Corridas, balas de goma y tensión por el desalojo de tomas en barrio Confluencia

Hubo enfrentamientos entre vecinos y los efectivos. En Obrero Argentino al fondo había dos tomas que ocupaban más de un centenar de familias. Hubo tres demorados.

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Por Alejandro Olivera

olivera@lmneuquen.com.ar

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Vecinos de las tomas Obrero Argentino y Boerr de Confluencia resistieron un violento desalojo de la Policía. Aseguran que los efectivos ingresaron a los golpes, destrozaron las casillas y obligaron a la gente a irse sin sus pertenencias. Por su parte, el subsecretario de Seguridad, Gustavo Pereyra, desmintió que el procedimiento haya sido violento y afirmó que fue generado por jóvenes del barrio.

El pedido de desalojo fue hecho por el fiscal Marcelo Jara y emitido por el juez Diego Piedrabuena. Personal del Departamento Unidad Especial de Policía (UESPO) trabajó en el lugar.

Los desalojos se hicieron de forma simultánea a media mañana, pero con algunas diferencias. Los vecinos de Obrero Argentino contaron a este medio que las fuerzas policiales ingresaron sin previo aviso, metiéndose por la fuerza en las casillas y obligando a la gente a abandonarlas sin siquiera poder retirar sus pertenencias.

Tensión e incidentes: la Policía desaloja una toma en barrio Confluencia

Tamara, una vecina del sector, indicó que corrió cuando la Policía comenzó a disparar hacia la toma. “Primero empezaron con las balas de goma, después tiraron gases lacrimógenos. Apenas pude agarrar a mi bebé de dos meses y correr”, describió con desesperación.

Por su parte, Johanna, contó que estaba por comer con su familia, cuando un efectivo ingresó violentamente a su casilla. “Me empujaron y patearon todas mis cosas. Me dijeron que me lleve lo que pudiera, mientras se reían, y después me tiraron un gas a los pies. Tuve mucho miedo”, manifestó.

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Al mediodía, las Fuerzas de Seguridad habían avanzado con los camiones sobre la toma y habían destruido casi la totalidad de las precarias viviendas. Habían formado un cordón desde el que disparaban balas de goma y gases lacrimógenos a los vecinos, quienes se defendían con gomeras. Alrededor de las 14, los policías retrocedieron y la gente se volvió a ubicar en el lugar.

En tanto, en Boerr los vecinos contaron que la Policía llegó y les leyó la orden de desalojo antes de proceder con el operativo. Sin embargo, afirmaron que no están dispuestos a dejar ese lugar ya que no tienen a dónde ir, por lo que resistieron arrojándoles piedras a los efectivos. En este sector el enfrentamiento fue breve y terminó cerca del mediodía. La gente resistió y pudieron mantener intacta la mayoría de las casillas.

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Los vecinos denunciaron que golpearon a las mujeres y señalaron que en el procedimiento no había personal policial femenino. “Los hombres no nos pueden tocar, ¿dónde están los derechos de las mujeres?”, cuestionó una vecina.

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En Confluencia se sienten engañados por las autoridades, ya que el procedimiento se ejecutó mientras tenían una reunión en la Dirección Provincial de Buenas Prácticas, dependiente de la Subsecretaría de Derechos Humanos, para encontrar una salida pacífica. “Firmamos un acta acuerdo donde quedó asentado que íbamos a hablar con los vecinos para ver si aceptaban la propuesta de reubicarnos, pero cuando llegamos ya estaban a los tiros”, expresó una mujer visiblemente conmocionada.

Los vecinos históricos salieron a apoyar a las familias desalojadas. Consideraron que a los gobiernos provincial y municipal no les interesa Confluencia, ya que sostuvieron que siempre fue un barrio marginado. “Nunca nos tuvieron presentes. No ayudan a la escuela, no nos prestan atención cuando les pedimos que nos mejoren la salita de primeros auxilios y el transporte es deficiente”, protestó una señora que vive en el barrio desde hace décadas.

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Demorados por los incidentes

La abogada Micaela Gomiz se constituyó como representante de las personas que fueron detenidas y aseguró a LMN que tomó contacto con una de ellas, Natalia Inostroza de 24 años y mamá de una bebé de cuatro meses, quien fue demorada y trasladada a la Comisaría Segunda. "La pude ver y está bien, no le pegaron", confirmó Gomiz, y dijo que la joven era parte de la toma del terreno.

"Además, hay un chico de 16 años, Alejandro M., que fue golpeado en la puerta de su casa, se desmayó y se lo llevaron. Todo eso fue en frente de su mamá", agregó Gomiz. Además, agregó que los vecinos "vieron que se llevaban al menos a seis personas en una camioneta de la Policía y suponen que están en la Comisaría 19, que ahora esté cerrada y no pueden entrar".

Más tarde, el fiscal de Delitos Económicos, Marcelo Jara, confirmó a LMN que tres personas -entre ellas un menor de edad- resultaron demoradas. "Hay tres personas demoradas por la Policía, una de las cuales se estaba retirando de la Comisaría Segunda. Hay un menor en la Comisaría del Menor que se lo van a entregar al padre antes de pasar por el médico, eso lo dispone la fiscalía de Delitos Juveniles. Y hay una tercer persona que está en la Comisaria 19", confirmó Jara en contacto con LMN.

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Dos tomas hechas por jóvenes de Confluencia

Las tomas Obrero Argentino y Boerr fueron organizadas por jóvenes de Confluencia que se resisten al desarraigo y no tienen acceso a la tierra propia. En su mayoría, se tratan de la tercera generación de familias pioneras del barrio.

La Obrero Argentino se formó hace apenas un mes y medio, cuando unas 130 familias se instalaron en un espacio verde de la calle homónima. El cariño de los vecinos por la tierra donde viven se apreciaba en la fachada de la toma, donde las banderas argentinas flameaban en lo alto de las casillas.

A su vez, había algunos “trapos” colgados que hacían alusión al derecho a la vivienda y la falta de posibilidades que tiene la gente de los sectores más vulnerables de la sociedad neuquina. En el sector viven, principalmente, madres solteras con sus hijos, aunque también había algunas familias más numerosas, de entre cinco y siete miembros.

La Boerr, por su parte, surgió hace dos meses y medio y alberga a unas 70 familias. Está constituida por grupos grandes de personas y tienen un fuerte sentido de comunidad y pertenencia. En diálogo con este medio aseguraron que no se van a ir del lugar.

Muchos de los jóvenes que viven en las tomas no pasan de los 35 años. De hecho, son muy pocas las personas del sector que alcanzan los 40 y prácticamente no hay ancianos. Nacieron y se criaron en Confluencia, un barrio en el que, a pesar de que le faltan muchas cosas, siempre los acogió.

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