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La historia de Diego Zarba, el creador de la Corrida de Cipolletti

La clásica prueba de atletismo se corre el próximo sábado y la persona que puso la piedra fundamental para el evento charló con LM.

Restan horas para una nueva edición de la tradicional Corrida Ciudad de Cipolletti, uno de los eventos más icónicos para el deporte en la región. El próximo sábado por la tarde se completará la edición 38, algo impensado por su creador Diego Zarba allá por 1986. "Indudablemente, en el momento que la creé no estaba pensando en una cosa tan grande como lo es, quería que fuera grande pero no imaginaba esto, ni tampoco tantos años", dijo a LM.

Zarba era un joven de 22 años que arribó a la ciudad desde Córdoba y desde aquel momento, aprovechando su conocimiento en el atletismo y el entusiasmo que le imponía el escenario valletano, puso en marcha su idea. "Yo quería hacer una carrera, sin saber bien el por qué y a dónde quería ir. Se me ocurrió hacer una carrera porque venía del mundo del atletismo y tenía amigos con los que compartí la actividad. Yo recién había llegado a Cipolletti y me pareció piola hacer una carrera por la ciudad", recordó.

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Diego en aquella época estaba era corredor, algo que lo llevó a tener roce con los mejores del país. "Yo corría semi profesionalmente y entrenaba en lo que hoy es el Cenard, tenía una beca e iba ahí. Tenía mi núcleo de compañeros deportistas con los que entrenábamos y competíamos. Cuando dejé el deporte mi idea era hacer una carrera trayendo a estas estrellas del deporte, teniendo atletas de nivel nacional", comentó.

En una ciudad futbolera, marcada por los distintitos clubes barriales e históricos, la carrera de 10 kilómetros planteó algo diferente. Osvaldo Quiñones ya movía a los atletas en la ciudad y la carrera de Zarba le dio un empujón a los locales. "El resto eran corredores que daban vueltas por aquí, los regionales. Estaban sostenidos por Osvaldo Quiñones, con la peña y las carreras que hacían todos los domingos por las 300 viviendas o en Cinco Saltos y reunían 30 o 50 corredores", mencionó.

Con los avales y el visto bueno de las autoridades, Diego y sus laderos, tenían que contagiar y animar a que los corredores zonales se sumen. Además, había que traer a los vecinos hacia el centro. "Salíamos a difundir con unas bocinas que nos prestaba el partido intransigente y las poníamos en un vehículo. Así convocamos a la gente para que vea la carrera. Hubo mucho público, fue en Alem y España, había centenares, 500 personas, o más", relató.

Aquellos vecinos que se sumaron a las calles cipoleñas le dieron aliento a esos 70 atletas que saltaron al circuito por primera vez. Lo más importante para que la carrera se vuelva una costumbre, fue el apoyo que recibieron los atletas locales, que por primera vez tenían a un público masivo alentándolos.

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Con el correr de los años, el evento fue creciendo aún más y un neuquino fue protagonista de ese momento cuando cruzó primero la meta Tranquilino Valenzuela en 1990, escribiendo su propia historia y agrandando la de la Corrida. "Convergen varias cosas, no es todo mérito mío. Se dio un incipiente Tranquilino Valenzuela despertando a nivel nacional y empezando a crecer deportivamente. A pesar de ser neuquino, la gente hinchaba por él", explicó Diego Zarba.

Las cosas para mejorar

Con casi 40 años del evento, Diego aún sigue analizando aristas de lo que sucede con el evento. Sobre todo porque después de estar detrás de la corrida, siguió metido de lleno en la organización de distintos eventos de atletismo. "Hay un desafío aún no cumplido, siempre fue vista como un espectáculo la carrera, vienen los mejores del país e internacionales, pero la corrida no fue generadora de corredores urbanos, popular, común corriendo los 10 kilómetros", afirmó.

En ese sentido, cada año el número de inscriptos a la caminata familiar rompe un nuevo récord, mientras que en la competitiva el número es alto pero no como el creador del evento espera que sea. "Se da la masividad con la familiar, pero hay un trabajo pendiente. El desafío es bajar el cordón de la carrera para ser participante", agregó.

A propósito de las quejas y molestias que traen consigo la carrera, que afecta al tránsito del transporte público y los propietarios aledaños al circuito, Zarba, explica de manera fácil por qué no debería haber tanto malestar. “Siempre ocurre que complica, porque atraviesa toda la ciudad, complica uno de los accesos a la ciudad y frente a eso el argumento siempre es el mismo. La esencia de la carrera de calle es irrumpir la vida cotidiana, sacarle la calle a los autos y que la gente circule libremente”.

La importancia de la buena gestión pública

Con el contexto inflacionario presente en la Argentina, en ningún momento hizo tambalear la celebración de la nueva edición. Zarba, por esa razón reconoce la labor pública para que la fiesta de los cipoleños siga adelante. “A pesar de las crisis el gobierno siempre dijo a esto lo tengo que hacer. Esto es parte de una construcción que hicimos todos con el deporte. Me parece valioso mostrar la gestión desde la administración pública, algo tan cuestionado últimamente, se trabajó de manera transparente por más de 30 años. Es una muestra de virtuosismo”, concluyó.

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