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Familia D'Anna, historias rionegrinas y neuquinas entrelazadas

Fue martillero y corredor público en Neuquén, es reconocido por su actividad inmobiliaria.

Eduardo Esteban D’Anna fue martillero y corredor público en Neuquén. En la década del ‘60 se asoció con un recordado vecino, Francisco Seleme, para abrir Inmobiliaria Seleme - D’Anna.

Eduardo nació el 24 de Septiembre de 1906 en Buenos Aires. Era el segundo hijo de Domingo D’Anna (inmigrante Italiano de Baiano, provincia de Avellino) y de Catalina Mc Donell (Irlandesa). Sus padres habían arribado a la Argentina huyendo de la Primera Guerra Mundial, y se asentaron tempranamente en Pomona y Lamarque, tierras rionegrinas.

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Una vez en la localidad de Lamarque, Domingo comenzó a trabajar para la empresa Agar Cross, que se dedicaba a la venta e instalación de molinos de viento para toda la zona comprendida entre Bahía Blanca y el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

La empresa Agar Cross fue fundada en Argentina a fines del siglo XIX. En sus inicios operaba una línea de más de 5000 productos, incluyendo maquinarias y equipos para el agro, equipos de frío, autos y camiones. En esos tiempos la empresa representaba a importantes marcas internacionales como John Deere, Case, International Harvester, Morris, Pegaso y Alfa Laval.

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Casamiento de Eduardo y Amalia.

Casamiento de Eduardo y Amalia.

Promediando el siglo pasado, Agar Cross modificó su estrategia comercial y se constituyó como pionera en la Argentina con la introducción y comercialización de molinos de viento, que constituyeron hasta la fecha un símbolo de la empresa, ya que el millón de unidades vendidas forman parte del paisaje de nuestro país.

Asentados en Lamarque nacieron los otros 16 hermanos de Eduardo. Domingo, para alimentar a tantas bocas, tuvo que esforzarse el doble: llegó a ser martillero público, y fue también representante del diario La Nación de Buenos Aires.

En 1920, cuando tenía 14 años, Eduardo se fue acompañando a un comerciante turco que vendía todo tipo de mercaderías, por los parajes, chacras y campos de la zona, hasta que ingresó al Ferrocarril Nacional General Roca, que estaba en manos de los ingleses, aproximadamente en 1931.

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Amalia y sus dos hijos. Lalo y Raúl.

Amalia y sus dos hijos. Lalo y Raúl.

El ferrocarril

En sus recorridas con el Ferrocarril, conoció a Amalia Anita Ballesi, con la que se casó en Allen en 1934.

Amalia había nacido allí el 7 de noviembre de 1916 y era hija de Agostino Ballesi (italiano, de Macerato) y de Rosa Chiachiarini.

En el Ferrocarril se desempeñó primero como peón, cambista, capataz cambista, y luego por un accidente de trabajo, pasó al sector de encomiendas; estuvo trasladado al paraje Challacó, luego a Zapala (allí nació su hijo mayor Lalo, en 1936), después a Ucal (La Pampa), también a Coronel Suárez (Buenos Aires) hasta que en el año 1941 se radicaron en Neuquén.

Vivían en las colonias que tenía el ferrocarril para sus empleados en la calle San Martín casi avenida Argentina. En 1949 nació allí su hijo menor, Raulito.

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Martillo rematador.

Martillo rematador.

Inmobiliaria Seleme - D’Anna

De a poco en sus ratos libres, Eduardo comenzó a dedicarse a la venta de propiedades en general, paralelamente a su actividad en el ferrocarril, ya que estaba por jubilarse, en el año 1955.

Ya en plena actividad, y con matrícula de martillero corredor público, se asoció a Francisco Pancho Seleme, al que conocía de Lamarque.

En 1965 crearon la Inmobiliaria Seleme - D’Anna, que perduró con esa identificación tan conocida por todos, no solo en la ciudad sino en todo el valle, hasta el fallecimiento de D’Anna. Es muy recordado por mucha gente de Neuquén, a los que hizo hacer buenos negocios, con su asesoramiento. Era un hombre de palabra, honesto. Un hombre de bien.

Fue una historia muy rica la que compartieron estos socios y también amigos durante todos esos años. Eduardo falleció en 1978, a los 71 años, todavía en plena actividad, dejando un legado: “Si cuidás al cliente, te trae otro”.

Una historia de vida valletana que, como tantas, ha dejado huellas.

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