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La comunidad cipoleña le dio las gracias a la hermana Magdalena

La monja cumplió 50 años entregada a la fe y más de 30 trabajando en esta ciudad. Los vecinos que la conocieron le brindaron un emotivo homenaje con una ceremonia religiosa y un ágape.

La misa de reconocimiento se llevó a cabo en la capilla del barrio Pichi Nahuel y estuvo a cargo del sacerdote Jorge Fernández Pazos y del obispo del Alto Valle, Marcelo Cuenca.
 
Se realizó anoche un homenaje a la hermana Magdalena, una mujer que cumplió 50 años de vida consagrada, de los cuales lleva alrededor de 35 dedicada al trabajo por la comunidad cipoleña.
En ese marco se realizó una misa en la capilla Madre de Misericordia del barrio Pichi Nahuel, mientras que a las 21, en el gimnasio del Colegio Brentana, se concretó un ágape que contó con bebidas  y platos preparados con distintas opciones.
La organización del evento estuvo a cargo del Consejo Local de la Mujer y de un grupo de vecinos de Cipolletti que quisieron agradecer lo realizado en estos años a una de las mujeres más queridas de la ciudad.
La hermana Magdalena, como todos la conocen, es reconocida por su constante trabajo solidario, que la ha llevado a penetrar hondamente en el corazón de los vecinos, principalmente de aquellos desposeídos que son golpeados cotidianamente por un sistema que los excluye.
De las actividades religiosas de ayer participó el sacerdote cipoleño Jorge Fernández Pazos, mientras que a la cabeza estuvo el obispo del Alto Valle, Marcelo Cuenca. La misa fue presenciada por más de cien vecinos de distintos barrios de Cipolletti.
 
Una vida de dedicación
La monja es oriunda de Jesús María, Córdoba, pero lleva más de tres décadas y media en el mismo barrio de Cipolletti.
Magdalena era una adolescente de 17 años cuando eligió el camino de la fe, decisión que le dejaría una marca indeleble en su espíritu. Una inspiración de Dios le hizo sentir que su vida sólo tenía sentido ahí, donde descubrió a Jesucristo y la necesidad de trabajar por sus hermanos, sobre todo para aquellos que menos tienen.
La mujer se entregó de lleno a Dios y a su pueblo y fue entonces que comenzó sus estudios religiosos en San Miguel, provincia de Buenos Aires, donde permaneció por tres años. Luego estuvo en la Casa provincial de Villa Devoto y en Flores, en el colegio de la Misericordia, para ser trasladada a esta ciudad.
Desde su llegada los cambios se han notado, tanto en ella misma como en todas las personas que la han rodeado durante estos años, así como también el barrio.

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