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Inmigrantes italianos: Alba Benelli y Renato Biancalani

El aporte de los inmigrantes italianos a las tierras de la norpatagonia en las obras de desmonte, emparejamiento, regadío , esfuerzo y múltiples tareas fue muy importante, constante, merecedor de todos los elogios. 

El contacto con los descendientes de los inmigrantes que dejaban su tierra natal para asentarse con su familia en estas tierras, nos hace ver el amor a este terruño, cómo se consideraron parte de él, cómo contribuyeron con su trabajo a acrecentar el bienestar en esa incipiente sociedad de principios de siglo.

Renato Biancalani, y Alba Mery Benelli, nacidos los dos en 1921 en Florencia, Italia, se asentaron en 1949 en Cipolletti. Vinieron casados después de la Segunda Guerra Mundial, en la que él había trabajado en telecomunicaciones. Ellos dos y su hijo mayor, de 4 años. Llegaron en barco directo de Italia y se encontraron con sus primos hermanos, que les habían hecho una carta de presentación para entrar a la Argentina, y se instalaron en la chacra de la familia Ostano.

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La carta de presentación era para Renato y familia, pero también para un primo hermano, Leto, su esposa Victoria y su hijo Piero.

En Argentina nacerían los hijos restantes: Gabriela Biancalani y el segundo hijo de Leto, Juan Carlos.

Asentados en estas tierras, Renato y Mery construyeron su casa: en ella vivieron hasta sus últimos días. Renato abrió su taller de electromecánica en la misma cuadra de su casa. Entre sus clientes estaba la emisora LU19, los cines de Río Negro y Neuquén, la Policía de Río Negro y la clínica de Pedro Moguillansky, con el que había trabado amistad. Su mayor alegría era ser radioaficionado con su característica LU7VD.

Mery, por su parte, se dedicó al doble oficio de ser ama de casa y modista

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Renato y Mery amaban los bailes del Club Cipolletti cuando eran amenizados por la Orquesta del Cholo Perego.

Están emparentados con la familia Elizondo Serra. Podemos rastrear los orígenes de esta familia hasta un genovés, José Miguel Serra, casado con Mariana Valla de Pavía, descripción que realizó el Sr. Francisco Dehais. Una de sus hijas, Catalina Serra se casó con Leandro Mambriani. Su hija Lucía Mambriani, se casó con Pedro Elizondo, con el que tuvo muchos hijos, entre ellos un varón llamado Pedro, que a su vez se casó con Miranda Galardini, que también había venido de Florencia con sus padres: él fue mayordomo de los Peuser. La prima de Renato, Miranda Galardini de Elizondo, había abierto una gran mercería, Casa Eve, que le había comprado a la familia Medina. Estaba ubicada en calle Fernández Oro, al este del Hotel Argentino y al oeste de la librería de Agapito Duque: luego la trasladaron frente a la plaza. Más tarde, la mercería pasó a manos de las hijas de Miranda: María Claudia y Lucy.

Renato Biancalani se jubiló como comisario en Telecomunicaciones de la Policía. Sus hijos Antonio y Gabriela les dieron cinco nietos: Cinthya, Malisa y Máximo Biancalani, Serena y Sofía Aristi, que a su vez les dieron varios bisnietos.

En el relato de los descendientes de las familias de inmigrantes está patente el amor y el esfuerzo con el que formaron el entramado social de Cipolletti y de todo el Valle: con la sabiduría compartida de su país de origen, apenas arribados pusieron manos a la obra para transformar estas tierras en un vergel. Como todos sabemos, la historia es testimonio: su férreo trabajo da cuenta de ella.

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