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Nella Gatica: la cipoleña que dibuja para el mundo entero

Descubre la historia de Nella Gatica, la ilustradora de Cipolletti que cura ausencias y cruza fronteras con el poder universal de sus dibujos.

Nella Gatica lleva toda la vida dibujando. De chica, mientras otros chicos del barrio salían a jugar a la vereda, ella se quedaba con sus hojas, sus lápices y un mundo propio que iba creciendo sobre el papel. En el secundario llenaba cuadernos con historietas que después circulaban entre sus compañeros. Había personajes, historias de amor y escenas inventadas. Dibujar no era una actividad más: era su manera de mirar y de contar.

Su mamá fue una de las primeras personas que entendió ese vínculo con el dibujo y la estimuló para que siguiera. Sin embargo, cuando llegó el momento de elegir una carrera, la ilustración todavía no aparecía como una posibilidad concreta. Primero estudió publicidad en Mendoza, pero después de un año entendió que no era lo que buscaba. Su hermana mayor, Andrea, que estudiaba en la Universidad Nacional de Cuyo, le mostró el programa de Diseño Gráfico. Había mucho dibujo. Nella no dudó y se cambió.

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Se recibió como diseñadora especializada en gráfica y comenzó a trabajar en Mendoza con etiquetas de vino, en una época de bodegas boutique y vinos de autor. Participó en concursos y ganó premios. Después volvió a Cipolletti, abrió una vinoteca llamada Color Uva en las calles 9 de Julio y Villegas, y detrás de un mueble lleno de botellas, armó su espacio de trabajo. Desde allí continuó haciendo diseño gráfico para particulares y empresas. También tuvo un programa de radio en el que hablaba de vinos y de la historia del Malbec.

Más tarde llegó la docencia. Primero en instituciones privadas y luego en la universidad pública, donde ingresó por concurso. Durante varios años el dibujo quedó integrado al diseño gráfico y a la enseñanza, hasta que en 2008 volvió a ocupar un lugar central.

Por entonces Nella atravesaba una etapa personal difícil. Quería ser mamá y el embarazo no llegaba. Como una forma de atravesar ese momento, empezó a dibujar nuevamente todos los días y a subir sus trabajos a un blog de ilustración, en aquellos años en que los blogs todavía eran una puerta de entrada para mostrar lo que uno hacía. Sin buscarlo demasiado, empezó a construir allí un archivo de ilustraciones.

Hasta que un día recibió un correo de una editorial que había visto su trabajo. Querían contratarla para ilustrar un libro educativo destinado a escuelas primarias. El encargo fue el comienzo de una nueva etapa: llegaron otros libros, nuevos proyectos y, con el tiempo, la decisión de escribir e ilustrar sus propias historias.

De Cipolletti a China

A partir de entonces también llegaron los concursos y los viajes. Sus trabajos fueron reconocidos en distintos países y la llevaron a Italia, Portugal y China. En 2019 viajó a Shanghái para participar de una exposición cuya temática estaba vinculada con el regreso a la naturaleza. Llevó un proyecto sobre animales en peligro de extinción, con el huemul como protagonista.

El proyecto se llamaba “Uno” y planteaba qué pasaría si algún día quedara un solo ejemplar de una especie sobre la Tierra. El trabajo fue premiado y sus ilustraciones fueron exhibidas en un museo de Shanghái. El texto que acompañaba la obra fue traducido al chino. Allí, frente a personas con las que no compartía el idioma, Nella comprobó de una manera concreta algo que atraviesa toda su obra: una imagen puede contar una historia sin necesidad de traducción.

Ese viaje también tuvo una historia detrás. Para participar debía enviar impresiones de sus trabajos en alta calidad desde Cipolletti y no encontraba cómo resolverlo. Una amiga que vivía en Buenos Aires se ofreció a imprimirlas y enviárselas. Nella pudo presentarse, quedó seleccionada y ganó. Por eso decidió llevar a su amiga con ella a China.

La experiencia en Shanghái fue intensa y breve, apenas un mes antes del cierre de China por la pandemia. Entre las exposiciones, los reconocimientos y las diferencias culturales, Nella y su amiga Paz vivieron una experiencia que todavía recuerda con humor. Sus rasgos llamaban la atención, les pedían fotografías y hasta fueron recibidas con una alfombra roja en el espacio donde se exhibían sus trabajos.

Yanay, el cuento que le devolvió la amiga de la niñez a Mabel

Pero entre los muchos proyectos que fue construyendo hay uno que tiene una historia especialmente cercana: “Yanay”. El libro infantil nació a partir de un recuerdo de su mamá, Mabel, que cuando tenía siete años había sido amiga de una niña boliviana que llegó con su familia a Mendoza durante la cosecha de la uva. Las dos compartieron juegos y días de infancia hasta que un día Yanay se fue y nunca más volvieron a verse.

Mabel conservó durante décadas la memoria de aquella amiga. Durante la pandemia, Nella recuperó esa historia y decidió convertirla en un libro. Escribió el texto, hizo las ilustraciones y transformó aquel recuerdo familiar en una historia para otros lectores. Así, una amistad de la infancia de su madre pudo volver a existir en otro formato, muchos años después. Una manera de sanar esa ausencia que tanto le duele hasta el día de hoy a Mabel.

Florecen pañuelos, florecerán dibujos, florecerán memoria y derechos

Ahora otra de sus imágenes vuelve a salir de Cipolletti. A partir de la consigna “Florecerán pañuelos”, vinculada a las acciones por los 40 años del golpe de Estado, Nella realizó una interpretación gráfica que publicó en Instagram. La imagen tuvo repercusión y luego decidió enviarla a una convocatoria de la Bienal de Cartel de México, destinada a trabajos con mensajes sociales.

El cartel fue seleccionado entre los trabajos argentinos que participarán de la Bienal y será exhibido en México en octubre. Después formará parte de una muestra itinerante que recorrerá distintos espacios culturales. El pañuelo blanco, convertido por Nella en una imagen, vuelve así a cruzar fronteras y lleva consigo una historia argentina de memoria y derechos humanos.

Desde Cipolletti, Nella sigue dibujando. Enseña, escribe, ilustra y participa en proyectos que pueden comenzar en un recuerdo familiar, en la preocupación por una especie en peligro o en un símbolo de la historia reciente. Las imágenes viajan mucho más lejos que quien las dibuja. Y aquella chica que alguna vez se quedaba en casa mientras los demás jugaban en la vereda encontró, finalmente, una manera de hacer que su mundo llegara al mundo entero.

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