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A pulmón y con paciencia, se abren camino a la luz

Hacen una calle junto al río para que la electricidad llegue a su barrio.
Guadalupe Maqueda
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Pasando la garita del barrio Lalor, hay algo más que chiqueros y chacras en el olvido, donde la fruta aún se aferra a los árboles, pero los yuyos crecen sin control y ganan terreno. Hay algo más que un laberinto de bifurcaciones, caminos y atajos de ripio que serpentean entre la maleza exultante; y un caudaloso río Neuquén que une mucho más que dos provincias sureñas.

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Allí donde la tierra acaba en un remanso y ofrece además, del otro lado del río, la postal única de una colosal Legislatura, rodeada de casas imponentes y un hormiguero de edificios que iluminan la noche, hay algo más que resiste el paso del tiempo y la histórica ausencia del Estado. Es el viejo anhelo de cinco generaciones de cipoleños: tener luz y estar conectados como usuarios en regla.
La sospechosa descarga de escombros que existe sobre la ribera y que provocó la queja de vecinos neuquinos que residen en un barrio privado es, en realidad, un proyecto de calle pública que un grupo de familias intenta concretar para cumplir el sueño de estar conectadas. Sus primeros habitantes abrigaron esa ilusión hasta sus últimos días, y sus hijos, nietos y bisnietos heredaron la esperanza y la lucha, donde por ahora sólo existe un pilar comunitario que abastece a 20 familias y conexiones precarias de energía eléctrica que mantienen como pueden.

Son 20 familias que residen cerca de Costa Norte. Los primeros habitantes llegaron hace cuarenta años y desde entonces reclaman un servicio esencial.

Cuentan que una deteriorada línea de media tensión alimenta al sector hace más de 40 años, con muchas dificultades. Cada tanto se queman heladeras, televisores y otros electrodomésticos, y los cortes son tan frecuentes que es un clásico visitar la casa de parientes cercanos a la urbe para cargar los teléfonos celulares o nebulizar a los chicos cuando se pescan una gripe. "La línea es precaria y el mantenimiento se lo hacemos nosotros", indicaron.

El 14 de diciembre, vecinos de los lotes 7 y 119, de las parcelas 4 a 13, de la zona de Costa Norte, elevaron una nota al intendente Aníbal Tortoriello solicitándole una audiencia. Le comentaron que ya obra un expediente -4868-E-2014- en Edersa solicitando la calle pública para hacer el tendido de media tensión de 1600 metros que se requiere. Desde entonces, esperan una respuesta del mandatario.

Son muchos años de acopiar escombros y alquilar máquinas para emparejar el terreno; y la queja de los vecinos del barrio neuquino Bocahue, ubicado detrás de la Legislatura, al final les hizo un favor a los cipoleños ilusionados con abrirse camino. A partir de su denuncia, el trabajo que realizan cobró fuerza y fue visible.

"Hace más de 15 años trabajamos en silencio para rellenar esta calle", dijo José Caram, de 55 años, justo donde se encuentra parado y los escombros que reúnen y acopian son a la vez una defensa contra el río. Son tantos años de esfuerzo que incluso sus hijos, cuando eran pequeños, bajaban con pala los morros de escombros todos los domingos.

Durante los dos últimos años de la gestión de Abel Baratti, los vecinos avanzaron con su reclamo y el Estado se comprometió a llevarles la luz si ellos terminaban la calle pública. Ahora necesitan refrendar el acuerdo con el actual jefe comunal para seguir adelante.

Ya hicieron más de la mitad de los 1600 metros que necesitan para que Edersa haga posible la línea de media tensión que trazó en un plano de Catastro, de manera satelital. "Cuando podamos terminar, no les quedarán más excusas y tendrán que darnos la luz", advirtió Caram, a lo que su mujer, Susana Geldre (59), añadió: "Es una lucha y tiene que haber resultados al final".

"Pese a todos los contratiempos que tenemos, acá seguimos y no nos vamos. Acá nacieron mis hijos, vivieron mis padres y mi abuela, que solía decirme 'ya va a llegar la luz'. Se murió antes de verla". Susana Geldre. Vecina del paraje rural


Escasez de agua a metros del río Neuquén

El agua potable es otro recurso esencial que escasea en esos pagos. Una paradoja para familias que viven frente al río Neuquén y a poco más de un kilómetro de la planta de captación y potabilización que abastecen a la ciudad. El camión municipal pasa una o dos veces por semana, pero lo que deja en bidones sólo alcanza para matar la sed.

"Viene cuando quiere, no cuando lo necesitamos. No llega a todos lados ni deja la cantidad necesaria", se quejó el vecino Rubén Geldre, hermano de Susana.

Por eso, muchos colocan bombas a la vera del río para cargar los tanques y poder bañarse, limpiar la casa y realizar otras tareas. Los problemas eléctricos, sin embargo, complican la utilización de los artefactos. Resulta curioso, además, que allí donde la paz deja su impronta y sólo se escucha la naturaleza, algunos vecinos tengan que poner cadenas a la bomba de agua. Lo hacen por precaución y porque en alguna oportunidad tuvieron que lamentar el paso de una mano ajena.

Los escombros son bienvenidos

Las empresas que trabajan en la construcción o demolición de propiedades acercan material a pedido de los vecinos. También contratan las máquinas para emparejar el terreno a 600 pesos la hora. "Lamentablemente hay que pagar, no queda otra".
El sector se encuentra a un kilómetro del barrio Lalor y tres de la Ruta 151, y si logran finalizar la calle que rellenan, conectarán con el barrio Costa Norte. "Estamos solicitando máquinas y más escombros para que los tiren acá en lugar de en El 30", pidieron.

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