El Bar Cipolletti cerrará sus puertas después de 73 años

Su actual propietario lo quiere sostener hasta fin de año, pero la crisis y el cansancio le pegan fuerte.

El Bar Cipolletti pronto será historia. Abierto en 1946, el tradicional local de Roca 320, pleno centro, cerrará sus puertas a fin de año. Su actual propietario, Juan José Rolando, tiene la intención de mantenerlo en actividad hasta el 31 de diciembre, pero irá viendo cómo viene la mano e incluso podría bajar las persianas antes. Hoy por hoy, la mano viene pesada. La crisis económica ha reducido mucho la clientela y los distintos insumos se han encarecido demasiado.

Además, el trabajo diario es mucho y las exigencias para seguir brindando el mejor servicio posible se vuelven cada vez más pesadas. Todo conspira contra la continuidad de uno de los establecimientos más antiguos de la ciudad que aún perduran. Son 73 años que pasarán al recuerdo.

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Su actual propietario, Juan José Rolando, manifestó que su padre, Anselmo Rolando, se hizo cargo del bar en septiembre de 1974. Han pasado 45 años desde entonces. Mucho tiempo. Toda una vida. Varias generaciones de cipoleños han pasado por las emblemáticas instalaciones, en las que, además de tomar algo, se puede jugar a las cartas y al pool, las especialidades distintivas de la casa.

Obviamente, la clientela no quiere saber nada con el final que conocen y que se avizora cercano. Hay preocupación, hay nostalgia, hay desazón. Pero así son las cosas, así parecen estar escritas a estas horas. Entre tantos concurrentes habituales, hay uno de 96 años que no quiere perder su lugar de diversión. Se trata de una persona con un carácter y un talante tan juveniles que aparenta mucha menos edad de la que tiene. Para él, será muy penoso quedarse sin su local de siempre.

Rolando asumió la titularidad del negocio en 2006. A partir de ese año, la responsabilidad recayó sobre sus hombros. Hoy, a los 71, reconoce que ya está fatigado por tanta exigencia. Su padre falleció hace seis años y en la conducción y sostén del trabajo diario solamente cuenta con la ayuda de una hermana, que lo reemplaza durante algunas horas en cada jornada.

Las tareas son duras y requieren una dedicación intensiva. Únicamente tres veces al año no se atiende al público: en Navidad, Año Nuevo y el 1º de Mayo. El resto, las puertas se abren temprano por la mañana y se cierran a las 2 de la madrugada. El propietario a veces alcanza a dormir dos o tres horas por la noche, a veces menos.

Planteada así la realidad, las dificultades económicas se han vuelto insostenibles. La dueña del inmueble no quiere que se termine la historia del bar y Rolando dice que ella le ha pedido que continúe y que, si no lo hace, podría directamente vender el local y a otra cosa. Él ha hecho lo posible y destaca que el alquiler que paga no es alto y que no es la fuente de sus tribulaciones. Lo son la menor clientela y lo caros que se han vuelto los insumos.

El cansancio de tanto esfuerzo

“Estoy muy cansado”, sostuvo Juan José Rolando, en referencia a su decisión de cerrar el Bar Cipolletti. Cada día le dedica un gran esfuerzo al funcionamiento y hoy solo cuenta con dos empleados: un mozo y un trabajador de limpieza. En su mejor época, el local llegó a contar con ocho empleados y en otros momentos, con seis. Ahora, todo se ha vuelto muy difícil y caro para continuar.

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