta Ford siguió cumpliendo la misma función. Conducida por un familiar, sigue transitando los caminos sinuosos en busca de leña y los sabrosos pulpitos, pero la historia se quedó sin su principal protagonista.

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