La familia de Rodrigo Hredil cuestionó a policías y médicos del hospital

Aseguran que los médicos, psicólogos y policías que estuvieron con Rodrigo no supieron atender la situación y que fueron inexactos con sus declaraciones.

El 30 de septiembre del año pasado el fiscal Juan Pedro Puntel, a cargo de la investigación por el hallazgo del joven, les comunicó a los Hredil que habían hallado unos restos óseos en la marea de San Antonio, una localidad ubicada a unos 18 kilómetros de Las Grutas. La noticia los sorprendió: supuestamente ya no había posibilidades de hallarlo en las zonas aledañas adonde había dejado su camioneta ese viernes de frío invernal, a un costado de la ruta, mientras atravesaba un brote psicótico. Les dijeron que la probabilidad de que los restos pertenecieran a Rodrigo eran altas. "Ya suponían que podía ser él porque no es común que una persona lleve ortodoncia", cuenta Celia. "Ahí empezó otra etapa para nosotros. De mucho dolor, de expectativa", agrega. "Hasta que el 3 de noviembre nos llama la psicóloga de la fiscalía para avisarnos sobre el resultado del ADN luego de haber hecho los análisis correspondientes. El resultado era que realmente Rodrigo era la persona a la cual pertenecían esos restos. Después de haberlo buscado durante dos años sentimos un dolor terrible". La familia explica que Rodrigo no fue contenido ni por el personal policial ni por el personal médico que lo vio antes de que desapareciera: "Lo que siento es que dejaron a mi hijo libre para que se encuentre con su propia muerte sin poder nosotros tomar conciencia de ello".

Un dato para cerciorar que efectivamente se tratara de Rodrigo fue el pedido que Celia le hizo a la ortodoncista que lo atendía. Ella pudo constatar la similitud entre los moldes que ella guardaba en su consultorio y la dentadura del cadáver. "Coincidía todo, absolutamente todo", cuenta la madre.

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Ante la noticia, la familia se recluyó para juntar fuerzas e iniciar una nueva etapa: la de pedir justicia. "Nos tomamos un tiempo para poder estabilizarnos emocionalmente y comenzar otra etapa que es la de pedir justicia por la muerte de nuestro hijo, que nadie nos lo va a devolver", continúa. De esa manera, repasa el último día que vieron a Rodrigo con vida: había tenido un brote psicótico el jueves 30 y, según dicen, no fue lo suficientemente ayudado por el personal médico que lo atendió. "Cuando Rodrigo hace crisis acá en casa nosotros no entendíamos qué le pasaba; lo llevamos al hospital y el personal médico que estaba en ese momento en la guardia no actuó de la manera que debería haber actuado", apunta. Desde que esta pesadilla comenzó, una frase resplandece en la mente de Celia: "No es necesario internarlo, andá tranquila mamá, le pusimos un sedante y va a dormir muchas horas, pero eso sí, que mañana vea a la psiquiátra". Según Celia, eso fue lo que le dijo la médica de guardia que vio a Rodrigo ese día y que se habría negado a internar al chico a pesar del pedido de sus padres. Cuentan que lo que hizo la profesional fue llamar en ese momento a un psicólogo del hospital para que pudiera ver a Rodrigo.

El veinteañero volvió a la casa familiar esa noche y, al otro día, la psiquiatra que tenía que verlo -la única de Las Grutas- no pudo hacerlo porque se encontraba enferma. Acto seguido, la familia se comunicó con un médico de confianza para que le recetara algún medicamento a Rodrigo "previa consulta con el psicólogo". Según dicen, estuvieron todo el 31 de julio intentando que el joven tomara el medicamento, pero él se resistía. "Con esto quiero decir que nadie está capacitado en su casa para poder contener a una persona que está atravesando por un brote psicótico, porque esa persona está en su propia realidad y no entiende que la ayuda que le querés dar es para que se recupere", enfatiza Celia. Horas después, tras tomar su camioneta para repartir algunos pedidos de su trabajo, Rodrigo pasó por la comisaría con claros signos de delirio. Luego, dejó su camioneta en la ruta y desapareció.

Desde el día en que la policía fue hasta la casa de la familia Hredil, en Las Grutas, provincia de Río Negro, para informarles que su hijo Rodrigo -de 21 años- había pasado por la comisaría a decir que una voz le ordenaba cometer algo tremendo, la vida de Celia Araya y Fernando Hredil nunca volvió a ser la misma. Desde ese 31 de julio de 2015, más de dos años de una búsqueda incansable se apoderó de la rutina de ambos y concluyó en noviembre del año pasado, cuando finalmente se enteraron que Rodrigo estaba muerto.

En esos casi mil días de búsqueda Fernando pidió licencia en la escuela en la que trabajaba como profesor de educación física para volcarse de lleno a encontrar a su hijo. Y las calles de Las Grutas se inundaron de carteles con las imágenes que Celia repartía, en las que imploraba por la aparición de su hijo. "Papá y mamá te amamos y queremos encontrarte", decían los folletos. "Distintas personas nos decían que lo habían visto en el norte del país, en el sur. Fueron dos años de viajes, idas, venidas", dice Celia a más de cuatro meses de la aparición sin vida de Rodrigo.

Ahora, los Hredil tomarán acciones judiciales contra la médica y el psicólogo del hospital ya que dicen que no supieron "contener" al joven a pesar del estado en el que se encontraba. Los Hredil cuentan que si bien el psicólogo fue citado a declarar ante la justicia, ese no fue el caso de la médica. Sobre ella, dicen que nunca se acercó a solidarizarse con la situación. Así, explican que hubiese sido importante su aporte para poder concretar el perfil psicológico de Rodrigo en la causa por su desaparición, que lastimosamente se terminó de realizar al tiempo que apareció sin vida. "Lidiamos más de un año para que estuviese ese perfil y recién terminaron de hacerlo cuando ya se sabía que mi hijo estaba muerto", dice Celia sobre el lento accionar de la justicia. "No voy a estar tranquila hasta que no se haga justicia"; "que se hagan responsables de lo que pasó"; "ni siquiera me pusieron en sobreaviso de que la persona puede estar con delirio de persecución y se puede autodestruir"; "el tenía un delirio de persecución tremendo pero uno no toma conciencia de la gravedad". Celia subraya una y otra vez que el personal médico estaba preparado para evitar lo que ellos no.

En 2016 la familia presentó una denuncia en las que cuestionaba el accionar de la policía. "Fue por la inexactitud con la que declararon en el expediente judicial. Y pedí además una investigación por su mal accionar en el momento en que Rodrigo pide ayuda en la comisaría ese 31 de julio de 2015. Ellos terminan siendo también responsables de la desaparición de mi hijo", añade. Y agrega: "Los horarios que dijeron no eran correctos, entonces lo que pido es que se investigue por qué declararon algo que no era así. El paso de Rodrigo por la comisaría es gravísimo, es detonante porque si lo hubiesen contenido, si se hubiesen percatado de que andaba en un vehículo -porque nisiquiera se percataron de eso- es terrible, es tremendo".

Extracto del informe de Mercedes Uranga para La Nación

Fuente: La Nación

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