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Doctor Augusto Ciruzzi, gran conocedor de la historia de la ciudad 

Un recorrido a través de una de sus obras, Los médicos de Colonia Lucinda, segunda parte.

En un escrito anterior hemos hablado de la biografía del doctor Ciruzzi narrada por su hijo Camilo. Declarado personalidad destacada por su trayectoria y trabajo realizado en la ciudad, participó de la fundación de la Facultad de Medicina, escribió libros de cuentos, de poesías y rescató la historia de los primeros médicos que llegaron a la zona del Alto Valle. Los médicos de Colonia Lucinda rescata ese recuerdo: un profundo trabajo de investigación en archivos históricos, aduanas, herederos, que dio a luz a un libro único.

Hojeamos el libro y en sus comienzos leemos esta poesía que expresa claramente su homenaje a pioneros que se atrevieron al valle del Río Negro y Neuquén.

Una nación sin memoria

no es apenas, sino un pueblo.

Quien no conoce su Historia

no construye nada nuevo.

Quien no cultiva los recuerdos

en el Universo de las ideas

del subconcsciente colectivo

el presente bastardea.

A los pioneros rindamos culto

en un sentido homenaje

ya que las memorias baldías

son caldo del vasallaje.

Cipolletti, mayo de 1999

En las primeras páginas de su libro aclara de su falta de experiencia e instrucción como investigador de la historia, aunque no solicitó ayuda de profesionales en la materia. Sin embargo, su amena escritura, dotada de mucha investigación en repositorios locales, hicieron de sus libros una gran guía para conocer el pasado de la ciudad que tanto amó. Fue concejal de la ciudad de Cipolletti y aficionado a la historia, lo que dio como resultado un excelente trabajo de investigación como si fuera erudito de la materia.

Comenzó su tarea cuando se le ocurrió averiguar cuál había sido la primera ordenanza que se dictara en Cipolletti. Por ese motivo se introdujo en el Archivo Municipal sin mucho éxito: en los fondos del edificio encontró un galponcito que ocupaba la Contraloría Municipal, donde encontró varios Libros de Actas, Copiadores y de Contabilidad de la Comisión de Fomento de Colonia Lucinda de 1925 en adelante.

Allí tomó contacto por primera vez con uno de los médicos precursores, Juan Bautista Lafourcade, en actas que le resultaron desopilantes por los temas y la manera de enfocarlos: un grupo de vecinos se había presentado en la sesión pública de la Comisión de Fomento para quejarse y pedir soluciones sobre la falta de higiene y malas condiciones de funcionamiento del prostíbulo local, por ejemplo.

Para dar inicio a su vasta tarea comenzó entrevistando a antiguos pobladores, entre ellos a María Helena González Larrosa, dueña de una memoria y lucidez admirables y enamorada de la historia. Otra gran mujer que le prestó ayuda fue Cecilia Herzig, que recordaba al doctor Reyna.

Indagó en el Museo Carlos Ameghino, en la Biblioteca Rivadavia, en la Delegación Cipolletti del Registro Civil.

La breve reseña histórica plasmada en este libro-expresa el doctor Ciruzzi- forma parte de una historia mayor, de la conquista y colonización de la Patagonia, que se llevó a cabo en dos etapas: la primera, llamada “Conquista del Desierto”, campaña netamente militar. La segunda, civil, fue planificada por los estrategas de la “Generación del 80 comandados por Julio Argentino Roca, lenta y penosa”.

Esta última tuvo como principal protagonista al Ferrocarril del Sud, empresa inglesa que invirtió enormes sumas de dinero en desarrollar la región. Como dice William Rugind en Historia del Ferrocarril Sud 1861-1936: “la primera conquista del desierto fue llevada a cabo por el ejército, la segunda por el Ferrocarril del Sud”.

Entre los primeros actos de soberanía se establecieron gobiernos territorianos, tendido de líneas telegráficas y vías férreas. Se fundaron ciudades alrededor o cercano a los fortines de campaña, se nombraron autoridades administrativas, policía, se trazaron caminos. Se instaló el telégrafo y la extensión de las vías férreas.

En aquellos territorios nacionales primigenios, y cuando las autoridades políticas se iban instalando, la población estaba formada por grupos dispersos en áreas rurales que viajaban con frecuencia a Chile, de donde era la mayoría. Las condiciones de vida absolutamente primitivas, tal como lo podemos notar en cartas que los médicos del territorio neuquino le dirigieron al gobernador Rawson en 1895 desde Chos Malal. Hacían hincapié en la falta de higiene de cómo vivían los habitantes del territorio, condiciones insalubres. Informado por el Dr. Mario de Legar.

Cuando se fundó Cipolletti el 3 de octubre de 1903 el panorama de la salud era bastante rudimentario. Había un solo médico, Julio Pelagatti, radicado en Neuquén. Difícil acceder a la atención médica. La Nación mantenía una precaria infraestructura sanitaria: generalmente un médico, un vacunador y un administrativo. Numerosas epidemias azotaron a la incipiente ciudad cipoleña. Los llevaban al hospital de Allen, donde los ponían en cuarentena. Los médicos ejercían la profesión como clínicos generales.

La ley de Higiene Social, de 1873, surgió debido a la proliferación de las enfermedades venéreas. Entre otras cosas, esta ley legalizó la prostitución para evitar la expansión de la sífilis y la blenorragia. Los prostíbulos debían tener habilitación municipal.

Datos biográficos de los pioneros- primera parte.

Doctor Julio Pelagatti

Según la documentación obrante en el Archivo Histórico de Neuquén, en abril de 1904 el gobernador Bouquet Roldán solicitó por nota al ministro de la Guerra Coronel Pablo Ricchieri la designación del doctor Julio Pelagatti como médico para la gobernación.

De acuerdo con Ángel Edelman, Pelagatti estudió y se recibió de médico en la Universidad de Florencia en Siena, Italia, en 1896. Sin revalidar el título fue autorizado a ejercer la profesión en la provincia de Santa Fe. Luego fue a Hurlingham, provincia de Buenos Aires, y luego a Santiago del Estero. En 1904 fue a Chos Malal y luego a la Confluencia. Vivía en Neuquén y atendía enfermos en Colonia Lucinda: se encontraron testimonios documentales en las múltiples actas de defunción firmadas por él.

Julio Pelagatti.jpg

El doctor Pelagatti partió hacia el sur y se radicó en Dolavon, territorio nacional del Chubut. Falleció en Buenos Aires en 1951.

Participó en la fundación del Neuquén, a la que cariñosamente llamaba “medanópolis” por los arenales que adornaban el paisaje urbano.

Doctor José Guarnieri

Este médico era hijo de Antonietta Agrelli e Ignazio Guarnieri. Tuvieron varios hijos, partieron de Nápoles en 1909 llamados por Francesco –uno de los hijos, ingeniero, y que estaba trabajando en la Patagonia, en la construcción del Dique-puente sobre el río Neuquén, lo que iba a dar nacimiento a la irrigación del Valle del Río Negro. Roberto, enólogo, sería el último en venir a la Argentina.

Guarnieri y familia en Nápole.jpg

José nació en Viccaria, ciudad de Nápoli. En Avellino estudió medicina, obtuvo su doctorado en Medicina y Cirugía en la regia Universitá di Nápoli en 1904. Un tiempo después estudió Agronomía y se recibió de dottore en Scienze Agrarie en 1907. Acá comenzó trabajando como médico del obrador del Dique-puente (puesto que le había conseguido Francisco). Mientras tanto, estudiaba para revalidar el título. Entre 1914 y 1915 estuvo en Cipolletti, momento en el que decidió enrolarse y partir a la guerra: fue médico en el frente Otomano.

Según esta biografía no se sabe con exactitud la fecha en la que el doctor Guarnieri estuvo asentado en Colonia Lucinda. Iba y venía a Italia: en 1916 fue nombrado delegado de la Cruz Roja italiana en la Argentina. Formó su familia con María Maucci y se trasladaron a Allen. En 1923 nació su primera hija, aunque su esposa no se adaptaba a la vida de estos poblados.

José Guarnieri.jpg

En 1925 decidió trasladarse a Rosario para trabajar en el Hospital Italiano, donde se desempeñó hasta 1930 para regresar a su tierra natal: allí nació su segunda hija, Marina. La crisis lo afectó, y en 1934 regresaron al país. Alquilaron una casa frente al mercado de Abasto, donde instaló su consultorio.

Había ingresado como médico de planta en el Hospital Italiano de Buenos Aires. Fue un hombre muy culto, hablaba varios idiomas, humanista apasionado, escribía poesías, era aficionado a las plantas de interior. Un romántico, siempre en busca de nuevas aventuras y horizontes, luchó por su patria, ideologizaba la unión italiana.

Hombres de la Medicina que arribaron a estas tierras a principios del siglo XX que no llegaron solos: traían con ellos su bagaje cultural, su sabiduría, sus objetivos de trabajar por los demás.

José Guarnieri (1).jpg