La gloria se nos escapó otra vez
No hay caso. A la Selección argentina se le niega la vuelta olímpica en un torneo de mayores y a los cipoleños les quedó otro festejo atragantado. Esta vez fue por la Copa América, ante el local Chile y por penales. Hace un año, la ciudad se había embanderado por el Mundial y la ilusión también se fue sobre el final.
Es cierto que durante la Copa en la ciudad no hubo euforia, pero ayer sí apareció el clima futbolero. Aunque en el centro había mucho movimiento comercial -con supermercados casi llenos, a pesar de la bronca de los empleados-, cuando sonaron los himnos los bares lucían llenos, con las mesas convertidas en minitribunas. El horario planteó una duda importante para el arranque: algunos fueron por la picada, con cerveza y gaseosa, mientras que otros se quedaron con un menú clásico de merienda, con el café con medialunas como primera alternativa.
Todo estaba preparado para la fiesta, pero con el correr de los minutos lo que más se masticaba eran nervios. Chile jugó mejor, de punta a punta, más cerca del nivel y la propuesta que tuvo durante toda la copa. Argentina, maniatada y nerviosa, desconcertó por la apuesta a los pelotazos, pero igual dispuso de las chances más claras del primer tiempo.
En el segundo período se fue la luz. Mientras la noche llegaba a la ciudad, en Santiago de Chile se opacaron las ideas. El tiempo se fue consumiendo, derechito al alargue, hasta que en el último suspiro Gonzalo Higuaín se perdió el gol increíble, a centímetros del arco. Algunos lo gritaron, pero no. Otra vez no.
Con los penales, cuando en las mesas sólo quedaban migas, apareció el trago amargo. Lionel Messi hizo su parte, pero los chilenos no fallaron, anotaron cuatro en fila y aprovecharon los yerros de Higuaín y Ever Banega (se lo atajaron), para desatar una fiesta nacional que en Cipolletti tuvo sus réplicas, aunque hogareñas. Los chilenos son muchos en la ciudad, pero no fueron hasta el centro a festejar.
Minutos después del final se escucharon algunos petardos en calle Roca, pero eran hinchas locales que no pudieron sacarse la mufa de 22 años sin festejos y detonaron la pirotecnia para no volver a guardarla en el placard. Los policías, preparados para contener un festejo masivo, los vieron irse tristes y volvieron a custodiar los locales comerciales. Como si nada hubiese pasado.
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