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Forno y un narco se disputan el poder de la cárcel

Un informe penitenciario asegura que buscan el control de un pabellón del penal roquense.

Por Guillermo Elía - policiales@lmneuquen.com.ar

El líder de la megabanda, José “Chiqui” Forno, y el capo narco neuquino Aldo Manuel Homann se disputan el control del pabellón 4 del penal de Roca, donde cumplen condena. Pero su rivalidad se remonta a años atrás, cuando vivían a tan solo ocho cuadras de distancia en Cipolletti. Desde entonces, tienen cuentas pendientes.

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En la zona norte de Roca, en las afueras de la localidad, se encuentra el Establecimiento de Ejecución Penal 2, que al igual que todas las cárceles de la región, desde que se apareció la pandemia de coronavirus y se decretó la cuarentena, a mediados de marzo, permanece cerrado, sin la posibilidad de recibir visitas.

Esta cárcel tiene a la fecha más de 280 presos y cuenta con un pabellón de mujeres donde hay 9 internas.

Los lunes, familiares de algunos presos les llevan bolsas de comida y vestimenta, que son desinfectadas y quedan 48 horas en cuarentena para luego ingresar al penal tras una minuciosa requisa en la que a menudo encuentran drogas que intentan introducir al penal.

Los presos suelen utilizar drogas y psicotrópicos ya sea porque tienen una adicción o para poder relajar un poco el estado de tensión en el que viven, donde en las noches se duerme muy poco porque, como ellos dicen, “siempre hay que estar alerta y con un ojo abierto porque no sabés qué te pueden hacer”.

Es tal la necesidad de drogas, que casi todas las noches hay actividad por las calles linderas al penal. “Arrojan a través de la muralla desde palomas muertas con droga adentro hasta pelotitas de tenis con droga que caen en los patios”, cuenta una fuente del penal.

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Viejos conocidos

El penal de Roca tiene una particularidad: en el oscuro pabellón 4, donde hay 45 internos, están alojados dos pesos pesados de la historia criminal del Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

En la celda 1 está José “Chiqui” Forno, líder de la megabanda que llegó a tener en su staff a 16 delincuentes de la región y concretó unos 19 golpes sumamente violentos, entre 2015 y 2016, en Cipolletti y Neuquén. Por sus crímenes, el Chiqui recibió una condena de 33 años de prisión. Tras los barrotes de dicha celda lo acompañan Gerez Derves y Aníbal Meneses, dos de sus secuaces en la megabanda.

A pocos metros está la celda 8, donde se encuentra otro pesado, el narco neuquino Aldo Manuel Homann, condenado a 31 años de prisión por tráfico de estupefacientes. El Aldo, como lo llaman en el ambiente, es conocido por los policías neuquinos pero más aún por los rionegrinos, porque del otro lado del río construyó su negocio narco.

El Aldo cayó por una entrega. Un cómplice arrepentido y jugado batió todo a la Policía. En septiembre de 2018 hubo un operativo de la rionegrina en una chacra de Cervantes donde lo engancharon con 86 kilos de marihuana. Así fue como cayó preso, pero no dejó su rol de capo.

Pese a estar tras las rejas, en marzo de este año hubo un golpe de la Policía rionegrina a tres grupos narco que operaban en Regina y Roca. Los pesquisas descubrieron que el negocio lo maneja el Aldo desde la cárcel.

Prácticamente no los dejan salir de las celdas porque se cruzan y se enfrentan cada vez que pueden.

El pasado no se olvida

Forno y Homann no se pueden ni ver. Los viejos pesquisas de la rionegrina, que los conocen y mucho, cuentan que ya se tenían bronca de cuando vivían en Cipolletti, a tan solo ocho cuadras de distancia.

Los policías no hacen mucho folclore respecto de la rivalidad ni le dan demasiada importancia, solo se limitan a contar que las diferencias eran por el rubro de cada uno.

"La actividad (delictiva) es lo que los diferenciaba. Siempre hubo pica entre los ladrones y los narcos”, asegura un pesquisa, que detalla: “Los chorros se creían más guapos por poner el cuerpo en lo que hacían y robarles a los ricos. Mientras que los narcos trabajan en las sombras y se rodean de soldaditos (pibes) para evitar quedar expuestos y encima le sacan guita a la gilada (por los pibes a los que les venden droga)”

Otros policías, dicen que hay algunas cuentas pendientes entre ellos, pero se llaman al silencio. Lo cierto es que algo de eso hay, porque hoy la puja se ha intensificado puertas adentro del penal y no les da respiro a los penitenciarios.

Salir al patio es juntar droga

Las rencillas entre el Chiqui y el Aldo salieron a la luz esta semana, tras un habeas corpus que presentaron Forno y compañía. Denunciaron que a partir de la situación de pandemia, las condiciones de detención se agravaron y las califican de “humillantes” porque no les permiten hacer uso de los espacios recreativos. Es decir, no los dejan salir al patio, sí al patio donde caen las palomas muertas y las pelotitas de tenis con droga.

En paralelo, desde el penal se emitió un informe a la Justicia de Río Negro donde explicaron la tensa convivencia entre las huestes del Chiqui y el Aldo.

“Se ha intentado dejar abierto el pabellón en reiteradas oportunidades, previa realización de requisas preventivas (en las cuales les secuestran facas, puntas y elementos que pueden servir de arma en una pelea), pero es allí que inmediatamente se debe cerrar ya que los presos salen al pasillo interno y tratan de agredirse. De tal gravedad es la situación, que se ha debido saturar el sector con el Cuerpo de Intervenciones Especiales Penitenciarias (CIEP), utilizando gas lacrimógeno”, detalla el informe del 21 de mayo.

De líderes y gatos

En la vida carcelaria, tener el control o manejo del pabellón es vital para criminales de la talla de Forno y Homann. Incluso, los presos de poca monta, a los que les dicen “gatos”, saben que enrolarse tras estos pesados les genera protección. A cambio, saben que tienen que estar dispuestos a todo, desde cebar mate, lavar la ropa, cocinar algo y armar un cigarro hasta matar o morir. Así son las reglas del juego cuando se cae en desgracia y se entra a prisión. Lo más novatos son los que peor la pasan, por lo que sí o sí necesitan tomar posición y alinearse.

Forno conoce muy bien el juego. De hecho, cuando se investigó a la megabanda y se le hicieron las escuchas telefónicas, además de cómo planificaban o concretaban los golpes, se pudo establecer que el Chiqui apoyó a muchos “amigotes presos en Roca y Cipolletti a los que les mandó zapatillas del golpe a Red Sport. Esto se puedo establecer en la investigación”, reveló un informante a LMN.

Además, a otros que estaban “guardados” (presos) les ayudaba a mantener a la familia. Es por eso que Forno busca posicionarse fuerte y muchos le deben varios favores.

Por su parte, Homann es un capo narco con manejo dentro y fuera del penal, y eso también lo saben quienes juegan para él tras los muros. También es cierto que sobre el Aldo caen todas las miradas para que vea la forma de introducir droga al penal, porque tras los muros la abstinencia ya no se banca.

Así está planteado el escenario: hay una guerra en proceso tras las rejas y las autoridades del penal lo saben.

Lo peor de todo es que estos capos criminales tienen condenas de más de 30 años, por lo que su rivalidad promete extenderse en el tiempo.

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