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El vendedor de donas que dejó su huella en la arena

Hugo y su grito "guarda que vengo" ya son sinónimo de la playa de Las Grutas.
Su grito se escucha a varios metros a la redonda, y ya es una marca registrada en Las Grutas. Incluso tiene imitadores. Hugo es uno de los poco más de 130 vendedores ambulantes que transita la playa, pero se destaca por su slogan "Guarda que vengo", y porque además acostumbra a brindar un monólogo que resulta gracioso para sus clientes.

Historia, economía, Boca, River, astrología, crisis, política, hambre, clima o calentamiento global forman parte del discurso

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Lleva diez veranos dedicados al mismo oficio y tiene un conocimiento profundo de la costa grutense. Observa el cielo y adelanta cómo estará el clima y el comportamiento del mar.

Llegó hace diez años y fue mozo, pero lo atrapó la venta ambulante.

Repite, ante la pregunta acerca de su locuacidad, que él sólo vende "un pedacito de masa dulce, pero que además invita a pensar, a reflexionar sobre qué nos pasa", explica el extrovertido Hugo.
Como muchos en su oficio, llegó a Las Grutas hace poco más de una década con la esperanza de conseguir trabajo. Fue cocinero en una rotisería y mozo, hasta que le ofrecieron vender donas en la playa. Una sola tarde le alcanzó para saber que eso era lo suyo.

"Ese contacto directo que se tiene con la gente me atrapó y me sigue atrapando", asegura.

Los veraneantes también quedan prendados de su gracia y simpatía. En cada recorrida capta inmediatamente la atención de la gente. Quienes no lo conocen se podrán sorprender o hasta dudar de su cordura. Pero luego les arrancará una sonrisa y, por qué no, hasta una carcajada cuando el remate es gracioso, ya que no siempre lo es. Y les venderá seguramente una bolsa de donas, pues esa carga de simpatía también tiene –y no es casual– una garantía comercial.

"Uno puede transmitir alegría, hacer reír. La risa permite ver la vida de otra forma y hasta a mí también me hace bien, aprendo mucho de la gente y me divierto con ellos", sostiene convencido.

La pausa en su labor no puede extenderse mucho. Lo llaman de un lado y de otro. "Muchos ya me conocen. Incluso cuando salgo a escuchar a alguna banda me saludan y me hacen sentir su cariño", afirma con regocijo.

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