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Conocé a Celia y Paula, dos amigas que recuperan la memoria de los muebles

Se conocieron en las redes y forjaron una amistad armando equipo para recuperar muebles antiguos y modernos. Ellas son Paula Salfate (48) y Celia Piccini (56), e intervienen objetos cargados de recuerdos, emociones e historias.

Un roperito antiguo que llegó a manos de Celia Piccini escondía las fechas y los nombres de todos los novios de su dueña, desde que era una adolescente hasta que contrajo matrimonio. Toda su vida amorosa plasmada en la madera de un mueble cargado de recuerdos e historias. En otros encontró monedas y notitas; o tuvo que desarmar por completo un teléfono de pared, del año 1879, que perteneció al bisabuelo de un hombre mayor, de 70 años.

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"Yo busco recuperar esa memoria", agregó Paula Salfate, su amiga. Hace poco entregó dos mesitas de luz a una clienta que le pidió volver a ver la talla que había hecho su abuela sobre la madera y que, con posterioridad, alguien tapó con pintura. Hoy las tiene al natural, como recuerdo vivo de su nona. "Hay muebles que podemos restaurar. Otros que no y se reciclan", comentó la emprendedora cipoleña.

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Ambas comparten la pasión de intervenir un objeto para que recupere su esencia o se convierta en otra cosa. Son amigas y emprendedoras; y arman equipo cada tanto para rescatar la memoria de trastos viejos -y otros nuevos- cargados de emociones e historias.

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Se conocieron en las redes sociales a partir de un sorteo y del premio que sacó una de ellas. Así surgió esta amistad. Primero se reconocieron afines al arte de restaurar y reciclar muebles. Luego, coincidieron como mujeres en distintos aspectos, y la relación se consolidó en el tiempo.

Comenzaron a comprar muebles juntas para restaurarlos, mientras a la par estudiaron varios cursos y se potenciaron, más allá del trabajo individual que cada una lleva a cabo en sus talleres.

"Luego aparecieron las Bravas de Cipolletti. Nos empezaron a dar muebles para que los restauremos y que luego ellas venden. Muebles usados, de buena calidad. Entonces, cada vez que nos encargan un trabajo o surge otra cosa me llevo mis herramientas y trabajamos juntas", contó Celia.

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Es así que la vida de Celia se reparte entre Catriel, donde tiene su taller, y Cipolletti. "Yo amo mi trabajo", agregó la docente jubilada que encontró en la restauración de muebles su pasión, ya hace 15 años. "Esto es lo que me hace feliz, agarrar trastos viejos y restaurarlos, como si restaurara el alma. Este es mi mundo, mi sanación", expresó.

Para Celia es una gran satisfacción aprender y tener la capacidad de reparar el daño, ver cómo algo se va transformando y luego encontrarse con la cara del cliente que no puede creer cómo quedó lo que iba a parar al asado del domingo.

"MI casa termina siendo un museo de objetos cargados de cariño y recuerdos, por los que ya no están, se fueron", expresó Celia. Aunque también intervienen objetos nuevos.

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Pueden reciclar cajoncitos de muebles que se transforman en estantes para la cocina. Tomar tablas de descarte y convertirlas en percheros y llaveros. La cosa es recuperar el objeto y darle otro uso.

Paula también apela mucho al reciclado de muebles que pueden ser modernos pero necesitan algo más que una lavada de cara para ser seguir siendo útiles. Ella tiene su taller en la calle Presidente Mitre al 50, donde Celia acude cada vez que emprenden un proyecto juntas. Allí, dice Paula, está su refugio.

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Trabajó varios años como profesora de inglés en institutos y empresas. Pero esta pasión comenzó a ganar cada vez más fuerza y durante la pandemia aprovechó el tiempo para volcarse de lleno al reciclado de muebles, con lo que inició hace 17 años, muy de a poco.

"Todos los muebles que uno recibe tienen una carga emocional, no importa si son nuevos, viejos o heredados. Entonces lo que yo primero hago es preguntarle al clientes cuál es su expectativa y que les representa. Porque yo busco recuperar esa memoria, y luego les pongo mi impronta", sostuvo.

Indicó que no todos los muebles se pueden restaurar, pero se pueden reciclar; y aclaró: "No es simplemente darle una pintadita, hay que tener herramientas para hacerlo".

Ni Celia ni Paula sienten que sean competencia, a pesar de dedicarse a lo mismo. "Esto no es un problema para nosotras, al contrario. Sabemos lo que estamos haciendo, podemos trabajar sin pisarnos, nos divertimos y disfrutamos. Además tenemos diferentes públicos y diferentes improntas. Pero congeniamos mucho a la hora de trabajar juntas", cerró Paula.

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