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Explosión en la refinería NAO: el doloroso reclamo de los familiares de las víctimas

Emanuel Jara, hermano de uno de los operarios fallecidos, habló de la pesadilla que están viviendo a partir del incendio.

"Esto no fue un accidente. Ni siquiera se puede tomar como una negligencia. La explosión en la refinería de NAO fue un crimen social. Nosotros esperamos que se haga justicia. Necesitamos que se sepa la verdad respecto a lo que la empresa hacía y lo que dejó de hacer. Todo lo que dejó de hacer fue lo que produjo esto. Se esquivaron todos los controles, todas las auditorias".

Pese al dolor y la impotencia, Emanuel Jara mantiene su entereza. Lo hace principalmente por su hermano, Fernando Jara, el operario que murió (junto a sus compañeros de trabajo, Víctor Herrera y Gonzalo Molina) durante la explosión y el incendio en la Refinería New American Oil (NAO) de Plaza Huincul en la madrugada del pasado 22 de septiembre.

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Emanuel es también la voz de sus padres, Cristina Mora y Oscar Jara, que aún no pueden salir del shock por esa pérdida tan desgarradora, que no encuentra palabras. Casi sin haber podido caer en la cuenta de la pesadilla que está atravesando -en medio de su trajín cotidiano- se mantiene fuerte, sosteniendo, yendo y viniendo a Plaza Huincul desde Rincón de los Sauces (donde reside y trabaja) para acompañar a su madre y motorizar el pedido de justicia.

Tras la efervescencia mediática de los primeros días, queda el silencio, las preguntas, el vacío, la desolación. Una inmensa sensación de orfandad y la eterna espera de una llegada que no se concreta, ni se concretará.

"Ellos se fueron a trabajar y no volvieron más. Para nosotros el tiempo se detuvo. Siempre estás como a la espera de que vuelvan. Ni siquiera podemos despedirlos. Los tiempos de la justicia, lamentablemente, siempre son otros. Es bastante largo el laberinto burocrático y eso prolonga la agonía. Al día de hoy, tanto mi familia como la de Gonzalo Molina, no tenemos el resultado de las pericias del ADN. Ya pasó un mes y aún no podemos dar las exequias. Los cuerpos, que quedaron irreconocibles, aún está en un depósito", sostuvo Emanuel con una enorme tristeza al remarcar que, mientras ellos esperan concretar esa despedida, "la justicia ya les entregó el predio a los dueños de NAO porque concluyeron la primera parte de los peritajes".

fernando jara explosion nao

"El dolor de mi mamá por perder a un hijo sobrepasa todo", manifestó devastado Emanuel quien, pese a recuerdo fragmentario de las primeras horas del horror, no puede borrar de su mente la imagen de su madre llorando desconsoladamente, pidiéndole a Dios un milagro y que no sea cierto lo que se había confirmado hace horas.

El 22 de septiembre Emanuel arrancó su rutina de manera habitual en Rincón de los Sauces. Cuatro días antes una videollamada en la que no participó mucho, fue el último contacto con su hermano. Una despedida insospechada. "Hicimos una videollamada para que mi mamá hablara con mi hija. Yo saludé y enseguida me fui a corregir exámenes", comentó

"De la explosión me enteré por las noticias, pero como no me acordaba en qué turno estaba... no sé, no me imaginé que podría estar ahí él. Fui a dejar a mi hija la colegio y luego me fui a dar clases. A las 8:20, estaba dando Dibujo técnico y me llega un mensaje de un amigo de Fernando, que también trabaja en NAO, diciéndome que había fallecido. Quedé completamente en estado de shock. Los chicos me miraban y yo no sabía qué hacer. No sé cómo les pedí disculpas y fui a avisarle a la preceptora; y me fui. Recuerdo fragmentos de ese día, solo sé que mi prioridad máxima era ir a Cutral Co para estar con mi mamá. Ella vivía con mi hermano y estaba sola, al igual que la pareja de Don Herrera, el otro operario que falleció, que era vecino de ellos", contó.

"Mi día a día es muy difícil, pero trato de contener a mi mamá y honrar a mi hermano. Yo perdí una parte mía, mi otra mitad. Nosotros teníamos seis años de diferencia, pero compartíamos muchas cosas. En mi tablero de dibujo tengo las firmas de él, de las bandas que nos gustaban. Yo lo admiraba y ahora más. Aún no puedo tomar dimensión de lo que pasó", dijo, antes destacar la dedicación y bondad de Fernando con los perritos, su constancia y pasión por la actividad física y lamentar todos los sueños que no pudo cumplir, en especial el de la casa propia, que estuvo a punto de alcanzar. "Cada vez que yo iba a Cutral Co íbamos a ver cómo estaba avanzando, estaba a punto de mudarse", deslizó.

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Sin contención ni acompañamiento

Emanuel destacó que al inmenso dolor que atraviesa a las familias se le suma el desamparo por "el silencio absoluto que hay y la falta de tacto de la empresa desde el minuto cero", los tiempos de la justicia y la ausencia de diferentes estamentos del Estado.

"Nadie se puso en contacto, ni desde el gobierno provincial, ni desde el municipal. Solo sacaron comunicados por demagogia. El fiscal José Gérez solo montó un show mediático. Nosotros nos estamos manejando con la fiscal Ana Mathieu, que es quien está a cargo de la causa. Jamás tuvimos contacto con Gérez. Hemos leído las cosas que ha dicho y no estoy de acuerdo con nada", sentenció Emanuel para luego hacer hincapié en el accionar de la empresa comandada por Jorge Arias y Eduardo Mónaco.

"Nunca se pusieron en contacto con las familias ni nos informaron qué fue lo que pasó. Por la magnitud del accidente, tendrían que haber proporcionado una contención psicológica en forma inmediata y no lo hicieron. Ellos tenían la nómina de las personas que estaban trabajando en la empresa. Ellos sabían que esa noche estaba trabajando solo tres empleados. La explosión fue a las 4 de la madrugada y recién a las 10 de la noche mandaron a alguien del gremio y a una psiquiatra, Verónica Monti, que nos vino a hablar con un discurso dudoso. Sin una credencial ni nada, se presentó diciendo que actuaba como intermediaria de la empresa, el gremio, a modo solidario", planteó.

fernando jara explosion nao

"Luego se armó un comité de contención psicológica con reuniones de 40 minutos con cada familia en un hotel que está a la entrada de Plaza. La idea fue apaciguar los ánimos. A los psicólogos y los psiquiatras solo les preocupaba silenciar esto, no armar lío, abocarse a mantener las fuentes de trabajo. La psiquiatra remarcaba que no había que 'enquistarse en el dolor'. Nos enteramos que también se reunieron con los empleados y que les hicieron una encuesta preguntándoles si creían que la empresa tuvo responsabilidad y cómo harían para que la empresa continúe funcionando. Todo en este contexto, es aberrante", exclamó.

Emanuel subrayó que la empresa tampoco les facilita la documentación necesaria para realizar las gestiones legales y burocráticas en bancos y otras entidades, que se suelen hacer tras el fallecimiento de un familiar. "Al día de hoy todavía estamos esperando recibos de sueldo. Los pagos todavía no están hechos. Es horrible tener que estar hablando de esto. Lo único que hacen es jugar con un discurso muy cínico en torno a mantener las fuentes de trabajo", manifestó indignado.

El hermano de Fernando Jara también habló de la falta de acompañamiento gremial. "Horacio Cea, el delegado sindical de NAO, me llamó recién el viernes 14 de octubre. Después no se contactó nadie más", recalcó antes de valorar el respaldo de los vecinos de la comarca petrolera, en especial de quienes juntaron firmas para pedir justicia y se movilizaron el pasado, sábado al cumplirse un mes de la explosión.

Imprudencia deliberada para aumentar la productividad

Más allá del profundo sentimiento de tristeza, el hermano de Fernando Jara cuestionó con firmeza el accionar de las autoridades de New American Oil.

"Además de no cumplir con los procedimientos, los dueños de la empresa siempre estuvieron vinculados a negocios turbios. De hecho, en 2007 fueron imputados en una causa por robo de crudo a Oldelval y fueron sobreseídos en una artimaña compleja vinculada al juez", postuló Emanuel al recordar el caso de la pinchadura de un ducto (que va desde Centenario hasta la planta ubicada en la zona norte de Allen) que tuvo a Eduardo Mónaco y Jorge Arias entre los doce procesados.

"Este último año la empresa trabajó sobre su capacidad, con mezclas de dudosa procedencia. El mapa estructural de la refinería ni siquiera daba para el tratamiento de los productos que traían. El mismo diseño de la planta estaba mal hecho. Yo tengo documentación que da cuenta de la falta de seguridad, incluso fotos y un video del último incidente -muy similar- que tuvieron antes de la explosión, por un problema en el mismo tanque que explotó el 22 de septiembre. Todo eso demuestra que se sabía lo que estaba pasando y lo que podía llegar a pasar", indicó.

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"Lamentablemente tenían muy naturalizadas las fallas de la empresa y esa cadena sistemática de negligencias. Las pocas veces que hablé del tema con mi hermano, veía que ellos lo tomaban como una anécdota. Después de cada incidente que pasaba, se seguía trabajando normalmente. Trabajaban a destajo para cubrir las necesidades de la empresa", dijo, para luego subrayar la falta capacitación y de cumplimiento de los protocolos de seguridad como consecuencia de una decisión deliberada por parte de los altos mandos de la compañía -"los dueños, los supervisores y todos los organismos que tenían que controlar"-, para aumentar la producción.

"Durante el último paro de planta que hubo mi hermano le dijo a mi mamá que en cualquier momento iba a pasar algo porque las cosas no estaban bien. Se estaba acelerando mucho la producción. Lo mismo le dijo Gonzalo a su familia", recordó y agregó que hace unos meses su hermano tuvo que ir al médico por un problema respiratorio derivado de la emanación de gases en la planta.

"Nuestra idea es que la empresa no vuelva a rearmarse porque -de hacerlo- van a seguir operando tal como lo hicieron y esto va a volver a pasar. La idea es que la comarca no tenga más muertes, son hijos del pueblo los que murieron", sostuvo y agregó que los puestos de trabajo se pueden mantener a partir de la absorción de los empleados en otras compañías.

"Esto no es un accidente, es un crimen social por las fallas sistemáticas que se permitieron a lo largo los 22 años que tiene la empresa. Los dueños de NAO son asesinos. Yo quiero que vayan a la cárcel los dueños y supervisores.", concluyó.

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